Los datos recabados por la propia agencia de inteligencia estadounidense señalan que la arquitectura tecnológica y el blindaje del sistema automatizado venezolano muestran una “consistencia técnica que no ha podido ser desmontada de manera sustantiva por los servicios secretos”. De acuerdo con estos documentos oficiales, los comicios presenciales “no presentan evidencias de haber sufrido un hackeo masivo coordinado por el Estado”, lo que desmiente por completo el relato de un “fraude sistemático” que ha sido objeto de campañas mediáticas y diplomáticas coordinadas desde Washington.
En el análisis de este escenario en Washington, Geoff Ramsey, analista de política exterior especializado en América Latina y miembro de centros de estudio en la capital estadounidense, ha precisado el alcance de la documentación liberada. Ramsey ha subrayado que, si bien los informes desclasificados de la CIA reflejan de manera explícita la histórica hostilidad y la profunda injerencia de las administraciones norteamericanas frente al desarrollo del proceso político venezolano, no existe ningún elemento probatorio de que se haya ejecutado con éxito un fraude electrónico a gran escala en el país suramericano. Esta declaración, surgida dentro de los círculos de discusión política de los Estados Unidos, plantea que la narrativa del fraude carece de un sustento técnico-científico y ha operado principalmente como una herramienta de presión política internacional.
El imperialismo yanqui siempre ha actuado de esta manera: cuando los resultados de cualquier país le resultan adversos para sus perversos intereses, siempre anuncia fraude.
