Las movilizaciones en todo el estado fueron claras y contundentes en el reclamo: Huelga General. Un acto de protesta mayúsculo que dejó claro el descontento, la ira y el asco de millones de personas ante la realidad de no poder acceder a una vivienda digna. Alquileres e hipotecas imposibles de pagar, junto a salarios ridículos; un cóctel desastroso para los trabajadores, para jóvenes sin posibilidad ni tan siquiera de soñar con el futuro.
En este contexto, los dos sindicatos al servicio del régimen (CC.OO y UGT) no parecen muy dispuestos a convocar huelga alguna. El miedo al fracaso y el aplicar una y otra vez lo que realmente justifica su papel en el sistema: mantener la «paz social», hace el resto. La sola posibilidad de que esa huelga general se convierta en una jornada de lucha contra el ejecutivo (recordemos una consigna mil veces repetida en las manifestaciones de este fin de semana: «Rentistas culpables/gobierno responsable», les pone neuróticos. No es el caso del Sindicato de Estudiantes que mantiene una posición de clase, digna y coherente, así como la de otros sindicatos, mal llamados «minoritarios»,
El gobierno progre (PSOE/Sumar) y sus terminales mediáticas alientan la citada convocatoria con la esperanza de que esta se diriga contra la oposición como castigo por no haber aprobado sus dos decretos. Y, en un proceso electoral inmediato como el que se acaba de iniciar, confían que les pueda dar rédito (las movilizaciones del «No a la Guerra» es su referencia) en las urnas. Los votos para cambiar desde dentro de las instituciones es su única realidad, la burbuja que habitan desde que comenzó el ciclo del «atado y bien atado».
Sin embargo, el ánimo de miles de asistentes a las convocatorias no parece ir en esa dirección, sino en el cuestionamiento de un sistema como el capitalista que, por su propia naturaleza, impide la posibilidad de ejercer derechos elementales como el de la vivienda digna. Una mala noticia para el «progresismo» en todas sus listas.
