Que la solidaridad es la ternura de los pueblos es bien sabido desde hace tiempo, sobre todo desde que las luchas obreras son capaces de salirse de los recintos fabriles y caminan y acompañan otras luchas. Y eso está pasando con los compañeros del metal.
La solidaridad y la ternura de mucha gente, de mucho pueblo, han acompañado a Jesús y a Manuel en sus veintiocho días y en sus posteriores declaraciones, tanto en las obligadas por las autoridades competentes, como en las más espontáneas con sus abrazos y sus celebraciones.
La dignidad de su lucha es ya referente obligado. Inevitable. Ejemplar.
Porque hacer sindicalismo no puede ser delito.
Porque como dice la consigna repetida: ¡¡¡Jesús y Manolo, no estáis solos!!!
