Junto a Tahsin Sağaltıcı y Hüseyin Özen, Gürkan Türkoğlu se encontraba cumpliendo condena en la Prisión Cerrada de Alta Seguridad de Döşemealtı, en la citada provincia costera, y los tres iniciaron un ayuno voluntario con el objetivo de exigir su traslado a otro centro penitenciario y reclamar el cierre definitivo de las instituciones penitenciarias de tipo Y, tipo S y de “alta seguridad”, las cuales son conocidas colectivamente por las organizaciones de derechos humanos del país bajo el término de “prisiones tipo pozo” debido a sus estrictas condiciones de aislamiento.
El deceso de Gürkan Türkoğlu se produjo el 5 de julio en el Hospital Municipal de Antalya, Turquía, luego de haber mantenido una huelga de hambre prolongada durante 268 días.
La salud de Türkoğlu se agravó de forma severa al superar los 250 días de huelga de hambre, lo que motivó su traslado de urgencia desde la cárcel de Döşemealtı hasta el Hospital Municipal de Antalya el pasado 10 de abril.
Aquí, el paciente fue sometido a una intervención médica forzosa el 20 de abril, fecha en la que ingresó formalmente en la unidad de cuidados intensivos del centro hospitalario. Diez días después, el 30 de abril, los facultativos procedieron a conectarlo a un respirador artificial debido a una insuficiencia respiratoria aguda, manteniéndose entubado a lo largo de un periodo de casi tres meses en los que se debatió entre la vida y la muerte antes de que se confirmara su muerte, que en realidad fue un asesinato ejecutado por parte del Estado turco.
Tras su fallecimiento, la Asociación de Abogados Progresistas (ÇHD, por sus siglas en turco) manifestó su pesar y denunció las circunstancias que rodearon el deceso del activista. Subrayaron, además, su “compromiso explícito de continuar adelante con la vía legal y la movilización social para lograr la clausura de este modelo de instalaciones carcelarias de máxima seguridad en el país”.

