Olga tenía 54 años y llevaba más de 20 viviendo en un piso del número 16 de la calle Comerç, en el barrio de Santa Eulàlia de L’Hospitalet de Llobregat (Barcelona). El mismo piso en el que había criado a sus dos hijas, una de ellas menor de edad, y construido buena parte de una vida estrechamente vinculada al barrio. El mismo piso que compró un fondo ‘buitre’ y del que fue desahuciada en el mes de abril, cuatro meses antes de su suicidio este 7 de septiembre.
Vecinos, amigos y miembros del Sindicat d’Habitatge de Catalunya y de la Asociación de Vecinos del Barrio de Santa Eulàlia han comparecido este lunes por la mañana para denunciar las circunstancias del caso de Olga. Argumentan que era una muerte «evitable» y responsabilizan al fondo que compró el piso del final, así como recrimina a la administración que no activara las medidas suficientes «para garantizarle una alternativa habitacional estable».
