Es propio de las dictaduras responsabilizar (Franco y sus huestes eran expertos en la materia) a «agentes exteriores» de las protestas, huelgas, manifestaciones, y ni hablar de boicots y sabotajes. Un clásico que estos días, donde se unen diversas herramientas de lucha en varios países de Europa, revive con dos nombres a modo de culpables seguro
Mantener el miedo a Rusia (en realidad desde el día después de la revolución soviética,l, con «guerra fría» incluida) es tan, pero tan de telenovela barata que cuesta creer que haya gente tan crédula como para profesar tamaña treta. Esa mentira hace posible -entre otras cosas- que se mantenga engrasado el aparato represivo ante la posibilidad de subvertir el orden de los poderosos y, además y solo de paso, se engorde a la industria armamentística ante el temor inoculado en parte de la población a la protestas.
Sin embargo, que a los presupuestos generales de cada país se le recorte en sanidad, educación, ayudas y servicios básicos, para comprar misiles y fabricar drones de guerra, no parece ser causa suficiente para señalar a los gobiernos como responsables reales de los problemas de la población, sino más bien, como mero fruto de la normalidad y la coyuntura política-económica de siempre.
El sembrado anticomunista diseminado por el imperialismo en Europa durante el siglo XX, sigue dando réditos. De este modo, se adelantan en señalar culpables que, casualmente, exoneran al capitalismo del estado de las cosas. Y lo hacen con premura y machaconamente antes de que los «rebeldes inadaptados de siempre» puedan explicar la responsabilidad del sistema en este final de ciclo. Así, un contenedor ardiendo y los cristales rotos del local de una multinacional, sustituyen en importancia a que haya millones de personas sin poder acceder a una vivienda digna o un empleo remunerado de acuerdo con el coste de la vida. El segundo paso es, efectivamente, que nos digan que Putin y Moscú son los que aleccionan a los «jóvenes violentos»: Ecuación resuelta; violencia como sinónimo de Putin.
