Como sicarios se les conoce a quienes asesinan a sueldo, por encargo, bajo algún interés particular, sin ningún fondo político, bien sea por contrato o vínculo a alguna mafia. En muchas ocasiones, el sicario ni siquiera conoce a la víctima que asesina.
Un sentido similar se viene impulsando desde algunos sectores del periodismo, y algunos que ni siquiera son periodistas, pero posan como tal y opinan desde medios masivos.
Desprovistos de cualquier ética profesional y teniendo como único interés recoger de las dádivas del poder, al cual han decidido arrodillarse, sin importar qué tan asesino de valores y principios se tenga que ser. El sicario convencional mata a su víctima sin conocerla; el sicario del micrófono mata la verdad, manipula la realidad y somete a grupos y comunidades enteras. Y de esta primera violencia criminal parten los desastres y los genocidios.
Ni siquiera son voceros de las mafias a las que obedecen y por eso son material desechable, lo que los obliga a arrastrarse cada vez más. Como en el sicariato convencional, su posible ascenso está en la “finura” que logre probar. Lo cual los obliga a convertirse en seres desprovistos de humanismo, incapaces de pensar; viven para asesinar realidades sociales, auspiciar violencias, alabar el genocidio y vender el desastre como progreso.
Este tipo de periodismo aniquilador se sienta en las empresas de comunicación corporativas a obedecer y descargar su frustración y odio contra sus propios escuchas, la gente. En tal sentido, podría tratarse de verdaderos sociópatas. Peor aún, quienes, sin ni siquiera ser periodistas o haber pasado por alguna academia, asumen estos roles, bajo la negación blanca del desconocimiento. Mentira total, unos y otros son conscientes de su criminal acción generadora de muertes.
Obviamente, no es un problema de la profesión o la comunicación en sí misma. Hay otros sectores del periodismo que honran esta hermosa profesión, «el mejor oficio del mundo», al decir de Gabriel García Márquez. De hecho, en los últimos días en Colombia, hemos visto algunos sectores de la prensa desmarcándose del fraude y la imposición política imperial. Otros que se mantienen en una línea ética y crítica muy valiosa, justamente cuando el oficio mismo es tratado de aniquilar.
No tan de PRISA
El Grupo PRISA (Promotora de Informaciones S.A.) es un gran conglomerado español, que administra capital de las monarquías árabes, que desde hace 54 años inició una carrera por la cooptación de los medios de comunicación de habla hispana y portuguesa. Hoy abarca medios de información en 20 países. En Colombia son los dueños de Caracol Radio, W Radio, Tropicana, Los 40, Radioacktiva, Bésame Radio y Oxígeno, sumándose las ediciones nacionales de los medios internacionales como El País España y As.
La reciente fusión de Caracol Radio y W Radio dejó ver la manera de operar y mover sus piezas, en la idea de posicionarse como un poder en la opinión publicada nacional. No cabe duda de su alcance a millones de personas diariamente; dada la línea editorial impuesta por la derecha española, esta se convierte en un arma de manipulación masiva, que diariamente incide en las mentes y sensibilidades de grandes capas poblacionales.
Ahora bien, los operadores de dicha arma son siniestros personajes conscientes de su opción y su actividad violenta, con la que día a día atizan, macartizan, denigran; en general, destilan odio contra los sujetos, sectores, comunidades o lo que sea que les ordenen destruir.
Odiar toda la SEMANA
Entre 2019 y 2020, el grupo del banquero multimillonario judío Jaime Gilinski se incorporó a la línea de adquirir medios de comunicación y convertirlos en empresas de propaganda para sus intereses, así que compró Publicaciones Semana. Después, en 2023, compró los periódicos El País de Cali y El Heraldo de Barranquilla.
Semana se convirtió en un escenario de esperpento, basado en “clickbait” de derecha; conformó una nómina de lo más poco periodística; basta con mencionar a Victoria Eugenia Dávila y Salud Hernández. Un libelo fascista, sin ninguna clase de rigor, ni vergüenza por las opiniones siempre tendenciosas cargadas de odio visceral.
A estas estrategias de construcción de empresas de manipulación, difamación y falsedad, se suman todas las producciones de la cloaca que son las redes virtuales, en donde incluso la manipulación viene de máquinas y programación. Sin embargo, aprovechándose de las amplias facilidades para decir cualquier cosa, también han empezado a pulular una cantidad de infames “opinadores” que solamente destilan odio y guerrerismo.
Con este panorama en otro flanco de la guerra contra el pueblo, es necesario desprenderse de las condescendencias para los falsos periodistas y falsos medios; hoy son una de las principales armas de la guerra y, como tal, hay que confrontarlas. Sus opiniones serán virtuales, pero ellos no lo son, como tampoco lo son las consecuencias que generan.
Organizar el bloque popular es avanzar en una estrategia de medios de comunicación alternativos y populares, incluido el periodismo que hoy toma distancia del insultante régimen que pretenden con De la Espriella. En el campo de la acción directa comunicativa, esta debe incluir las acciones contra estos mentideros. La lucha por la verdad y la información es parte de la construcción de la paz.
(Voces)
