Hermanos latinoamericanos, es importante reconocer que la situación actual de Venezuela es de una sensibilidad extraordinaria. Tras los dramáticos sucesos de enero de 2026, el gobierno de transición liderado por Delcy Rodríguez navega bajo una presión externa asfixiante, intentando un equilibrio que para muchos de nosotros en el campo revolucionario roza la claudicación. La línea entre la resistencia táctica y la sumisión estratégica se ha vuelto, para muchos, dolorosamente difusa. Esta carta, por tanto, no busca aleccionar, sino expresar el desgarro de un pueblo que siente que sus banderas históricas empiezan a ser arriadas. Es un escrito para impedir que se les cierren los ojos a quienes hoy tienen en sus manos el timón de la patria bolivariana.
A la Señora Delcy Eloína Rodríguez Gómez, Presidenta Encargada de la República Bolivariana de Venezuela.
De parte de los hijos e hijas de la Revolución Latinoamericana, desde el alma dolida de la Cuba rebelde y solidaria.
Presidenta:
Le escribo desde la pena más honda que anida en el pecho de quien ha visto a su propia sangre doblar las rodillas. Le escribo con la tinta invisible de las lágrimas de un continente que, durante siglos, se ha erguido para no besar el látigo de ningún amo. Hoy, la historia nos mira con sus ojos de piedra y fuego, y nos pregunta: ¿dónde quedó la dignidad? ¿En qué recodo del camino se nos extravió el alma rebelde que nos legaron los libertadores?
Usted creció cobijada por la leyenda de Jorge Antonio Rodríguez, su padre, un mártir que ofrendó su vida torturado por la policía política del puntofijismo, sin delatar jamás a sus compañeros de la Liga Socialista. Usted, Delcy, es hija de ese sacrificio. Por eso duele tanto verla hoy, no como la “tigra” que defendía con fiereza la soberanía desde la Cancillería, sino como quien susurra, con una sonrisa complaciente, que establecerá “relaciones respetuosas” con el mismo imperio que secuestró a su predecesor.
La vemos, Presidenta, y ya casi no reconocemos el fulgor de la Revolución. La vemos pactar con quienes despedazaron la economía venezolana mediante sanciones criminales; la vemos abrir las compuertas del petróleo a las mismas transnacionales que Chávez nacionalizó con pulso firme. Usted ha dicho que es un “nuevo momento político”, pero en los barrios, en las comunas, en los cuarteles donde aún ondea la bandera de la Patria Grande, eso suena a la justificación triste de quien confunde la prudencia con la genuflexión. Arrodillarse ante el imperio que nos bloquea no es “nuevo momento”, es sencillamente una renuncia.
¿Dónde está el legado del Comandante Eterno, Hugo Chávez Frías? Ese hombre que con su voz de huracán despertó a los pueblos dormidos y le devolvió a Simón Bolívar su espada filosófica. Ese soldado del Socialismo del Siglo XXI que nos enseñó que la única manera de ser libres es siendo absolutamente soberanos. Chávez no se arrodilló ni ante el sabotaje petrolero, ni ante el golpe de abril, ni ante las amenazas de muerte. Prefirió ser un gigante incómodo a ser un sirviente rentable. Hoy, al ver cómo se gestiona la cosa pública, nos preguntamos con el alma encogida: ¿estamos administrando la derrota en lugar de organizar la resistencia?
La Cuba de Martí, de Fidel y del Che la observa con los puños apretados. Nosotros, que hemos resistido sesenta y cinco años de bloqueo genocida sin entregar jamás la dignidad, sentimos una puñalada en el costado al ver que, con el cambio de mando en Caracas, el suministro energético que sostenía parcialmente a nuestra isla se desplomó en medio de un silencio cómplice. Usted, que se reunió con el director de la CIA mientras nuestros niños sufrían apagones interminables, sabrá comprender nuestra consternación. Duele ver cómo la solidaridad incondicional que Cuba brindó a Venezuela —médicos, educadores, militares asesinados en defensa de su suelo— se paga hoy con el apaciguamiento frente a quienes estrangulan a nuestra economía. Cuba no merece esta indiferencia, hermana. No es así como se honra la sangre compartida.
El espíritu del Libertador Simón Bolívar recorre hoy la América encadenada. ¿Qué hacemos con su testamento de unidad antiimperialista? Bolívar nos advirtió que los Estados Unidos “parecen destinados por la Providencia para plagar la América de miserias en nombre de la libertad”. Mientras usted afirma que “tenemos derecho a tener relaciones con Estados Unidos”, nosotros le respondemos con el dolor de quien ha visto demasiadas veces esa película: no tenemos derecho a mendigar. Tenemos derecho a comerciar, sí, pero de pie, con respeto mutuo, no entregando la administración de nuestro dinero ni las llaves de nuestros recursos.
¿O acaso no sangra el recuerdo de los 32 militares cubanos asesinados durante el ataque que permitió la captura de Maduro? Esos hijos de Martí, que cayeron defendiendo la tierra de Bolívar mientras los mandos venezolanos, supuestamente, paralizaban la respuesta militar. Esa herida no ha cerrado. Cada día que usted se sienta a negociar sin exigir justicia y verdad plena para esos mártires, el legado de la Revolución se deshace como un terrón de azúcar en el mar amargo de la Realpolitik.
Esta no es una carta contra Venezuela. Es una carta a favor del alma de Venezuela. No nos engañemos con cantos de sirena. La oligarquía venezolana, la misma que aplaudió las sanciones y los golpes, no quiere paz ni transición; quiere restauración. Quiere volver a convertir las escuelas y los hospitales en negocios, y a los campesinos en peones. Si el chavismo se convierte en el administrador dócil de la agenda imperial, habrá traicionado no solo a Chávez, sino a ese pueblo humilde que sigue creyendo, que sigue en las colas del CLAP, que sigue soñando con el Socialismo Bolivariano.
Le hablo a la Delcy que alguna vez fue una joven revolucionaria, a la hija del guerrillero, a la mujer que ascendió en el partido con la bandera roja en alto. Reaccione, Presidenta. No es cierto que la única opción sea “doblarse para no romperse”. Existe el camino de la resistencia activa y la movilización popular. Existe el camino de la soberanía tecnológica, de la alianza estratégica con los pueblos del Sur Global. Existe, en suma, la posibilidad de volver a ser lo que fuimos: la esperanza encendida de la humanidad, el faro de los pueblos oprimidos.
Como escribió el gran Pablo Neruda, herido también por las traiciones de su tiempo: “Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera”. No sea usted, Delcy, la mano que empuña la tijera contra las flores que sembró el Comandante Chávez. No escriba su nombre en la página de los que, por miedo o ambición, se pasaron al bando de los vencedores circunstanciales.
Sepa también que nosotros los cubanos y latinoamericanos revolucionarios sentimos una gran indignación cuando coterráneos suyos le llamaron «Mona» de manera ofensiva y masivamente, recientemente en un concierto de un cantor famoso venezolano en el centro de Madrid, quien fue el principal incitador de tales ofensas… Nosotros denunciamos el hecho pero a usted le decimos claro!! que esa es la moneda que usted y el pobre pueblo cobrarán de ahora en adelante si no se ponen en firme con la historia…. El desprecio y las sobras de la oligarquía que tanto denunciaba el comandante eterno…
…desde esta trinchera de dignidad, seguimos creyendo en la Venezuela heróica. Pero necesitamos verla a usted a la altura de ese heroísmo. Le exigimos, con amor revolucionario, que rectifique. Que honre a los mártires. Que se reencuentre con el ideario bolivariano, con el antiimperialismo consecuente y con la solidaridad que nos hermana como pueblos.
Hasta la Victoria, Siempre. Patria o Muerte. Venceremos.
Abril de 2026.
Raúl Torres
Un hijo afro latinoamericano…
Compositor de la canción «El regreso del Amigo»
