El secretario del Estado estadounidense, Marco Rubio, culminó este jueves en Perú una gira relámpago en América Latina, en la que llamó a intensificar «la lucha conjunta» contra los carteles de la droga y celebrar el estrechamiento de lazos con países gobernados por la derecha.
Tras visitar Ecuador y Colombia, el jefe de la diplomacia norteamericana se reunía este jueves en Lima con la presidenta conservadora Keiko Fujimori.
Perú es el último en incorporarse al Escudo de las Américas, la coalición de países dirigida por la administración de Donald Trump bajo el objetivo manifiesto de “luchar contra el tráfico de drogas y la criminalidad organizada” en la región.
Desde su investidura a fines de julio, el nuevo gobierno de Fujimori había expresado su voluntad de unirse a esa iniciativa internacional.
Perú, de 34 millones de habitantes, es uno de los principales productores mundiales de cocaína. Redes internacionales del narcotráfico operan en su territorio.
El miércoles en Quito, donde se reunió con el presidente ecuatoriano Daniel Noboa, el secretario de Estado anunció que la banda criminal Los Tiguerones sería designada como «organización terrorista», algo que le prohíbe el acceso al sistema financiero estadounidense y toda transacción a su favor.
La minigira sudamericana de Marco Rubio ocurre en medio de una ola conservadora en América Latina que ha llevado al poder a políticos derechistas afines a Trump.
Washington además no oculta su intención de contener la influencia de China, Rusia e Irán en América Latina, sobre todo en Venezuela, una prioridad definida en la estrategia de seguridad nacional.
«El hemisferio occidental no es el ‘patio trasero’ de nadie», expresó la embajada de China en Lima a través de su cuenta en X, antes de la llegada de Rubio.
«La cooperación entre China y América Latina no está dirigida contra terceros y tampoco debe estar sujeta a interferencias de terceros», apuntó la representación del gigante asiático.
