El 24 de febrero de 1996 yo estaba en Santiago de Cuba, la Ciudad Héroe de la República de Cuba. Mi compañera había salido temprano hacia su centro de trabajo y, mientras tanto, yo me quedé en la casa, enredado con mis libros y haciendo otras cosas.
No puse el radio ni el televisor Caribe; éste último, de fabricación soviética, estaba averiado y no había recambios para repararlo. Durante el período especial eso fue realidad en casi todas las casas hasta que, si mal no recuerdo, con la creación del Canal Educativo aparecieron los Panda, muy buenos y económicamente asequibles televisores chinos. En definitiva, durante todas esas horas no me enteré de nada de lo que estaba sucediendo en Cuba ni en el resto del mundo.
Fue pasando la mañana. Cercano el mediodía salí fuera y me senté arriba del tanque de agua, como muchos días, como muchas noches. Ahí estuve un buen rato, hasta que apareció mi compañera tras salir del trabajo. La vi que se acercaba con paso más o menos ligero y yo me paré para recibirla. Ella también me vio; la escalera que conducía hasta donde yo estaba la subió saltándose bastantes peldaños. Tenía ganas de llegar, estaba claro, y llegó ciertamente alborozada. A escasos pasos de mi exclamó con inequívoco ademán de alegría: “¡Hemos derribado dos avionetas del grupo terrorista Hermanos al Rescate!”. Se abrazó fuertemente a mi, nos abrazamos. Yo también sentí inmensa alegría; alegría por sentirla a ella tan contenta y también por el derribo de aquellas avionetas. Me pareció que las Fuerzas Armadas Revolucionarias (al decir de Camilo, el “pueblo uniformado”) hicieron lo que debían hacer.
Y estoy completamente seguro de que ese era el sentimiento que experimentaba todo el pueblo. Ese día no salí del barrio; los vecinos casi no hablaban de otra cosa. Fueron muchas las provocaciones de la organización contrarrevolucionaria durante esos años, y muchas las advertencias de que cesaran. No hicieron caso. Apelando a su legítima defensa, Cuba derribó las dos avionetas, que es lo que hubiera ordenado cualquier gobierno, cualquier Estado sin tanta advertencia.
Se debe subrayar que entre 1994 y 1996, Hermanos al Rescate llevó a cabo decenas de incursiones aéreas sobre territorio cubano desde Estados Unidos, es decir, violó reiteradas veces su espacio aéreo. Por vía diplomática, el gobierno cubano se dirigió en 25 ocasiones al Departamento de Estado y a la Administración Federal de Aviación de ese país para denunciar incursiones y expresar el peligro que eso provocaba. Pero hicieron caso omiso.
Ahora, 30 años después, en plena escalada de agresión (en la que no se descarta la militar), dicho Departamento acusa al compañero Raúl por aquel hecho. Enésimo ejercicio de prepotencia y desvergüenza.
(Baraguá / @maceobaragua)
