Lleva 25 años de prisión, de los cuales, 19 en aislamiento.
Numerosos amigos, compañeros y familiares de Fernando García Jodrá se concentraron el día 24 (en el marco de las fiestas grandes de Bilbao) en el puente de San Antón, en el Casco Viejo de la ciudad vasca. Todos ellos exigieron la libertad de quien ya lleva 25 años de prisión, de los cuales, 19 los ha pasado en un módulo carcelario de aislamiento total.
El acto comenzó con el toque de la txalaparta, y enseguida una joven familiar del preso político recordó aspectos de su vida de lucha, y también su pasión por la escritura. Mencionó el libro escrito por García Jodrá, «La furia del cobarde. Relatos desde un módulo de aislamiento», que además de Europa fue editado en Argentina.
En un momento del encuentro, que estuvo enmarcado por la emotividad y la decisión de seguir visibilizando la situación de García Jodrá, este logró comunicarse telefónicamente desde la prisión de Zaballa. Así, pudo escucharse su voz por el parlante y entender, una vez más, de qué tipo de material humano están hechos muchos de los militantes vascos. Estas son sus palabras:

Buenas tardes a todos. Gracias por vuestra solidaridad y por vuestra ayuda.
Veinticinco años en prisión. Está claro que la canción se quedó corta. Y comenzaré por el final.
Ha sido un camino muy duro. Pero al menos tengo claro una cosa: que el camino que tomé fue el mío.
Y sí, sigue siéndolo. Desde aquí también. Soy dueño de mis decisiones. Y mis decisiones dan sentido a mi vida.
Lo digo con orgullo: yo no tengo que ocultarme, en un mundo lleno de eufemismos.
En estos veinticinco años he conocido lo peor que los seres humanos podemos ofrecer. Y a veces me doy cuenta de que uso el recorrido interior para protegerme de las miradas de los demás. A veces no estoy muy seguro de en qué me han convertido estos años. Y por eso repito una y otra vez: que de estos veinticinco años, diecinueve los he pasado en aislamiento. No soy el mismo Fernando que metieron aquí. Eso lo tengo bastante claro. Pero como el primer Fernando, aunque esté encarcelado, seguiré siendo dueño de mis decisiones.
Y mi vida. Y mis deseos, mis ideas y mis acciones irán al unísono.
La prisión no ha conseguido cambiar eso. Porque la prisión en sí no cambia. Mi enemigo, el que me metió aquí, y el que me mostró la necesidad de la lucha, tampoco ha cambiado.
Algunos intentan engañarse a sí mismos, para justificar sus traiciones personales. Pero nuestro enemigo no ha cambiado. El enemigo es el mismo, con su misma crueldad. Mantener a alguien veinticinco años en prisión es crueldad. Tener a alguien diecinueve de esos veinticinco años en módulos de aislamiento es crueldad. La prisión en sí es el símbolo de la crueldad.
En la prisión he aprendido muchas cosas. La más importante, para no inclinar la cabeza, es que todo lo que hice antes de entrar en prisión estaba bien hecho. Esa es la lección de la prisión.
Siempre merece la pena luchar contra los dueños de la prisión. Porque si eres capaz de albergar esta crueldad, no mereces la vida.
Llevo veinticinco años escuchando a otros presos, como se suele decir. Saldré de aquí algún día. Orgulloso y vivo. Yo he elegido cómo salir de aquí. Y no mis enemigos. Porque la prisión no limitará mi mesura. Lo hará mi coherencia.
Gracias de nuevo. Gracias por estar a mi lado durante estos veinticinco años. ¡Gracias!

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