La negociación de una candidatura “unitaria” de la “izquierda” se ha convertido en un auténtico vodevil. Sin embargo, no caeremos en la trampa de discutir quién tiene razón, quién busca sinceramente la unidad y quién es el responsable de que esta fracase. Vamos a denunciar algo más profundo, que afecta a todos los protagonistas de este lamentable espectáculo.
La clave es que solamente los hemos visto discutir sobre sillones, nunca sobre política. Pablo Iglesias parece especialmente empeñado en convertir la presencia de Irene Montero en las listas en la cuestión principal. Pero el problema no se limita a Podemos. ¿Qué proponen hacer con sus escaños? ¿Qué medidas defenderán? ¿Por qué lucharán? ¿Piensan acaso impulsar alguna movilización fuera de las instituciones? Nada de esto ocupa el centro de las discusiones. No se enfrentan proyectos políticos ni líneas programáticas diferentes, sino aspirantes a ocupar determinados puestos en las listas electorales. Una lucha por los sillones sin ningún contenido político.
Además, este espectáculo llega en el peor momento posible. Cuando las luchas populares experimentaban un impulso enorme, las disputas partidistas han contribuido a extender el desencanto y el pesimismo, cortocircuitando un clima de movilización en vez de fortalecerlo. En lugar de ponerse al servicio de ese movimiento, la izquierda institucional vive centrada en sus propias miserias. Afortunadamente, la lucha en la calle no depende de estas organizaciones. Y seguirá avanzando hacia la huelga general, que debe desbordarlos para no ser instrumentalizada por ningún partiducho del circo ni por Pedro Sánchez.
Mientras tanto, en el bloque reaccionario asistimos a un espectáculo más dantesco todavía. En el programa de Iker Jiménez, el seudoperiodista Eduardo Inda ha recomendado al PP que guarde silencio sobre el recorte de las pensiones hasta después de las elecciones, cuando ya esté formando Gobierno. Es decir, que oculte sus intenciones al electorado para no perder votos. Están tan acostumbrados a tratar la mentira como un instrumento político que hasta se les olvida que semejantes recomendaciones no pueden formularse públicamente. Sencillamente asqueroso. Otra de las propuestas de Feijóo es permitir que las mutuas puedan dar directamente el alta médica a los trabajadores, pasando por encima de los facultativos del sistema sanitario público.
Lo que se aproxima no es la fiesta de la democracia, sino la fiesta de la plutocracia. Un espectáculo en el que unos se disputan los sillones y otros recomiendan ocultar sus intenciones a los electores. Los representantes políticos no están sujetos al mandato imperativo ni tienen ninguna obligación jurídica de cumplir sus programas electorales: pueden prometer una cosa y hacer exactamente la contraria. Frente a esta democracia vaciada de contenido, la verdadera democracia popular se está construyendo en las luchas populares, impulsadas por organizaciones como el Sindicato de Inquilinas y la Coordinadora Juvenil Socialista, entre otras. Ahí está la fuerza que puede transformar las cosas. No permitamos que una nueva campaña electoral paralice las movilizaciones ni desvíe nuestra atención de lo fundamental: la lucha continúa en la calle.
