Esta madrugada el Consejo y el Parlamento Europeo decidieron someterse a los designios de EE.UU, tal y como había quedado resuelto en la reunión de su presidenta, Úrsula von der Leyen, en su visita a Trump hace unas semanas. El acuerdo comercial con Washington se produce en medio de un ultimatum de la Casa Blanca, que aseguraba que impondría aranceles del 25% a los coches europeos si sus legisladores y eurodiputados no ratificaban el pacto comercial antes del 4 de julio. El loby automotriz fue uno de los que presionó a sus empleados (el gobierno de la U.E) para que firmaran con urgencia el sometimiento a lo que dijera y pidiera EE.UU.
Ahora sólo queda su ratificación por parte de la Eurocámara, un proceso que será un mero trámite. El acuerdo elimina los aranceles sobre los productos industriales estadounidenses y les da un acceso preferencial al mercado europeo con aranceles 0. Se reducen, igualmente, los aranceles sobre ciertos mariscos y productos agrícolas. El gobierno entreguista de la U.E aspira como compensación al trato genuflexo hacia EE.UU, que se les aplique un arancel universal del 15% a los productos europeo que vende a EE.UU.
La presión y mando de EE.UU. para conseguir un acuerdo/sometimiento tan ventajoso sobre la U.E, viene derivado de la sumisión europea ante la necesidad de la compra de energía, armas, y uso satelital para comunicaciones como internet y la IA. El bloque europeo queda pues a merced de los designios del amo yanqui. Un protectorado que «gobiernan» conservadores, liberales y socialdemócratas en un todos a una.
