Ante lo ocurrido en Ceuta han hecho un texto común donde se recoge que la llamada inmigración irregular tiene “consecuencias negativas” que “nadie puede negar”, como “aumento de los índices de delincuencia, creciente presión sobre los servicios públicos y erosión de la confianza pública”. Para ellas, “es comprensible que los ciudadanos europeos esperen acciones concretas” de sus representantes políticos, sobre todo cuando los migrantes “cometen crímenes violentos, trafican con drogas o se convierten en responsables de la violencia sexual”.
Por ello, ambas dirigentes abogan por la aplicación de “una política migratoria rigurosa” a nivel comunitario, y reclaman “aumentar las expulsiones” de las personas en situación ilegal y que se establezcan “centros de repatriación en terceros países, así como otras soluciones innovadoras fuera de Europa”.
Somos las únicas dos mujeres jefas de gobierno en la UE. Una de nosotras dirige un gran país del sur; la otra, un pequeño país del norte. Pero nos une nuestro deseo de defender Europa”, aseguran las dirigentes en su texto.
El comunicado destaca también por su fuerte carga identitaria. Meloni y Frederiksen apelan a la necesidad de preservar “los valores europeos”, lo que incluye proteger “el patrimonio cultural cristiano de Europa”. “Esperamos que quienes vengan a nuestros países y elijan Europa como su hogar respeten nuestros valores y no intenten imponernos modelos de vida que no compartimos”, sostienen las dirigentes, que extienden sus exigencias a “a los millones de extranjeros que viven legalmente” en territorio comunitario.
