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LA JARDINERA DE LAS 13 ROSAS. ¿Sobra la clase media en un mundo en guerra?

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LA JARDINERA DE LAS 13 ROSAS. ¿Sobra la clase media en un mundo en guerra?

La clase media es una de las clases con menos capacidad de auto percepción. Por un lado, persiste en ella la identificación con la clase pequeño burguesa, mientras, por otro, se desmarca de la clase baja. Cuando pienso en ella, recuerdo asociarla con la clase trabajadora, que no proletaria, más o menos hasta los años ochenta. En la clase trabajadora del Estado de bienestar se incluía el funcionariado, las llamadas profesiones liberales, médicos, maestros, profesores, trabajadores autónomos, el atareadísimo fontanero, empleados de banca, oficinistas varios.

Si entendemos proletario a aquel que solo cuenta con su fuerza de trabajo, ¿podemos hoy, en el siglo XXI, cerca de dos siglos después de su primera definición, considerar el conocimiento como fuerza de trabajo o como un valor externo al proletario quien, al adquirir un conocimiento académico dejaría de serlo? Saber conducir, por ejemplo, no es el mismo tipo de conocimiento. ¿Es la fuerza de trabajo la capacidad corporal del ser humano o podemos incluir más elementos en esa categoría?

Las niñas de los setenta recordamos aquello de ser de clase media baja, media media, o media alta. Lo que la clase media tomaba en cuenta para subir o bajar en la escala, de cara a definirse ante sí misma y ante los demás, era el nivel de ingresos. No se tenía en cuenta entre la población llana la relación entre nivel de estudios y clase social, la clase media media era muy amplia, en ella cabían un gran número de situaciones.

A nivel estadístico, sin embargo, se tenía y se tiene en cuenta. La clase media baja actual es descaradamente más baja que media, la media media se mantiene echándole morro la más de las veces y la media alta no es otra cosa que el pequeño propietario burgués, ese con un negocio al que le va bien, o el agricultor que se defiende de los intereses de los grandes, como ellos dicen, votando a Vox. Comerciantes defendiéndose de otros comerciantes, propietarios viviendo de las rentas.

Podría definirse al proletario como a aquel carente de capital para invertir, de propiedades que explotar explotando a otros o de explotar a secas. No es lo mismo el que sabe conducir pero no tiene coche que el que sí lo tiene. No es igual el que posee el conocimiento pero no la propiedad al que sí la posee.

Viviendo en el mundo de las oportunidades, quien no se ha convertido en propietario es porque es un fracasado. Ser propietario es la máxima aspiración en una sociedad liberal. La propiedad es la base para la fabricación de clases medias, imitadoras de las costumbres de la burguesía. Si la burguesía imitaba a la aristocracia, la clase media imita a la burguesía. Va más allá de asumir como propias determinadas pautas de consumo, intenta convencerse de su carácter burgués, acomodado, despectivo respecto a las incomodidades causadas por las incómodas existencias de inmigrantes, desempleados, desgraciados sin propiedad que, sin embargo, no deben salir de la desgracia para continuar explotando su necesidad a través de la propiedad de la vivienda, del espacio, de la producción de alimentos. El Estado no debe ayudar a los desgraciados, corea la clase media. A ellos no les ha dado nada nadie, lo han conseguido con su trabajo, e incluyen en la consecución la propiedad por medio de la cual explotan al desgraciado gracias al cual mantienen su economía y/o su estatus.

¿Será ahora esa clase media la que oculte a sus hijos del alistamiento a la guerra? ¿Irán a servir a la artillería terrestre los necesitados a quienes el Estado ha negado las ayudas para subsistir y así incrementar más y más el gasto bélico?

La clase media, como el pequeño burgués, se agarra a la propiedad, se agarra a todo cuanto tiene que perder, desnaturaliza la izquierda dejándola en solo eso, una izquierda cada día más alejada de aprovechar las armas de la guerra para la Revolución.

Ser revolucionario siempre ha sido una cuestión más ideológica que de clase, no obstante, la ideología revolucionaria se contradice con la existencia de clases medias acumuladoras de capital con el fin de convertirse, especulando, en el Capital. ¿Tendrán la poca vergüenza de llamar a la unidad de los trabajadores para que defiendan sus intereses en tiempo de guerra?

Hay clases bajas de existencia incomprensible, poseedores de conocimientos pero sin propiedad ni trabajo, difíciles de convencer de comportarse como dicta el manual para desgraciados de nuestra

sociedad. Esas clases bajas de existencia incomprensible, imprevistas, tiemblan de emoción ante la subida del petróleo a consecuencia del bloqueo del Estrecho de Ormuz, causa noble para la humanidad. Anhelantes de dicha, contemplan cómo se desorienta la clase media sin poder programar un viaje a Turquía, sin poder gastar la opacidad de sus días en un crucero. ¿Subirán todavía más los alquileres de sus propiedades para costearse esas vacaciones con spa y masaje de chocolate antes del concierto de su millonario favorito al atardecer de un lugar exclusivo? Quizás la indiferencia al crimen organizado sobre hábitats y poblaciones dé más morbo si puedes estar por encima, aunque sea un poco.

O quizás, haya una clase media algo más ética que se conforme con pagar hipotecas y atesorar para consumir su vejez en una residencia que ya no le costeará el Estado en absoluto, o en ahorrar para el bienestar de sus hijos, a los que no quiere ver convertidos en miserables perdedores, a costa, justo, de los desgraciados que habrán de contribuir como si de un acto de justicia incontestable se tratara a la supervivencia del estatus de esa clase que les trató como si fueran de la familia: no seamos, además de desgraciados, desagradecidos.

Respondiendo a la pregunta del título, me atrevería a decir: sí, sobra. Sobra la clase media propietaria hermana del pequeño burgués. No nos podemos permitir el lujo, con un planeta extenuado al borde de la cuenta atrás, de admitir los intereses egoístas en la lucha contra el Capital. Ni nos podemos permitir la falta de conciencia de las clases bajas sobre su existencia más allá de la necesidad que encarnan. Resistir, luchar, viene demostrando con contundencia desde el 7 de octubre de 2023, ser otra cosa.

Algo nos enseña la historia reciente de nuestra forma de producción: no fueron la pequeña burguesía ni el pequeño campesino quienes llevaron hacia delante la Revolución Rusa.

La clase media fruto del pacto del trabajador con la propiedad, tampoco lo será.

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