Desde su aparición, era cuestión de tiempo que Vox fuera blanqueado por el sistema que lo trajo. Falsimedia ha hecho, en este sentido, un trabajo burdo pero constante. El fascismo había sido hasta ese momento maquillado para que retozara en las alfombras del régimen y así se mantuvo en la mal llamada «transición».
El mentado «cordón sanitario» para evitar que se acercara a las instituciones resultó ser un chiste de los que intentaban esconder una realidad demostrada mil veces por la historia: el fascismo es la cara B de una moneda de uso común llamada capitalismo. Una moneda que suele enseñar la cara A que vende como «democracia». La siembra de racismo, xenofobia, odio a la clase obrera, nostalgia por el franquismo, quita de derechos… se hizo durante años para llegar a esta realidad de Vox co-gobernando en ayuntamientos y comunidades autónomas, u ocupando cargos institucionales como presidencias de parlamento. Aragón, Castilla y León, Extremadura pueden ser el prólogo de lo que ocurra a nivel nacional para que el poder use esta herramienta en tiempos de crisis. La consigna «Al fascismo no se le discute, se le destruye» se ha convertido en una necesidad que va más allá, mucho más allá, de la mera correlación de votos en las instituciones. Algo que, obviamnete, no podrán hacer quienes con sus politicas legitiman el capitalismo,
