En este escenario de huelga general convocada y alentada desde el propio Gobierno y a las puertas de unas elecciones burguesas en el Estado, podría caber la tentación de considerar al PSOE y su círculo de socios un “bloque progresista’’ y por añadidura una especie de aliado de clase contra el fascismo electoral representado por VOX y PP. Como ya hemos defendido en este periódico, esto está muy lejos de la realidad. Echemos un vistazo al conjunto de logros del PSOE con la inestimable ayuda de Sumar, ERC, PNV, Bildu y demás.
En estos ocho años el PSOE ha mantenido, y en algunos casos endurecido, la legislación restrictiva de derechos civiles y políticos heredada del gobierno anterior del PP. Ha mantenido la Ley Mordaza, ha promulgado legislación para los desalojos rápidos, ha legislado para aumentar la impunidad policial, ha desarrollado campañas de blanqueamiento de los cuerpos represivos, ha endurecido el Código Penal por pequeños hurtos, etc. En estos ocho años, la represión a las organizaciones y sindicatos, las causas judiciales, el hostigamiento de los cuerpos represivos a la militancia de los trabajadores, los seguimientos, las peticiones de colaboración, y la infiltración policial masiva de las organizaciones de clase han sido una constante. Con los gobiernos del PSOE los cuerpos de policía han aumentado en 17.000 efectivos sus fuerzas y han disfrutado de importantes subidas salariales mientras se desmantelaban servicios públicos básicos. Y hay que señalar que todo el bloque ‘de izquierdas’ se ha dedicado a blanquear esta vergonzosa realidad, cuando no a colaborar directamente con el recorte de derechos, aumento de las fuerzas represivas y hostigamiento al militante.
Por otra parte, en el contexto de pandemia, el PSOE no dudó un segundo en apostarlo todo a una salida policial de la crisis y permitir que los cuerpos policiales ensayasen un modelo de Estado autoritario de excepción varios meses, muy lejos de una gran inversión en sanidad y medidas preventivas que es lo que exigía el contexto y que es lo que cabría esperar de cualquier republicanismo progresista. Pero es que a estas alturas del régimen del 78, ya sabemos que el PSOE, por mucho que se disfrace, ni es republicano, ni es progresista, y que ha demostrado repetidamente que está anclado en la corrupción sistémica, en la inmoralidad de sus cuadros políticos, y en la deriva reaccionaria hacia un Estado autoritario que también le beneficiará aumentado su cuota de poder sobre la población como partido de Gobierno.
En lo que respecta al desarrollo del escenario de guerra mundial imperialista, el PSOE ha apoyado abiertamente las posiciones bélicas de la OTAN. Lo ha hecho, por ejemplo, decididamente en Ucrania enviando armamento y financiación sin consultar para nada a las clases trabajadoras del Estado. Ha aumentado el presupuesto militar a costa de la imposición fiscal a los trabajadores y de recortes presentes y futuros en servicios, y salvo el marketing electoral para su parroquia, ha mantenido todos los lazos comerciales, diplomáticos y militares con el criminal Estado genocida colono Israelí. Y todo esto con el beneplácito de las ‘izquierdas’ autonómicas y la ‘izquierda’ española de Sumar que han seguido sosteniendo el Gobierno.
Mientras tanto, tenemos las calles llenas de escuadristas fascistas, que llevan viento de cola con la total permisividad del Gobierno ‘progresista’. El PSOE y sus socios han permitido la creación e implementación de estas organizaciones criminales y violentas contra la clase trabajadora, y allí donde se les ha hecho frente para que no dominen las calles, para que no ejecuten desahucios ilegales, y para que no impongan su ley del terror al servicio del capital, el PSOE ha mandado a su Policía Nacional a golpear a los antifascistas, así como en muchos casos ha desarrollado operaciones policiales a posteriori contra la juventud trabajadora que pone su cuerpo y se arriesga en la calle para que el escuadrismo no campe a sus anchas. Un fascismo de calle que ha enraizado en una parte importante de la juventud gracias a la permisividad sumisa del PSOE hacia las grandes tecnológicas estadounidenses timoneadas por oligarcas nazis, que están reventando la cabeza de los adolescentes con propaganda continua profascista a través de los dispositivos móviles y las redes. Pero es que el PSOE no es un partido antifascista, y es que dado el total descrédito que se encuentra ante su electorado por su estructura corrupta y sus políticas de derechas, necesita que el fascismo sea una amenaza real y visible contra la clase trabajadora, para movilizar voto una vez más y seguir con la misma dinámica que está haciendo crecer al fascismo otros cuatro años.
En materia de políticas económicas, el PSOE y sus socios han permitido una devaluación constante del salario real sin tocar en nada las ganancias y rentas de las clases propietarias, maquillando esta política salarial de fondo con subidas nominales del salario mínimo. Han centrado sus esfuerzos en implementar mecanismos de seguimiento fiscal a las clases medias, mientras la oligarquía y todo el bloque empresarial siguen evadiendo capitales libremente. En esta concatenación de legislaturas prácticamente han erradicado el derecho a la vivienda de una mayoría social, apostando por un modelo de vivienda basado en el negocio, el pelotazo y la especulación frente a la posibilidad de la propiedad de uso real de vivienda y la estabilidad social. Una política de vivienda de la que son responsables todos los partidos del bloque de Gobierno y la oposición, que han establecido el marco legal para el canibalismo de una clase media alta que acapara 4, 5 o 10 viviendas para exprimir carroñeramente a la clase trabajadora con alquileres abusivos. Para colmo, los fondos buitre campan a sus anchas comprando enormes bloques de propiedades a precio irrisorio y estableciendo clausulas abusivas a los inquilinos con total permisividad de las instituciones ‘progresistas’. Mientras tanto, sanidad y educación no han detenido su deterioro y su desmantelamiento progresivo en ningún momento llegando ya el servicio sanitario a situaciones de auténtico colapso.
Podríamos seguir páginas y páginas con la ineficiencia programada del PSOE en políticas contra la violencia machista, en materia de ecología, de negación antidemocrática del derecho de autodeterminación de las naciones, de legislación laboral regresiva, de represión y matanzas de personas migrantes en las fronteras, etc. Completando la radiografía de lo que ha venido siendo un Gobierno antiproletario de derecha liberal, con ciertos tintes autoritarios en materia de legislación, colaborador servicial del gran capital y la oligarquía, así como lacayo de los intereses imperialistas del criminal bloque atlántico. Pero ya sabemos que el PSOE, esa asociación de vividores corruptos sin escrúpulos, sabe disfrazarse para un electorado aún hoy mayoritariamente de izquierdas, poniendo cara de póker a Trump, pagando el autobús a la gente y subiendo 5 euros la pensión de sus octogenarios votantes.
Es en este contexto de quiebra absoluta de la oferta psoeizadora de la monarquía a las clases trabajadoras del Estado, cuando una importante masa de la clase trabajadora está desarrollando una desafección total hacia los partidos y hacia el régimen desde la izquierda de estas posiciones del Gobierno, donde aparece también la posibilidad de un nuevo Gobierno de la derecha fascista. Para los que tenemos memoria, ya sabemos que no sería la primera vez que el fascismo gobierna en el régimen del 78, un régimen ya de por sí heredero del franquismo. Hay que tener en cuenta que el carácter liberal del PP depende absolutamente de la coyuntura y que es un partido heredero del franquismo. Lo único que cambia en este contexto, es la aceptación social de esta ideología en sus políticas más violentas, y el contexto internacional de endurecimiento autoritario de los estados, lo que hace prever un Gobierno más extremo en estas posiciones. En todo caso, bajo la excusa de que viene el lobo a sustituir al lobo, el PSOE ha utilizado a sus satélites sociales y sindicales para convocar una huelga general farsa favorable al gobierno y contra la oposición, tratando de blanquear su destrucción sistemática del derecho a la vivienda y lanzar así la campaña electoral. La estrategia es evidente, cerrar en falso la posibilidad de una crisis de adhesión al régimen por la izquierda de sus costuras, tratando de polarizar la sociedad en dos opciones: un nuevo corrupto Gobierno liberal de la falsa izquierda liberal, o el fascismo. Nosotros debemos enfocar bien la fotografía: hay una crisis política sistémica de desafección hacia el régimen y los abusos de la oligarquía desde la izquierda, aún sin forma de partido, y es tarea de las organizaciones marxistas politizar al máximo contra el capital y contra el conjunto de su arco de partidos a la clase trabajadora, de aprovechar la brecha política y social para dibujar el espacio político revolucionario en cada una de las cuestiones y dar cuerpo desde ya a una fuerza política que sea capaz de implementar un régimen democrático de la mayoría social trabajadora. Sería un gravísimo error cuando existen opciones de crecimiento exponencial de la militancia revolucionaria y de expansion de la conciencia socialista entre las masas trabajadoras, caer en el cortoplacismo de establecer un discurso de blanqueamiento del Gobierno de los rentistas y los empresarios representado por el PSOE y sus socios.
Con esto, debemos pues, por un lado, impulsar en todas partes para el día 11 una huelga general real, que es una huelga contra los gobiernos al servicio del capital, contra los capitalistas y contra los rentistas que están destruyendo no sólo el derecho a la vivienda, sino todos los derechos de la clase trabajadora. Y en segundo lugar, debemos establecer la dicotomía real de clase, inmediata, entre los gobiernos de la burguesía y la monarquía oligárquica española y la posibilidad de una democracia proletaria y un régimen de poder en las manos de la mayoría social, que expropie la riqueza acumulada en pocas manos y la ponga al servicio del conjunto de la sociedad. El Movimiento Socialista debe de ser en esta coyuntura capaz de direccionar el descontento hacia el régimen y el Gobierno del PSOE de la izquierda ideológica hacia estas posiciones revolucionarias, que dicho sea de paso, son la única garantía de autodefensa frente al fascismo, sea este de Gobierno o de oposición.
Y en términos concretos, si alguien pensara que nos jugamos mucho con que el PSOE salga reelegido, y con eso comprara el disfraz del PSOE de partido progresista republicano antifascista, estaría mandando por la borda todo este espacio político en construcción y la independencia política para un gran partido revolucionario. El MS debe ser polo y referencia que denuncia objetivamente la cruda realidad. Solo existen de forma inmediata dos bloques: el de la burguesía y su circo electoral, y el del proletariado sin partido. Y sin ese partido y sin una independencia real que mira a los problemas de frente, que diferencia el grano que no nos dan de la paja con la que nos engañan, no hay democracia de masas ni derechos en el horizonte para nuestra clase, solo una dinámica regresiva, más o menos acelerada, de los derechos conquistados por grandes organizaciones revolucionarias en el pasado.
Por todo ello, animo a todos los que me hayan leído a encuadrarse en la militancia revolucionaria.
Frente al Gobierno al servicio de la oligarquía, frente al fascismo que viene, frente a la patronal y frente al rentismo, ¡Todos a la huelga general! ¡Construyamos el partido revolucionario del proletariado!
