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ISABEL VILEYA. El pueblo no tiene la culpa (la élite rota)

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ISABEL VILEYA. El pueblo no tiene la culpa (la élite rota)

Quizás la experiencia personal de cada uno, no debiera servir más que para sumar a la lista global del conocimiento empírico, aunque todos sabemos que el ser humano tiene una faceta emocional indisoluble, un plano espiritual que lo somete al rigor de los sentimientos. Sabemos que se siente de una forma aprendida, mediada por las condiciones, pero eso no impide que el sentir se desboque y sea por tiempos incontrolable.

Nunca antes de enero de 2025 había estado en Venezuela, ya lo he explicado en muchas ocasiones, pero de nuevo y sucintamente refiero, que nunca estuve de acuerdo con el sistema de congresos y eventos, con el derroche que me parecían y que también he sido crítica con algunos aspectos del proceso bolivariano como el mencionado, por lo que en ausencia de instancias que me parecieran más oportunas, ni yo, ni otros compañeros habíamos aceptado invitaciones a viajar a Venezuela.

La única participación que he recibido del Gobierno de la República Bolivariana de Venezuela, ha sido una invitación a un foro antifascista celebrado en enero de 2025 coincidiendo con la toma de posesión de Nicolás Maduro el 10 de enero de ese mismo año.

Ni antes ni después, he recibido ninguna retribución ni en dinero, ni en especias de parte de ninguna institución estatal en Venezuela. Mi concurrencia y viajes frecuentes a la República Bolivariana de Venezuela a partir de esa fecha, han tenido una naturaleza, en primer lugar particular y personal y en segundo lugar, producto de mi colaboración política (no remunerada) con Mario Silva en sus programas «La Hojilla», «Al filo de la media noche» y también como activista de DDHH participando en la fundación Fundalatin y la Asociación de Defensa Civil Maruxa Silva. Entre las actividades que he desarrollado se encuentran fundamentalmente acciones de carácter formativo e informativo, no remunerado.

Sé que muchos tienen interrogantes, otros solo malas intenciones, por tanto, no soy de las personas que piensan que todo el mundo merece todas las explicaciones y sólo para quienes entienden, para estos últimos va mi explicación.

En medio de mis colaboraciones dentro de Venezuela, por el desarrollo de los acontecimientos, surgió la situación de la amenaza de la flota de EEUU frente a las costas venezolanas, por lo que ante la llamada al alistamiento en la milicia, me sentí convocada como internacionalista y acudí al llamado alistándome como miliciana en la plaza Bolívar a finales de noviembre de 2025.

Durante las semanas subsiguientes, hasta diciembre, permanecí en Venezuela y sólo viajé al Estado español por motivos familiares durante el periodo navideño.

Tan pronto se conoció la noticia del bombardeo del 3 de Enero y del secuestro del Presidente Nicolás Maduro y de la diputada Cilia Flores, regresé al país para incorporarme a mi puesto de combate. Y en este punto, permítanme detenerme, porque personalmente tengo un punto de vista particular que está muy alejado de la romantización de la lucha armada y del fetiche guerrerista. No hay para mi entender, una asociación indisoluble de las armas y la revolución como expresión positiva, sino que el elemento armado generalmente es una consecuencia inevitable cuando de veras se defiende una revolución, por la colisión que esto provoca con los distintos poderes y, cuando esto sucede, es obligado no negarse, porque de lo contrario, terminaremos siendo doblegados y aplastados.

Me fue doloroso y complicado explicar a mi familia esta decisión y sufrí mucho ante la posibilidad de que se produjeran situaciones irremediables que me impidieran volver a ver a mis hijos. No partí para Venezuela en medio de la inconsciencia, sino convencida de que a un pueblo hermano, no se le deja caer.

Nunca tuve miedo de morir, pero si me aterrorizaba que llegase el momento de estar obligada a ver el sufrimiento de la gente.

No consideré ni considero que mi decisión sea moralmente superior, ni tengo inseguridad acerca de ella, por tanto, tampoco dudo de que fue correcta y oportuna.

No voy a negar que me alegra profundamente que no se haya producido una masacre de civiles inocentes, pero detesto hasta los intestinos la entrega cobarde y miserable del gobierno encargado. Me avergüenza una dirigencia que nos arengaba a la defensa de la Patria y que conminó a todo un pueblo a ello, y ahora se esconden en vacíos discursos pacifistas para preservar sus privilegios.

Sigo estando orgullosa del pueblo venezolano, de larenses, guayaneses, orientales, de sus pueblos originarios, de toda la gente que conocí, que te ofrece medio pocillo de café que ya no tiene, pero que te lo vuelve a inventar para que te lo bebas sentado en una vereda.

Volvería atrás y decidiría lo mismo y, aunque la guerra pasó por encima de nuestras cabezas, más temprano que tarde, el imperialismo torcerá de nuevo otras amenazas sobre ese pueblo cuando las estimaciones no resulten satisfactorias y no tengo dudas de que esta misma persona u otros compañeros volveremos a tender la mano porque además de todo lo que el pueblo venezolano ha entregado a este continente, no debe estar en ningún internacionalista culpar a todo un pueblo por el «pecado» de quien se ha instalado en el poder a fuerza de conspirar.

Pienso que más temprano que tarde, el pueblo se rebelará y tomará definitivamente el protagonismo que históricamente le corresponde y podré de nuevo pasear por Barlovento o la Gran Sabana.

Mientras tanto, no estoy dolida, sino «arrecha», por como me trataron esas autoridades que recién hace poco me trataban de «compañera» y ahora me expulsan del país como si de una delincuente se tratara. Unas «autoridades» migratorias que aplican tarifas inexistentes y sanciones inventadas como parte de la tradición corrupta de una dirigencia que  nunca fue revolucionaria y usurpo todo el discurso para acceder e instalarse en el poder y de ahí transar la soberanía para asegurar su lucro personal.

No hay mal que dure cien años, y por lo mismo, aunque nos han derrotado por ahora, toda la vida no les servirá el discurso de flexibilidad táctica y entrega estratégica.

Está próximo el día que el pueblo de el paso y ajuste sus cuentas, y ahí, esta persona que un día entró como miliciana y otro día fue expulsada como enemiga, festejará que el pueblo soberano es el único legitimado para dirigir su destino.

(La Hojilla, 04/09/2026)

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