insurgente
  • Inicio
  • Estado Español
  • Insurgencias
  • Internacional
  • Artículos
  • Convocatorias
  • Editoriales
  • Publicaciones
  • Referencias y Referentes
  • Inicio
  • Estado Español
  • Insurgencias
  • Internacional
  • Artículos
  • Convocatorias
  • Editoriales
  • Publicaciones
  • Referencias y Referentes
No Result
View All Result
No Result
View All Result
Home Artículos

ISABEL VILEYA. Capitulación cómplice reformista, avance del imperialismo y enajenación psicótica

in Artículos
ISABEL VILEYA. Capitulación cómplice reformista, avance del imperialismo y enajenación psicótica

“Espero que no sea tarde…”

Durante semanas, he tratado de ordenar algunos pensamientos para tratar de encontrar respuestas o esquematizar los conceptos tratando de argumentar acerca del cuadro de coyuntura.

En muchas ocasiones, las personas que tenemos un nivel de conciencia de clase avanzado, en realidad no tenemos las respuestas a nada, únicamente la certeza de que las cosas no están siendo lo que deberían o nos superan y desbordan, o bien porque nos faltan muchos elementos de análisis o, simplemente, estamos emocionalmente abrumados por la ausencia de instrumentos subjetivos que reemplacen los padecimientos individuales por la construcción colectiva y la proyección de la articulación y las tareas.

Hace mucho que ya no escribo para que las tesis o teorías sean comprendidas o resulten correctas a ojos de los compañeros o afines.

Después de las ultimas derrotas, el ánimo se fue a buscar soluciones y salidas. Urgencias o no, la búsqueda de respuestas, estrategias y tácticas, es una tarea más dolorosa y sacrificada que la entrega de tesis y manifiestos que al mundo no le hacen falta.

Opinar, si nuestra opinión no sirve para transformar la realidad convirtiendo en acción las ideas y que esa acción y esas ideas mejoren la vida de las grandes mayorías para siempre o por lo menos por mucho tiempo, es un ejercicio de onanismo.

Nada más estéril que hacer cábalas sin tener objetivo, proyecto y tareas concretas, creer, suponer e improvisar porque no podemos discernir, no es una casualidad, sino una consecuencia.

Vivimos en una construcción social bien definida y diseñada, que permite a los sostenedores ideológicos de esta superestructura adaptar milimétricamente las estrategias para optimizar la conducción de las masas que, en su mayoría terminan siendo afines o pasivas y neutralizando a la minúscula disidencia sin apenas desplegar ningún esfuerzo, o haciendo la mínima inversión activa y eludiendo las grandes confrontaciones.

No es necesario llegar a la confrontación, a la represión o persecución. Casi cualquier conato disidente o insurgente, es abortado antes de llegar a ser y si por cualquier motivo un proyecto o movimiento se desarrolla imprevisiblemente más de lo deseado, el sistema conspira desde las sombras en la absoluta discreción de los marcos legales para frustrarlo prudentemente dentro del propio sistema sin que la opinión pública llegue a perturbarse.

En todo caso, la disociación psicótica de las masas, después de todo el programa de disonancia del hegemón imperialista es tan potente, que se puede naturalizar, que el ente genocida de Israel puede reconstruir un país devastado por una catástrofe sísmica, cuando ese mismo engendro, lo único palpable que ha demostrado, es que son eficaces y eficientes destruyendo.

Es tal la distorsión de la realidad que tenemos en estos días que, mientras más caudales de información existen, más confusión reina, porque uno de los simples recursos de la burguesía imperialista, es la decantación por saturación, dar por cierto la versión más repetida o relato oficial, porque el torrente de versiones y teorías es tan vasto y variopinto, que es imposible desgranar.

El eje imperialista occidental, ha desarrollado ilimitadamente la manipulación masiva, ese despliegue infinito y creativo de la antigua guerra psicológica, atestigua cuan real es la afirmación de que vivimos en guerra, aunque algunos sean incapaces de creerlo.

El Instituto de la Paz de Oslo PRIO, cifra entre 30 y 40 millones de víctimas por conflictos bélicos en el mundo desde 1946. Esto quiere decir que, desde el fin de la II Guerra Mundial, han muerto más personas que durante la I y la II Guerra juntas.

Pueden existir conflictos, muertes y conspiraciones, pero el problema fundamental para que estos hechos se den en la absoluta indiferencia generalizada del resto del mundo, es el escepticismo.

No conocer los límites de la realidad, no entender los procesos, su origen, su desarrollo, sus implicados, pero por sobre todo, no tener ninguna apreciación acerca de una posible solución, es un gran motivo para apartarse de una situación que nos provoca impotencia, frustración y derrota.

Mientras más lejano y dificultoso se nos presenta un conflicto y su resolución, mayor es el grado de desvinculación de los actores externos.

El problema se presenta, cuando el sistema en el que vivimos, implica de forma global a todos los habitantes de este planeta y todos los conflictos están interconectados, con la posibilidad además de desencadenar situaciones imprevisibles que pueden escalar a escenarios imprevistos y asombrosamente complejos.

Habría que analizar una infinidad de factores para definir las situaciones que han posibilitado este escenario actual, pero entre las más relevantes, existe una en el campo revolucionario que es indispensable para entender como el reformismo ha invadido paulatinamente el espacio a la revolución hasta llegar a suplantar la aspiración del derrocamiento del capitalismo y la construcción del socialismo y el comunismo, por la tercera vía de las conquistas parciales.

El posibilismo, travestido de pactos de no agresión, de flexibilidad táctica, de áreas de influencia, de conquistas sociales, de estado del bienestar, entre otros, es en realidad la renuncia explicita y tácita a la lucha conspiracional, subversiva, clandestina y armada, porque en teoría, no se dan las condiciones. No es posible. Como si en algún periodo de la historia, la clase en el poder hubiese facilitado las condiciones para ser derrocada. Como si de las posibilidades se hubiese tratado en algún momento de la historia para subvertir el orden establecido.

Las posibilidades de derrocamiento, en cualquier sistema, el poder establecido, trata de minimizarlas, casi siempre con supremacía técnica y militar, pero también y en el desarrollo político e ideológico y, cómo no, la superioridad económica no blinda, pero si consolida la superioridad que proporciona mejores herramientas.

Para Marx, la economía se desarrollaba indisolublemente ligada a sus propias contradicciones, lo que era un obstáculo insalvable para el propio poder de la clase dominante cuando no era capaz de poder impedir o revertir las crisis recurrentes y sus efectos.

La economía, es ese factor que ordena toda la producción y no puede evitar fagocitar al orden en su crecimiento ascendente y exponencial.

Son las crisis económicas las que permiten el ascenso revolucionario, pero si los revolucionarios, como en tiempos los luxemburguistas, esperamos a la posibilidad, no solo es que nunca haremos la revolución o la organizaremos, es que solo podremos contribuir a salvar las crisis recurrentes hasta el colapso de la humanidad y el planeta.

La barbarie, es eso que está pasando mientras debatimos sobre si el socialismo y sus formas clásicas son anacrónicas, porque se ve que lo moderno es ver morir a millones y negarlo.

Vamos a vivir condiciones peores que en el feudalismo, con proporciones mucho más devastadoras, pero estamos preocupados porque no nos califiquen de dogmáticos, mientras iglesias evangélicas y pentecostales se expanden como una epidemia en una época en la que podemos viajar por el cosmos y ver un cerebro o un corazón por dentro.

Engels, afirmaba que el mayor desarrollo de la humanidad, se había producido entre la transformación de la energía en fuego, conquista del fuego y la trasformación del fuego en energía y máquina.

Ahora, es obligado preguntarse, por qué el régimen de producción mercantil que provoco la revolución industrial, con la máquina de vapor como invención transformadora, salto cualitativo, y su posterior desarrollo imperialista, están suponiendo el declive de la humanidad.

Los avances técnicos políticos y sociales durante la historia de la humanidad, no siempre han supuesto un hecho progresivo, pero en cómputo general, la humanidad ha ido alcanzando paulatinamente y en muchas ocasiones a costa del sufrimiento, pero a grandes rasgos, las sociedades avanzaban hacia condiciones de mejoras.

Hoy podemos decir, que existe un mayor desempeño en las habilidades destructivas que en las tareas que faciliten y mejoren las condiciones de vida de muchos.

La compatibilidad entre el reparto de los recursos y el pecunio, cada día, alcanza cuotas de fricción insuperables, motivadas principalmente por la acumulación que, en su contradicción, sólo puede generar desposesión mayor y de más personas.

Cambiar este paradigma, es tan posible o imposible como la propia especie lo determine. La realizabilidad de la revolución y de su contraparte el socialismo y el comunismo, es proporcional a la realizabilidad de este sistema que, por si no lo habíamos notado por aquella disociación psicótica que nos han inoculado, ya la hemos incorporado hasta considerarla natural.

El capitalismo y su fase superior, el imperialismo, sí que es realmente un sistema contranatura e inverosímil, sólo que, como los daltónicos, hemos tomado por rojo el verde y no procesamos la adulteración.

(La Hojilla, 17/07/2026)

ShareTweetShare

Nuestro Boletín

  • Inicio
  • Estado Español
  • Insurgencias
  • Internacional
  • Artículos
  • Convocatorias
  • Editoriales
  • Publicaciones
  • Referencias y Referentes

No Result
View All Result
  • Inicio
  • Estado Español
  • Insurgencias
  • Internacional
  • Artículos
  • Convocatorias
  • Editoriales
  • Publicaciones
  • Referencias y Referentes