La lucha por la vivienda y la huelga general: reflexiones de coyuntura
Durante los últimos días el problema de la vivienda ha encendido una movilización de masas que se ha iniciado en Madrid y se está esparciendo por todo el Estado. Ayer sábado se produjeron movilizaciones multitudinarias en Girona, Lérida, Palma y Valencia, donde los manifestantes se enfrentaron con valentía a los cuerpos policiales bajo las órdenes del gobierno progresista.
Esta movilización, abierta con la acampada masiva en la Plaza del Sol de la ciudad de Madrid como protesta por el desahucio de Maricarmen, que tuvo lugar pocos días después del suicidio de Olga en Hospitalet de Llobregat, está agudizando la crisis de un gobierno extremadamente debilitado y situado a la defensiva, ante el avance.
A raíz del estallido social, el Gobierno presentó dos decretos leyes, que pese a incluir sobre el papel algunas medidas paliativas como la moratoria sobre los desahucios o la regulación de los alquileres de temporada, en esencia sigue profundizando en la dinámica de proteger y premiar el rentaismo, sin imponer ninguna medida realmente encaminada a revertir esta problema. negocio de la vivienda .
Estos decretos, básicamente diseñados para instrumentalizar en clave electoral la coyuntura y el malestar desatado, fueron tumbados el viernes por el voto negativo de Junts per Catalunya, un partido en caída libre que necesita demostrar que sus siete diputados en el Congreso responderán fielmente a los intereses de aquellos sectores de la burguesía que empiezan a mirar con interés al ascendente convergente. El naufragio de los decretos ha desembocado, finalmente, en la posible convocatoria de unas elecciones generales anticipadas, dentro de un ciclo electoral a nivel global en el que está en juego el colapso de los partidos tradicionales, cuyas bases sociales están virando hacia opciones de extrema derecha ante la destrucción paulatina de sus condiciones de vida y la falta de respuesta por parte de la izquierda.
Más allá del vergonzoso espectáculo del barro parlamentario, la protesta sigue esparciéndose y radicalizándose en las calles, y ya está sobre la mesa la propuesta de una Huelga General. Pero antes de entrar a hablar de esta propuesta, es necesario detenerse a analizar el particular desarrollo de la protesta en Cataluña, y más concretamente en Barcelona.
¿Por qué en Catalunya, que lidera el ranking estatal de desahucios y por qué en Barcelona, que es el epicentro de esta crisis de vivienda y duplica el volumen de ejecuciones de Madrid, la movilización ha tenido desde el inicio una traducción mucho menos intensa? Cataluña se ha conformado históricamente como un marco particular y diferenciado de la lucha de clases, y su proletariado tiene experiencias comunes, pero también distintas respecto al proletariado español, vasco o gallego, como resultado, entre otros, de los procesos políticos y de lucha que ha vivido, que cristalizan en una conciencia política también diferenciada.
En Barcelona nació la PAH y también en Barcelona gobernó durante 8 años a la persona que la fundó y que personificaba todas las esperanzas que este movimiento representaba. En Cataluña se dio un proceso independentista que movilizó a enormes masas de trabajadores que confiaban en lograr un cambio político que implicaría también soluciones en materia de vivienda. En Cataluña ya se han limitado los precios de los alquileres, ya se han hecho propuestas para limitar los pisos turísticos y regular el alquiler de temporada y ya se ha visto, de forma más aguda que en cualquier otro sitio, la materialización concreta de la moratoria sobre los desahucios. Y la situación que se encuentran los trabajadores después de todos estos años y experiencias es que la crisis de la vivienda no ha terminado ni se ha atenuado, se ha agravado.
Cualquier planteamiento que no parta de un análisis de las condiciones concretas de ese marco y estado de conciencia particulares, será erróneo y no producirá avances, sino todo lo contrario. Las prisas por traducir mecánicamente planteamientos y tácticas, sumadas a la improvisación, la fragmentación y la descoordinación que se han visto estos días, desplegadas sin una lectura esmerada de este marco y ese estado de conciencia que nos indica en qué condiciones los trabajadores pueden estar dispuestos a comprometerse, arriesgarse y luchar, sólo servir avanzar posiciones en la lucha de clases a partir de la crisis abierta. Y éste es un potencial que no podemos permitirnos desperdiciar.
La coyuntura es incierta, ya que depende de múltiples factores, pero la lucha por la vivienda debe seguir adelante para arrancar victorias concretas, acumular fuerzas, aumentar la confianza, determinación y conciencia de la clase trabajadora y seguir arrinconando a las fuerzas reaccionarias en el paréntesis que se ha abierto en una coyuntura marcada por su avance. Las jornadas que vienen nos deben servir para avanzar pasos hacia un bloque de clase independiente de la izquierda parlamentaria y reformista, capaz de imponer sus intereses y cerrar el paso a la extrema derecha y el fascismo, frenando la amenaza de políticas aún más lesivas y autoritarias que las actuales sin hacerle el juego al gobierno progresista y los partidos .
En este sentido, debemos tener claro que una huelga general convocada desde fuera de los centros de trabajo, sin una tarea sistemática y generalizada de agitación a las secciones sindicales y las plantillas, y sin una apuesta real por parte de los sindicatos del Estado actualmente hegemónicos (que nunca harán ninguna convocatoria que desestabilize al gobierno, sino que en todo caso la harán para reforzar . Una huelga «simbólica» que no esté basada en la organización y seguimiento de las plantillas, corre el riesgo, además, de desacreditar a los sindicatos de clase que honestamente y genuina buscan la manera de implicar a los centros de trabajo y otorgarles protagonismo en la lucha sobre todos los problemas que afectan a la clase trabajadora.
La huelga es una herramienta y no una finalidad. Y es una herramienta que forma parte del aprendizaje acumulativo y la experiencia de la clase trabajadora. Por tanto, el uso que se haga y su resultado condiciona su uso en el futuro. Cuando los trabajadores perciben un balance positivo, validan esta herramienta, su confianza sale reforzada, las organizaciones sindicales ganan referencialidad y prestigio y aumentan las posibilidades de que futuras convocatorias tengan un mayor seguimiento. Si, en cambio, los trabajadores identifican que la huelga no ha logrado resultados y que han asumido riesgos y costes en vano, lo que ocurre es justo lo opuesto: se desacredita la herramienta de lucha, aumentan las dudas sobre la propia fuerza, las organizaciones convocantes reciben descrédito y los trabajadores se distancian.
Para caminar hacia la convocatoria de una Huelga General es necesario trabajar para que se den las condiciones para que ésta sea efectiva, y éste debe ser uno de los objetivos prioritarios en la actual coyuntura . Los comunistas debemos aprovechar la movilización abierta y la centralidad del problema de la vivienda para introducir la cuestión dentro de todos los sectores y plantillas. Debemos desarrollar una tarea de agitación y trabajo político que sirva para sacar al sindicalismo de la estrechez de la negociación de convenios y conflictos sectoriales o de empresa, ligando la cuestión de la vivienda con la cuestión del salario en la síntesis del problema general de las condiciones de vida. Un trabajo que contribuya a devolver la organización obrera en el ámbito de la producción a la centralidad que le corresponde, perdida en las últimas décadas.
Finalmente, estos días se ha evidenciado la que posiblemente será la lección más importante que debemos atender, y es que la clase dominante tiene muchos partidos, pero los trabajadores no tenemos ninguna .
Todos los partidos del orden parlamentario han hecho intocables, cada uno a su modo, los intereses del rendismo. Todos los partidos de izquierdas que han gobernado en Catalunya, bien a nivel autonómico o municipal, han acabado por ejercer algún grado de violencia inmobiliaria contra los trabajadores.
La lucha por la vivienda debe tomar buena nota de esta realidad y superar un modelo de lucha acotado a las demandas parciales y basado en la dupla calle-institución, donde las movilizaciones de movimientos sociales sin ningún horizonte político claro empujan a que los partidos de izquierda introduzcan reformas institucionales, en un proceso paulatino de reforma favorable a estos movimientos. El resultado concreto de este modelo sólo lleva a comprometerse con medidas cosméticas que quedan desacreditadas por su ineficiencia, la progresiva integración en el marco político establecido y finalmente la desactivación del conflicto y la desafección. Esto se debe a que a medida que el conflicto de la vivienda pasa a un estadio nítidamente político, las estrategias puramente sindical-parlamentarias comienzan a mostrar su agotamiento.
Para salir de esta rueda es necesario desplegar una labor política respecto al problema de la vivienda que vincule esta lucha con la construcción de la alternativa política que necesitamos los trabajadores. Una tarea que explique abiertamente que este problema no tiene solución dentro del actual modelo de sociedad capitalista, que el único horizonte que puede poner la vivienda al servicio de las necesidades humanas es el socialismo y que para caminar hacia ese horizonte es necesario construir una mayoría social trabajadora capaz de hacerse con el poder político . En la coyuntura actual, con la lucha por la vivienda podemos y debemos arrancar mejoras inmediatas para el proletariado, y podemos hacer de estas victorias un incremento en la conciencia, organización y fuerza de nuestra clase, pero sólo podremos hacerlo si vamos a la lucha con unos objetivos y una estrategia claros y ambiciosos, y no para reforzar el gobierno del PSOE.
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La lluita per l’habitatge i la vaga general: reflexions de conjuntura
Durant els darrers dies el problema de l’habitatge ha encès una mobilització de masses que s’ha iniciat a Madrid i s’està escampant arreu de l’Estat. Ahir dissabte es van produir mobilitzacions multitudinàries a Girona, Lleida, Palma i València, on els manifestants es van enfrontar amb valentia als cossos policials sota les ordres del govern progressista.
Aquesta mobilització, oberta amb l’acampada massiva a la Plaza del Sol de la ciutat de Madrid com a protesta pel desnonament de la Maricarmen, que va tenir lloc pocs dies després del suïcidi de l’Olga a l’Hospitalet de Llobregat, està aguditzant la crisi d’un govern extremadament debilitat i situat a la defensiva, davant l’avenç del bloc reaccionari i l’extrema dreta.
Arran de l’esclat social, el Govern va presentar dos decrets llei, que malgrat incloure sobre el paper algunes mesures pal·liatives com la moratòria sobre els desnonaments o la regulació dels lloguers de temporada, en essència continua aprofundint en la dinàmica de protegir i premiar el rendisme, sense imposar cap mesura realment encaminada a revertir aquesta situació insostenible ni atacar l’arrel del problema: els beneficis capitalistes entorn el negoci de l’habitatge.
Aquests decrets, bàsicament dissenyats per instrumentalitzar en clau electoral la conjuntura i el malestar desfermat, van ser tombats divendres pel vot negatiu de Junts per Catalunya, un partit en caiguda lliure que necessita demostrar que els seus set diputats al Congreso respondran fidelment als interessos d’aquells sectors de la burgesia que comencen a mirar amb interès l’ascendent d’Aliança Catalana sobre els votants de l’espai tradicional convergent. El naufragi dels decrets ha desembocat, finalment, en la possible convocatòria d’unes eleccions generals anticipades, dins un cicle electoral a escala global en el qual està en joc el col·lapse dels partits tradicionals, les bases socials dels quals estan virant cap a opcions d’extrema dreta davant la destrucció gradual de les seves condicions de vida i la falta de resposta per part de l’esquerra.
Més enllà del vergonyós espectacle del fangar parlamentari, la protesta continua escampant-se i radicalitzant-se als carrers, i ja hi ha sobre la taula la proposta d’una Vaga General. Però abans d’entrar a parlar d’aquesta proposta, cal aturar-se a analitzar el particular desenvolupament de la protesta a Catalunya, i més concretament a Barcelona.
Per què a Catalunya, que lidera el rànquing estatal de desnonaments, i per què a Barcelona, que és l’epicentre d’aquesta crisi d’habitatge i duplica el volum d’execucions de Madrid, la mobilització ha tingut des de l’inici una traducció molt menys intensa? Catalunya s’ha conformat històricament com un marc particular i diferenciat de la lluita de classes, i el seu proletariat té experiències comunes, però també diferents respecte el proletariat espanyol, basc o gallec, com a resultat, entre d’altres, dels processos polítics i de lluita que ha viscut, que cristal·litzen en una consciència política també diferenciada.
A Barcelona va néixer la PAH i també a Barcelona va governar durant 8 anys la persona que la va fundar i que personificava totes les esperances que aquest moviment representava. A Catalunya es va donar un procés independentista que va mobilitzar enormes masses de treballadors que confiaven a assolir un canvi polític que implicaria també solucions en matèria d’habitatge. A Catalunya ja s’han limitat els preus dels lloguers, ja s’han fet propostes per limitar els pisos turístics i regular el lloguer de temporada i ja s’ha vist, de forma més aguda que a qualsevol altre lloc, la materialització concreta de la moratòria sobre els desnonaments. I la situació que es troben els treballadors després de tots aquests anys i experiències és que la crisi de l’habitatge no s’ha acabat ni s’ha atenuat, s’ha agreujat.
Qualsevol plantejament que no parteixi d’una anàlisi de les condicions concretes d’aquest marc i estat de consciència particulars, serà erroni i no produirà avenços, sinó tot el contrari. Les presses per traduir mecànicament plantejaments i tàctiques, sumades a la improvisació, la fragmentació i la descoordinació que s’han vist aquests dies, desplegades sense una lectura acurada d’aquest marc i aquest estat de consciència que ens indica en quines condicions els treballadors poden estar disposats a comprometre’s, arriscar-se i lluitar, només serviran per acumular més indiferència i frustració i desaprofitar el potencial per avançar posicions en la lluita de classes a partir de la crisi oberta. I aquest és un potencial que no ens podem permetre desaprofitar.
La conjuntura és incerta, ja que depèn de múltiples factors, però la lluita per l’habitatge ha de continuar endavant per arrencar victòries concretes, acumular forces, augmentar la confiança, determinació i consciència de la classe treballadora i continuar arraconant les forces reaccionàries en el parèntesi que s’ha obert en una conjuntura marcada pel seu avenç arreu. Les jornades que venen ens han de servir per avançar passos cap a un bloc de classe independent de l’esquerra parlamentària i reformista, capaç d’imposar els seus interessos i barrar el pas a l’extrema dreta i el feixisme, frenant l’amenaça de polítiques encara més lesives i autoritàries que les actuals sense fer-li el joc al govern progressista i els partits a la seva esquerra.
En aquest sentit, hem de tenir clar que una vaga general convocada des de fora dels centres de treball, sense una tasca sistemàtica i generalitzada d’agitació a les seccions sindicals i les plantilles, i sense una aposta real per part dels sindicats de l’Estat actualment hegemònics (que mai faran cap convocatòria que desestabilitzi el govern, sinó que en tot cas la faran per reforçar-lo), no pot ser una vaga exitosa. Una vaga «simbòlica» que no estigui basada en l’organització i el seguiment de les plantilles, corre el risc, a més, de desacreditar els sindicats de classe que honestament i genuïna busquen la manera d’implicar els centres de treball i atorgar-los protagonisme en la lluita sobre tots els problemes que afecten la classe treballadora.
La vaga és una eina i no una finalitat. I és una eina que forma part de l’aprenentatge acumulatiu i l’experiència de la classe treballadora. Per tant, l’ús que se’n faci i el seu resultat condiciona el seu ús en el futur. Quan els treballadors perceben un balanç positiu, validen aquesta eina, la seva confiança surt reforçada, les organitzacions sindicals guanyen referencialitat i prestigi i augmenten les possibilitats que futures convocatòries tinguin un seguiment major. Si, en canvi, els treballadors identifiquen que la vaga no ha aconseguit resultats i que han assumit riscos i costos en va, el que s’esdevé és just l’oposat: es desacredita l’eina de lluita, augmenten els dubtes sobre la pròpia força, les organitzacions convocants reben descrèdit i els treballadors se’n distancien.
Per caminar cap a la convocatòria d’una Vaga General cal treballar perquè es donin les condicions perquè aquesta sigui efectiva, i aquest ha de ser un dels objectius prioritaris en l’actual conjuntura. Els comunistes hem d’aprofitar la mobilització oberta i la centralitat del problema de l’habitatge per introduir la qüestió dins de tots els sectors i plantilles. Hem de desenvolupar una tasca d’agitació i treball polític que serveixi per treure al sindicalisme de l’estretor de la negociació de convenis i conflictes sectorials o d’empresa, lligant la qüestió de l’habitatge amb la qüestió del salari en la síntesi del problema general de les condicions de vida. Un treball que contribueixi a retornar l’organització obrera en l’àmbit de la producció a la centralitat que li correspon, perduda en les darreres dècades.
Finalment, aquests dies s’ha evidenciat la que possiblement serà la lliçó més important que hem d’atendre, i és que la classe dominant té molts partits, però els treballadors no en tenim cap.
Tots els partits de l’ordre parlamentari han fet intocables, cadascú a la seva manera, els interessos del rendisme. Tots els partits d’esquerres que han governat a Catalunya, bé a escala autonòmica o municipal, han acabat per exercir algun grau de violència immobiliària contra els treballadors.
La lluita per l’habitatge ha de prendre bona nota d’aquesta realitat i superar un model de lluita acotat a les demandes parcials i basat en la dupla carrer-institució, on les mobilitzacions de moviments socials sense cap horitzó polític clar empenyen perquè els partits d’esquerra introdueixin reformes institucionals, en un procés gradual de reforma favorable a aquests moviments. El resultat concret d’aquest model només porta a comprometre’s amb mesures cosmètiques que queden desacreditades per la seva ineficiència, la integració progressiva en el marc polític establert i finalment la desactivació del conflicte i la desafecció. Això és perquè a mesura que el conflicte de l’habitatge passa a un estadi nítidament polític, les estratègies purament sindical-parlamentàries comencen a mostrar el seu esgotament.
Per a sortir d’aquesta roda és necessari desplegar una tasca política respecte al problema de l’habitatge que vinculi aquesta lluita amb la construcció de l’alternativa política que necessitem els treballadors. Una tasca que expliqui obertament que aquest problema no té solució dins l’actual model de societat capitalista, que l’únic horitzó que pot posar l’habitatge al servei de les necessitats humanes és el socialisme i que per caminar cap a aquest horitzó cal construir una majoria social treballadora capaç de fer-se amb el poder polític. En la conjuntura actual, amb la lluita per l’habitatge podem i hem d’arrencar millores immediates per al proletariat, i podem fer d’aquestes victòries un increment en la consciència, organització i força de la nostra classe, però només podrem fer-ho si anem a la lluita amb uns objectius i una estratègia clars i ambiciosos, i no per a reforçar el govern del PSOE a canvi de les enèsimes engrunes.
