En estos días he estado reflexionando sobre los resultados de los procesos de paz, con las guerrillas que se desmovilizaron, se reinsertaron y dejaron las armas. Con estos procesos se cumple, como dice el refrán: ‘el día de la quema se verá el humo’.
Me asaltaron varias preguntas, sobre lo que significan esos procesos para la construcción de la verdadera paz, y el destino actual de esas fuerzas guerrilleras.
La violencia política no ha cesado, las causas que generaron el conflicto social y armado están activas, complejizadas y fortalecidas. No hubo la paz anunciada, fracasó, el país siguió sin cambios, los problemas más sentidos por los colombianos y colombianas se mantienen profundizados.
Historias que se repiten una y otra vez
Las guerrillas que jugaron cierto protagonismo en la vida política del país, lo perdieron y han desaparecido. Las disidencias de las Farc se involucraron más en el narcotráfico. Los que se apartaron de este camino, unos se dedicaron a reconstruir su vida y otros se mantienen activos políticamente, pero sin el protagonismo de otros tiempos. Lo más significativo es la derrota del partido Comunes (Exfarc), que tenía por los Acuerdos de paz del 2016, varios Senadores y Representantes a la Cámara, en las recientes elecciones los votos que obtuvieron no les dio para sacar un congresista.
Una parte del EPL se integraron al Clan del Golfo, unos persistieron sin resultados tangibles, y otros regresaron a la vida civil intentando rehacer su futuro.
Y el M-19 no tuvo mejor resultado. De protagonista a finales del siglo XX, cuando alcanzaron la mayoría de los delegados a la Constituyente de 1991, fueron perdiendo fuerza y el acumulado político desapareció como ‘por arte de magia’. Petro, militante de esta fuerza ganó la presidencia en 2022, apoyado por la lucha y resistencia del movimiento social de los años 2019 y 2021.
Balance político-militar
Aquí me vienen tres preguntas que en mi opinión debemos reflexionar constructivamente.
La primera: ¿por qué fracasaron los procesos de paz?
La segunda: ¿Cuál fue el fin de las guerrillas desmovilizadas?
Y la tercera: ¿Qué nos aportan estas experiencias?
Lo primero es resaltar que los Acuerdos de la paz real con transformaciones, que se presentó como objetivo, en ese entonces, no se cumplió, porque los procesos cambiaron de rumbo, hasta quedar enmarcados en Pacificación adornada con algunas concesiones a los guerrilleros y ausencia de soluciones a los problemas del país, salvo algunas incumplidas por los gobiernos orientados por el expresidente Álvaro Uribe Vélez, de «volver trizas los Acuerdos del 2016”.
La oligarquía y sus gobiernos que la representan, permiten los procesos llamados de paz que no pasen su Línea Roja, es decir, impedir transformaciones políticas, económicas y sociales, que afecten sus privilegios e intereses y que nunca beneficien al pueblo.
Dentro de la concepción de la oligarquía, la Paz es resultado y consecuencia de la aplicación de la fuerza, sometiendo y desactivando la resistencia armada y no conceder cambios sustanciales en el país, ‘para que nada cambie y todo siga igual’, es decir Pacificar, mantener las condiciones para que la élite plutocrática que asaltó el poder y se apropió del Estado, continúe acumulando riqueza y fortalecer su Dictadura.
Doctrina de Seguridad de prácticas genocidas
Por consiguiente, hay que tener muy claro la diferencia entre Paz con transformaciones y Pacificación, cuyo objetivo es la eliminación y destrucción del Enemigo Interno, mediante el genocidio que aplican los fascistas, nazistas y sionistas. Y un caso concreto que lo vivimos el pueblo colombiano fue el de La Violencia, de la década del cincuenta del siglo XX, liderada por el presidente franquista Laureano Gómez y su propósito de eliminar a comunistas y liberales, donde 300 mil colombianos fueron asesinados.
El segundo interrogante: ¿qué pasó con las guerrillas que firmaron los «Acuerdos de paz» y qué hay de ellas? Algunas mutaron y se transformaron en otra cosa contraria, perdieron protagonismo y el acumulado político, otros se olvidaron de la lucha y se refugiaron en vivir su vida personal.
En mi opinión estas organizaciones priorizaron el desarrollo y construcción de fuerza militar, sacrificando el otro componente como fuerza revolucionaria, que es el campo político-ideológico militante; en la relación con la base política prevaleció la utilización, el autoritarismo y prácticas ilegitimadoras, suplantación de las masas, descuidando la formación, la organización de éstas y la construcción de Poder Popular.
(Voces)
