Gobierno Vasco, DIPC e IBM, señalados por mantener vínculos con una red integrada por actores ligados al complejo militar israelí
La permanencia del centro de computación cuántica IBM-Euskadi dentro de la red global de IBM empieza a generar una creciente preocupación en determinados ámbitos vinculados a los derechos humanos, la ética tecnológica, la geopolítica y el estudio de las tecnologías de doble uso. Varias voces consideran necesario abrir un debate público sobre las implicaciones políticas y morales de que una infraestructura financiada con fondos públicos participe en una red tecnológica internacional integrada por actores estrechamente vinculados al complejo científico-militar israelí. Todo ello mientras Gaza sigue siendo escenario de una devastación masiva denunciada por organismos internacionales.
La polémica sitúa directamente en el centro del debate al lehendakari Imanol Pradales; al consejero de Ciencia, Universidades e Innovación, Juan Ignacio Pérez Iglesias; al director científico de BasQ, Javier Aizpurua; al presidente del DIPC, Pedro Miguel Etxenike; y a los responsables de IBM para el sur de Europa, especialmente Horacio Morell y Mikel Díez.
A todos ellos se les empieza a exigir públicamente una respuesta clara: o rompen relaciones con el ecosistema tecnológico israelí o asumirán la responsabilidad política y moral de seguir cooperando con una estructura estrechamente conectada con la maquinaria militar de Israel.
Donostia, integrada en la misma red que empresas ligadas al aparato militar israelí
El centro IBM-Euskadi no opera de manera aislada. Forma parte de la IBM Quantum Network, una red global donde no solo se comparte infraestructura, software, algoritmos y conocimiento científico, sino también capacidad efectiva de computación cuántica en red y en tiempo real entre los distintos nodos integrados en el ecosistema IBM. Esto implica que instituciones, laboratorios y empresas estrechamente vinculadas al complejo tecnológico-militar israelí acceden y operan dentro de la misma arquitectura tecnológica global de la que forma parte el nodo donostiarra.
En esa misma red participan IBM Research Haifa, el centro QUEST de la Universidad Bar-Ilan y startups israelíes como QEDMA y Classiq Technologies, fundadas y dirigidas por antiguos miembros del programa Talpiot, unidad de élite de las Fuerzas de Defensa de Israel dedicada al desarrollo de perfiles científicos y tecnológicos para aplicaciones estratégicas y militares.
IBM mantiene además relaciones directas de financiación e integración tecnológica con estas compañías. Parte del software utilizado por el nodo donostiarra —incluido Qiskit— se desarrolla precisamente desde IBM Research Haifa por personal procedente de ese ecosistema militar-tecnológico israelí.
El caso de Amir Naveh, antiguo coronel de inteligencia israelí y comandante del programa Talpiot antes de convertirse en fundador de Classiq Technologies, simboliza la absoluta porosidad existente entre la investigación civil y el aparato militar israelí.
No hay neutralidad posible
La cuestión ya no puede esconderse detrás del discurso de la “neutralidad científica”.
La Corte Internacional de Justicia consideró plausible en 2024 que Israel estuviera cometiendo actos de genocidio en Gaza. La Corte Penal Internacional emitió órdenes de arresto contra Benjamin Netanyahu y Yoav Gallant por presuntos crímenes de guerra y de lesa humanidad.
A pesar de ello, el Gobierno Vasco, el DIPC y BasQ continúan manteniendo una alianza estratégica con IBM dentro de una red tecnológica donde participan actores directamente vinculados al complejo militar israelí.
Cada vez resulta más difícil sostener que compartir infraestructura tecnológica, conocimiento científico y desarrollos avanzados con empresas y laboratorios ligados al aparato de defensa israelí constituye una actividad políticamente neutra.
La computación cuántica no es una tecnología inocente. Sus aplicaciones abarcan criptografía, inteligencia artificial, simulación avanzada, comunicaciones estratégicas y desarrollo de capacidades militares de nueva generación. Israel Aerospace Industries, uno de los gigantes armamentísticos del país, participa directamente en el desarrollo del programa cuántico israelí y reivindica públicamente su valor para “ganar en los campos de batalla del futuro”.
El silencio institucional empieza a ser insostenible
Las preguntas dirigidas a las instituciones vascas son ya demasiado concretas para seguir siendo ignoradas.
¿Conocía el Gobierno Vasco las conexiones existentes entre IBM y el ecosistema militar israelí cuando impulsó este proyecto?
¿Piensan Imanol Pradales y Juan Ignacio Pérez Iglesias seguir financiando con dinero público una infraestructura integrada en esa red?
¿Va Javier Aizpurua a explicar públicamente qué garantías existen para impedir que el conocimiento generado desde Euskadi termine reforzando tecnologías de doble uso vinculadas al aparato militar israelí?
¿Piensa Pedro Miguel Etxenike pronunciarse sobre el papel del DIPC dentro de esta estructura global?
¿Va IBM a reconocer públicamente sus vínculos con startups y desarrolladores procedentes del programa Talpiot?
El silencio mantenido hasta ahora por las instituciones puede interpretarse como consentimiento político.
Por la ruptura inmediata de relaciones
La presión creciente alrededor del caso apunta ya hacia una reivindicación concreta: la ruptura de relaciones institucionales, científicas y tecnológicas con el ecosistema israelí integrado en la IBM Quantum Network.
Las demandas incluyen:
- revisar inmediatamente los acuerdos entre IBM y las instituciones vascas;
- suspender la cooperación con nodos y empresas vinculadas al complejo militar israelí;
- establecer mecanismos públicos de transparencia y control sobre el uso de tecnologías de doble uso;
- y abrir un debate social sobre la responsabilidad ética de las infraestructuras científicas financiadas con dinero público.
Para muchos sectores críticos, la cuestión profesional y académica es ya imposible de separar del contexto político internacional. Seguir cooperando con redes profundamente conectadas con el aparato científico-militar israelí mientras Gaza continúa bajo destrucción masiva supone, afirman, contribuir a normalizar y legitimar un ecosistema tecnológico asociado a la guerra, la ocupación y la violencia sionista.
