Las elecciones están siendo un buen marco para que las poblaciones atemorizadas (cuando no aterrorizadas) por las crisis y el futuro acudan a la derecha buscando su salvación. Es cierto que no hay una elección igual a otra y que la coyuntura de cada país dictamina lo que ocurre en los procesos electorales, pero la tendencia es inequívoca: la derecha gana porque provoca y maneja los miedos con todos los medios (que no son pocos) a su alcance.
Así, en esta semana que acaba, tres países muy dispares, en tres continentes diferentes, acudieron a las urnas, y el resultado fue similar. En Nueva Zelanda desalojaron a la socialdemocracia (otra forma de practicar la derecha) del gobierno, en Ecuador no permitieron que volviera el progresismo, el llamado «correísmo», y en Polonia el duelo entre la derecha europeísta y proestablishment derrotó a la extrema derecha populista. Un panorama desolador que no matiza el alto número de personas que deciden no participar en las elecciones.
Lo realmente notorio es el programa económico con el que acuden a las urnas. En el caso de Polonia y Nueva Zelanda los principales partidos llevaban el mismo: capitalismo sin piedad. En Ecuador aun se recuerda el acuerdo con multinacionales extravistas de recursos al que llegó el gobierno de Rafael Correa (hoy representado por Luisa González). Es decir, las diferencias entre unos y otros son pocas, y se acaba recurriendo a glorificar al candidato o candidata que, al ser posible, debe mostrar su respeto a los poderes.