Trump es la consecuencia de una época donde el poder económico necesita títeres La pléyade de dirigentes que pueblan el mundo tienen en el tal Trump una representación perfecta. La nulidad intelectual, el insulto, los aspavientos, la provocación, el matonismo… son sus lugares comunes.
El poder se divierte teniendo en sus nóminas a gobernantes que adjetiva como «populistas» para distraer entre chistes y chascarrillos el avance del fascismo, la quita de derechos y la provocación permanente a los que ellos califican como el «eje del mal» y que su coro mediático confirma para alimento toxico de las masas. Trump es el eclipse, la falta de luz a los pueblos es el objetivo de sus mentores. Él apenas pone el rostro pero esa imagen no enseña, sin embargo, quién lo maneja. Creer que con unas simples gafas podremos superarlo y participar del show del sistema, no solo es ingenuidad y derrotismo, sino una invitación a la inacción. Exactamente lo que su perfil quiere.
