El blanqueo del agitador ultraderechista por parte del jefe de Estado español posiblemente no habría pasado a mayores si no hubiera sido porque el ministro Oscar Puente calificó la escena de «ignominia» en X, retuiteando a un usuario que pedía la República. Si pensamos que Negre difundió una foto de la hija de 17 años de Puente sugiriendo que se trataba de una amante —y fue multado por ello con 5000 euros por la Agencia de Protección de Datos—, se entiende mejor la específica reacción del ministro que ha llevado a la derecha política y mediática a romperse la camisa y a denunciar que existe un plan por parte de Pedro Sánchez para derribar a la monarquía (ojalá fuera cierto todo lo que dice la derecha de Pedro Sánchez).
En todo caso, el suceso con la hija menor de edad de Puente es tan solo un ítem más de un largo currículum de infamias, bulos y delitos que atesora Javier Negre. Por supuesto, la condena en 2019 por inventarse una entrevista en El Mundo y coaccionar a la protagonista, pero también los seis procedimientos perdidos contra el portavoz de Facua, Rubén Sánchez, por distintas mentiras y difamaciones, la difusión del vídeo en el que su subordinado, Vito Quiles, vejaba a una mujer con discapacidad y por la cual la Fiscalía le pide un año y medio de prisión y cinco de inhabilitación, el acoso a un mantero durante el confinamiento sin respetar la distancia de seguridad, la grabación ilegal de menores en un centro de acogida de Melilla y el atropello a tres de ellos al huir, el acompañamiento y cobertura a diferentes neonazis que acosaron a la familia de Pablo Iglesias e Irene Montero en la puerta de su domicilio, el señalamiento a la periodista de La Sexta Irene Rupérez o la amenaza a la periodista Esther Yáñez. La hoja de servicios del compañero de selfie de Felipe VI es, sin duda, extensa.
Uno podría pensar que el rey se fotografía con todo el mundo, que simplemente no sabía quién era este tipo o que fue un error. Sin embargo, cualquiera que conozca el esmero con el que la Casa Real prepara las escasas y elegidas apariciones públicas del monarca sabe que esa hipótesis es imposible. Pero es que, además, si fuera así, estaríamos hablando de un importante nivel de incompetencia que obligaría a la preocupación y también a una petición de disculpas por parte de Felipe VI al conjunto de la profesión periodística a la que humilla haciéndose esa foto. Desde luego, la versión del propio Javier Negre es directamente la contraria. Según él, ha hablado varias veces con Felipe VI, se comprometió a algo con él en la toma de posesión de Keiko Fujimori y, en Colombia, al volver a verlo, le recordó entre risas su compromiso. «Los responsables de la Casa Real que me acompañaban permitieron que le saludase sabiendo perfectamente quien era, así como denegaron que se acercasen otras personas por motivos varios», explica Negre en X.
Puede parecer que esto es muy difícil de tragar, pero, en realidad, se trata de una operativa bastante normal por parte de Felipe VI para cualquiera que haya seguido su relación con los medios ultras en los últimos años. Pensemos que el Borbón ya ha inaugurado en dos ocasiones el foro empresarial privado ‘Wake Up, Spain!’ que organiza Pedro J, ha presidido en dos ocasiones el aniversario del periódico La Razón, junto al ‘príncipe de las tinieblas’ Mauricio Casals y el multi-imputado José Creuheras, y ha recibido en el palacio de la Zarzuela durante 45 minutos a toda una delegación de OKdiario encabezada por Eduardo Inda (quien, por cierto, había publicado los audios de Bárbara Rey tan solo un año antes).
La foto con Javier Negre no es ni una anécdota ni un error. Es la decisión consciente por parte de Felipe VI de otorgar la mayor legitimidad y la total carta de naturaleza institucional no ya a la extrema derecha si no más específicamente a la corrupción periodística. Es una política decidida y planificada de la Casa Real para transmitir públicamente que Javier Negre, Vito Quiles o Eduardo Inda deben ser tratados como periodistas en pie de igualdad con el resto del gremio. Los profesionales del periodismo de verdad deberían tomar nota del repetido escupitajo que el jefe del Estado les lanza periódicamente a la cara.
Y eso sin entrar en el campo político y delincuencial. No solamente Javier Negre es un operador destacado de la extrema derecha latinoamericana y ahora también estadounidense para proteger e intentar llevar a los gobiernos a las peores versiones del fascismo neoliberal del siglo XXI, es que, además, se trata de un personaje que ha sido condenado por inventar una entrevista, que ha perdido nada menos que seis procesos judiciales contra el portavoz de Facua, Rubén Sánchez, que ha sido amonestado dos veces por la AEPD y que, apenas antes de ayer, vio como su socio y cofundador de La Derecha Diario, Fernando Cerimedo, era detenido en Bolivia por presuntamente haber encargado el asesinato de su exmujer. Además de arrastrar por el fango la dignidad de la profesión periodística, el tipo con el que Felipe VI decidió hacerse una foto entre risas es un delincuente y una amenaza para la democracia.
