Hace dos sábados, el 19 de septiembre, se celebró el enlace de los hijos de dos importantes empresarios catalanes, José Creuheras, presidente del grupo editorial y mediático Planeta (Antena 3, La Sexta, La Razón), y Xavier Pujol, presidente de la empresa de componentes del automóvil Ficosa. El perfil de ambos explica sobradamente la asistencia de un buen número de figuras del mundo financiero y empresarial catalán y español. Especialmente del primero, aunque la presencia de invitados de Madrid fue notable.
Tras la ceremonia religiosa, en Torroella de Montgrí (Baix Empordà) y a la que acudió Salvador Illa, los asistentes ya sin el president acudieron a una finca propiedad del padre de la novia en Ermedàs, a pocos kilómetros y en la misma comarca. Allí, bajo una enorme carpa, más de 600 personas participaron en el banquete.
Y fue durante esa celebración, concretamente entre el segundo plato y el postre, cuando se produjo la anécdota. El padre del novio protagonizó un ejercicio de transparencia profesional y política poco usual. Creuheras, micrófono en mano, mostró en una larga intervención su alegría por el enlace y a la vez resaltó la relevancia de alguno de los invitados.
El momento culminante llegó cuando, situado frente a una de las mesas, quiso celebrar a alguno de sus integrantes. Allí estaban Ana Botín, la presidenta del Santander y su esposo, Guillermo Morenés; Ángel Corcóstegui, durante años uno de los máximos dirigentes de ese banco y ahora financiero con su propia sociedad; Cristina Álvarez, presidenta de El Corte Inglés, y no por nombrarlo al final menos importante, Alberto Núñez Feijoó, presidente del PP, junto a su esposa y su hijo.
Creuheras agradeció a Botín la ayuda de su banco, sus créditos, en días en los que Planeta atravesó momentos críticos para su solvencia tras la pérdida de valor de varias de sus inversiones en plena crisis financiera, entre ellas un paquete del Banc Sabadell.
Y a continuación presentó a Feijóo como el protagonista de un inminente cambio de ciclo político en España: “El futuro presidente del gobierno español”. En ese instante, un par de integrantes de la mesa se puso en pie y, aplaudiendo, comenzó a corear “presidente, presidente”. Por unos segundos, la consigna pareció prender entre parte del resto de los presentes, cuando algunas mesas se sumaron al “presidente, presidente. Pero la mecha se extinguió rápido. “Máximo 100 o 150 personas”, durante unos 20 segundos”, han señalado a este diario varios de los invitados, que se quedaron atónitos. “Una minoría”, coinciden los consultados. En cualquier caso, suficiente para que la anécdota no haya gustado en la Generalitat, aunque le quita hierro destacando que Creuheras no dijo nada de Catalunya.
Manuel Pérez
lavanguardia
