Era el máximo responsable de la lucha contra la droga en la provincia de Segovia. Y el subteniente Miguel Ángel Barbero era también, según las investigaciones de sus compañeros de la Guardia Civil, un narcotraficante. Desde finales de septiembre está en prisión acusado de tráfico de drogas, cohecho, descubrimiento y revelación de secretos, y pertenencia a grupo criminal.
El canal de investigación y sucesos de Prensa Ibérica ha accedido al atestado de la Guardia Civil que refleja la investigación, con fotos y grabaciones, que le ha llevado a la cárcel junto a tres presuntos narcos de la provincia. En ese informe, de más de 600 folios, aparece el subteniente Barbero reuniéndose con un narcotraficante segoviano e incluso entregando personalmente cocaína a un comprador. Las pesquisas se inician investigando a un narco llamado Gustavo que consigue droga en Madrid para venderla en Segovia.
Reunión
El subteniente de la Guardia Civil habría sido intermediario entre ese narco local y un comprador llamado David con el que llegaba a negociar los precios y las cantidades de cocaína. El informe recoge que el jefe antidroga de la Guardia Civil en Segovia intervino de forma «directa en distintas fases de las operaciones de compraventa de sustancias estupefacientes» y que «habría aprovechado tanto la utilización de vehículos oficiales camuflados como el propio desempeño de sus funciones profesionales para justificar los encuentros mantenidos con los investigados».
En casa del narco
El jefe antidroga habría llegado incluso a entregar «muestras» de cocaína al comprador y luego habría recogido el dinero para dárselo al narco local. Asi, el atestado recoge imágenes grabadas el 29 de mayo de 2026 en las que se ve al jefe de la Guardia Civil salir de casa del narco y reunirse en el camino situado en la carretera A-601, cerca de Carbonero el Mayor (Segovia) con el comprador de la droga.
Los agentes afirman que el subteniente entrega la «supuesta muestra de sustancia estupefaciente» al comprador. La secuencia de las imágenes muestra al guardia civil salir del coche y situarse junto al cliente. Luego, «saca las muestras de sustancia estupefaciente de uno de los bolsillos de la parte izquierda de su pantalón». El informe concluye que el comprador de la droga «examina» esas muestras de cocaína y luego «se introduce dentro de su pantalón en la zona de los genitales las muestras recibidas» del oficial de la Guardia Civil.
Las grabaciones realizadas en los coches y el domicilio de alguno de los implicados también revelan el grado de implicacion del subteniente Barbero. Así, a un comprador le ofrece entregarle una «muestra» de droga mientras le advierte que «están cayendo (otros traficantes) como chinches en Madrid», lo que hace subir el precio de la cocaína.
El «jamón»
Uno de los implicados tiene un negocio de venta de jamones, de forma que el subteniente le instruye sobre cómo tiene que hablar con él cuando le llame para adquirir droga. «Me dices: oye, vente a por el jamón… A por un (ininteligible) Vente a por un jamón que te tengo preparado».
El uso de jamón como palabra clave para no nombrar la cocaína se repite cuando el guardia civil habla con el narco que le entrega la droga y para él que el hace de intermediario, según el informe. «Me debes… dos pelotas de jamón. ¿Me has oído?», le recuerda el subteniente al narcotraficante, que responde: «Sí, sí te lo debo». El oficial antidroga concluye: «a ver cuándo te sale de la polla pagármelo».
Bases de datos
La investigación reveló también que el jefe antidroga de Segovia pudo utilizar una treta para tratar de proteger y blindar a sus compinches. El informe recoge que el subteniente Barbero dio de alta en las bases de datos de la Guardia Civil a las empresas y coches de los narcos y compradores como posibles objetivos investigados en una operación antidroga que él estaba dirigiendo. Si otra unidad de la Guardia Civil iniciaba otra investigación sobre ellos, el subteniente lo sabría al instante.
De esa forma, subrayan los investigadores de Asuntos Internos, el subteniente tendría «conocimiento de las investigaciones externas que pudiera haber en curso sobre estas entidades y conocer así si estas personas forman parte de operaciones o investigaciones de otras unidades del Cuerpo o externas».
El Porsche
Una de las fijaciones del subteniente era que los implicados en la trama pasaran desapercibidos y no «cantearan», es decir, no llamaran la atención por su alto nivel de vida. En ese sentido, una grabación incluida en el sumario muestra su enfado cuando uno de los integrantes de la trama le anuncia que va a comprarse un coche, un Porsche Panamera, valorado casi en 100.000 euros.
Coche
-«¿No puedes ir en un 600? ¿En un coche normal, en…? esto, te tienes que comprar un Panamera», le reprocha el guardia civil.
El narco responde: «A mí me gustan los coches hostias, otros se lo gastan en una casa, yo en un coche».
Pero el jefe antidroga le insiste: «Es que tú te lo gastas en una casa, en un terreno, en una piscina, en un coche…y… Pasa un poco desapercibido, cabrón».
No tuvo mucho éxito. Y poco después el oficial de la Guardia Civil volvió a regañar al mismo comprador del Porsche, un hombre llamado David que ahora también está en prisión.
«Te andas canteando. La gente no entiende… las zapatillas que llevabas el otro día valen una pasta, unas zapatillas de ochenta euros. Mira cómo voy yo».
El narco responde: «Cague en Dios, si las lleva me cague en Dios aquí en este pueblo todo el mundo»…
El subteniente le insistió una vez más: «Te estás canteando tío. No te cantees tanto. Hazme caso».
No tuvo éxito.
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