Inacio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro, los dos candidatos que disputan la posibilidad de ganar en la votación de este domingo hicieron campaña el sábado en el poderoso estado de Sao Paulo, donde se concentra una quinta parte del voto del país, con el objetivo de movilizar a sus simpatizantes y convencer a los indecisos en la víspera de las elecciones.
Lula les dijo a sus simpatizantes cerca de la Avenida Paulista, la principal arteria de Sao Paulo, que estas elecciones representan una batalla existencial por el futuro de la nación.
El año pasado, el Supremo Tribunal Federal de Brasil condenó a Jair Bolsonaro a 27 años de prisión por intentar un golpe de Estado tras su derrota electoral de 2022 frente a Lula.
El equipo de Lula ha presentado repetidamente a Flávio Bolsonaro como una amenaza para la soberanía de Brasil, al señalar su cercanía con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. El año pasado, el mandatario estadounidense impuso un arancel del 50% a las importaciones brasileñas debido al juicio contra Jair Bolsonaro, que Trump calificó de “cacería de brujas”.
Esta contienda es vivida con particular expectativa en la región dado el avance de gobiernos de derecha en América Latina, con los sectores denominados progresistas alertando sobre lo que significaría la pérdida del gobierno con ese signo en el país más grande de Sudámerica, que dejaría en ese esquema solamente a los gobiernos de México y de Uruguay.
Los brasileños también elegirán el domingo a representantes estatales y federales, así como a gobernadores y a algunos senadores.
Doce candidatos figuran en la boleta presidencial, pero se considera que solo Lula y Bolsonaro tienen una posibilidad real de convertirse en el próximo jefe de Estado de Brasil. Si ningún candidato obtiene más del 50% de los votos, los 2 primeros pasarán a una segunda vuelta el 25 de octubre.
