«Tenemos un problema de gran orden mundial con los movimientos migratorios. Hoy, en el tercer mundo, prácticamente todos tienen un teléfono móvil aunque sean extremadamente pobres. Esto no va a parar. Con un teléfono móvil están viendo que sus hijos y ellos en dos horas, en tres días, en una semana de travesía, aunque se jueguen la vida, su vida va a cambiar»
Horas antes había aplaudido al Papa con un discurso diferente. La memoria la dejó en el olvifo. Su electorado la sigue (de momento) cual Mesías.
