El comunicado que ayer difundió la Cancillería venezolana en el que se anunciaba la autorización por parte del Gobierno encargado de un «simulacro de evacuación ante eventuales situaciones médicas o contingencias catastróficas» por parte de EE. UU., que implica el sobrevuelo de aeronaves estadounidenses en Caracas durante este sábado 23 de mayo, ha provocado rechazo entre amplios sectores del chavismo. El recuerdo del 3 de enero, los bombardeos estadounidenses que asesinaron a más de 100 personas, además del secuestro del presidente Nicolás Maduro y Cilia Flores, está todavía fresco. Realizar esas maniobras, un ejercicio militar inaudito por otra parte, se interpreta en Venezuela como una provocación más del Gobierno de Donald Trump, con un Marco Rubio que se permite, en paralelo, anunciar la agenda de viajes internacionales de Delcy Rodríguez antes de que ella se haya pronunciado sobre un posible viaje a la India la próxima semana.
Pero es que, además, las maniobras militares de EE. UU. en Venezuela coinciden con un crescendo en la ofensiva contra Cuba que, sólo esta semana, ha sumado a la asfixia económica y el cerco petrolero una imputación por asesinato a Raúl Castro y cinco miembros de las FAR por hechos de hace 30 años en los que Cuba no hizo más que defenderse legítimamente. Además de las reiteradas declaraciones de provocación este 20 de mayo, EE. UU. ha dado otro paso más con el desplazamiento del portaaviones USS Nimitz al Caribe, apuntando a la isla. Los paralelismos con el escenario previo al secuestro de Nicolás Maduro son evidentes y los temores a que todo lo anterior pudiera formar parte de una misma operación, también.
Es muy grave todo lo que está haciendo EE. UU. en sus estertores como potencia hegemónica, así como la impunidad del imperialismo estadounidense en América Latina y el Caribe, mientras el mundo mira de soslayo, entre la indiferencia, la incredulidad o la impotencia. Trump y Rubio no sólo quieren dominar a los países para hacer negocio sino también humillarlos anulando su soberanía y, en el caso del secretario de Estado, saldar cuentas con sus traumas personales, al costo que sea. El peligro de una intervención en Cuba es real, aunque el resultado puede ser catastrófico para EE. UU., como en Irán. Nadie previó el actual escenario venezolano. Quizás tampoco podamos prever el cubano. Me atrevo a decir que quizás ni siquiera EE. UU. lo puede intuir. Los próximos días pueden ser decisivos…

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