Hugo Cancio
Tu escrito, envuelto en un manto de paz y reconciliación, es la maniobra más peligrosa y cínica que puede articular un contrarrevolucionario cuando ya no puede vencernos por la fuerza bruta. Hablas de un «pacto nacional» como si la Patria fuera una empresa en quiebra que se reparte entre accionistas, y no la trinchera de dignidad que es. Tu «día después» es la fantasía húmeda del imperio: el día en que Cuba se rinda. Y eso, Cancio, no llegará jamás.
Describes a Cuba como un cadáver económico al borde del abismo, borrando de un plumazo sesenta años de bloqueo genocida. No es nuestra infraestructura la que está «agotada» por el socialismo; está asfixiada por el garrote imperialista. Hablas de hospitales heroicos y economía insuficiente como si fueran fallos genéticos del sistema, y no heridas de guerra infligidas por las mismas políticas gracias a las cuales lucras. No hay «crisis nacional» abstracta: hay una guerra económica contra un pueblo que eligió ser libre.
Esa es la estafa clásica del opresor cuando huele que su botín se le escapa. Aquí sí hubo vencedores y vencidos. El 1ro de enero de 1959 venció el pueblo humilde, los descendientes de esclavos, los guajiros analfabetos, los obreros explotados. Y fueron vencidos los latifundistas, los esbirros de Batista, los proconsules yanquis… y los que se fueron a Miami esperando la restauración. No hay simetría moral posible. Tu «pacto» pretende que los verdugos y las víctimas se sienten a negociar olvidando la sangre de Girón, los mártires del terrorismo de Estado fabricado por la CIA, y el sufrimiento de un pueblo bloqueado. Pretendes que el esclavo le pida perdón al amo. Eso no es reconciliación; es rendición.
Hablas de una diáspora que no debe regresar «como conquistadora, sino como constructora». La hipocresía es nauseabunda. Esa diáspora que financió la Ley Helms-Burton, que aplaudió cada tornillo de Trump, que celebra cada sancionazo que mata a un niño en un hospital, no tiene autoridad moral para regresar con «humildad». La humildad se demuestra luchando contra el bloqueo, no usándolo como ariete para luego presentarse como salvadores. El cubano que se quedó no es un sujeto pasivo que «sobrevivió» y a quien ustedes vienen a «ayudar»; es el resistente, el héroe anónimo que mantuvo abiertas las escuelas y los consultorios mientras ustedes rogaban por una invasión.
Dices que hay que «garantizar la continuidad de los servicios esenciales» mientras el país avanza hacia una «nueva realidad económica y política». Traduzco del idioma diplomático al revolucionario: quieres usar la infraestructura que el socialismo creó (los hospitales, las escuelas, el capital humano) para desmantelar el socialismo sin que el pueblo se rebele. Quieres un interregno donde se mantenga la paz social —es decir, la pasividad de las masas— mientras los «emprendedores» y el capital extranjero vienen a privatizar y a convertir la salud y la educación en un negocio. Eso no es un pacto nacional; es un plan de choque neoliberal para que el sufrimiento del bloqueo lo capitalicen ustedes.
La Revolución Cubana es el único pacto nacional legítimo. Un pacto de los humildes, por los humildes y para los humildes. Un pacto que dice que la salud y la educación no se venden; que la tierra es del que la trabaja; que la soberanía no se negocia ni con el imperio ni con sus lacayos. Ustedes, los que añoran el «día después», no ofrecen un pacto: ofrecen un retorno al «día antes». El día del Club Náutico para blancos, de los prostíbulos para turistas yanquis, del analfabetismo y el cañaveral como destino eterno.
Aquí no hay espacio para la equidistancia de los mercaderes. Aquí hay un bando: el de la Patria, el del Comandante Fidel, el de Raúl, el de Díaz-Canel. Y hay otro bando: el del imperio, el de los anexionistas, el de los que lucran con el hambre de su pueblo.
No habrá pacto para desmantelar la nación. La respuesta a tu propuesta no es una mesa de diálogo, es la trinchera de ideas y la firmeza revolucionaria. La juventud que hoy emigra no lo hace por el socialismo, sino por la asfixia que como dije más arriba es con la que los de tu calaña lucran. Y cuando el bloqueo caiga, porque caerá, veremos quiénes son los que realmente aman a Cuba.
¡Patria o Muerte! ¡Venceremos!
- Respuesta de Alejandra Guevara a la columna del capitalista y contrarrevolucionario Hugo Cancio en el medio de su propiedad: OnCuba
