Los almacenes mundiales de petróleo están perdiendo rápidamente el colchón que ha permitido contener el impacto de la crisis en Oriente Próximo. El bloqueo del estrecho de Ormuz y la ausencia de un acuerdo entre Estados Unidos e Irán por falta de cálculo de la administración Trump para poner fin al conflicto están dificultando la salida de crudo del Golfo y obligando al mercado a recurrir cada vez más a las reservas acumuladas.
Según el último informe de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), los inventarios mundiales se redujeron en 410 millones de barriles entre finales de febrero y julio, un descenso equivalente al 5% de las existencias previas a la guerra. La retirada supone un ritmo medio de unos 2,7 millones de barriles diarios. Por primera vez desde abril de 2025, las reservas han caído por debajo de los 7.900 millones de barriles.
La situación se explica por la dificultad para sacar petróleo de la región. Aunque los países del Golfo incrementaron su producción en 2,5 millones de barriles diarios durante julio, las exportaciones se desplomaron a medida que se complicaba el tránsito por Ormuz. Los envíos, que llegaron a rondar los 20 millones de barriles diarios a principios de mes, bajaron hasta unos 12 millones al cierre de julio.
El mercado también ha empezado a consumir las reservas estratégicas. Los países miembros de la AIE ya han liberado unos 300 millones de los 400 millones de barriles comprometidos para aliviar la escasez. Estas reservas fueron concebidas precisamente para afrontar interrupciones graves del suministro, pero su función es temporal y no pueden sustituir indefinidamente al petróleo que deja de llegar al mercado.
La advertencia de la AIE es clara: “Los colchones que estaban disponibles se están agotando rápidamente”. Y el problema empieza a trasladarse de los mercados de crudo a los productos refinados, como gasolina, gasóleo y queroseno, cuya disponibilidad puede verse comprometida si la interrupción del suministro se prolonga.
El escenario podría aliviarse si se normaliza el tráfico por Ormuz y se produce una desescalada del conflicto. Pero mientras eso no ocurra, el mercado dispone de cada vez menos reservas para absorber nuevas interrupciones, aumentando el riesgo de que la tensión sobre el suministro termine traduciéndose en precios más elevados y mayor presión sobre la economía mundial.
