YLDEFONSO FINOL. Burguesía

La palabra burguesía, comentada en un programa de la televisión pública por un ministro, ha generado polémica recientemente entre algunos militantes chavistas. También un empresario de encuestas con rango de constituyente ha afirmado en su propio programa en una televisora privada, que “el socialismo se hace con capitalistas”.

Un amigo sindicalista me pasa estas noticias por teléfono con la invitación a “abrir el debate”. No creo que sea posible ningún debate, porque el debate es un diálogo entre iguales, en igualdad de condiciones. Quienes carecemos de esos espacios y de ese poder no tendremos posibilidad alguna de incidir en la reflexión sobre los temas planteados.

Pero lo que no puedo es eximirme de responderle a mi compañero, en una discusión que toca la médula de la lucha que abrazamos desde muy jóvenes y que pasa por una encrucijada histórica especial; tanto así, que la polémica teórica pública, podría lucir inoportuna.

He aquí mis aportes sobre categorías que debieron ser esclarecidas tempranamente, sin embargo, fueron pospuestas o evadidas. Una de mis mayores angustias estos casi veinte años de gobierno bolivariano ha sido constatar cotidianamente el bajo interés en la formación política de la militancia, y, simultáneamente, la falta de definiciones ideológicas y conceptuales, donde cualquier repetición de frases hechas y menjurjes discursivos cuasi religiosos, han sustituido la elaboración científica.

II

Al más alto nivel de dirección, hemos escuchado frecuentemente que se habla del “Estado burgués”, pero nunca se aclaró qué se entendía como tal. En ocasiones vimos ministros y líderes partidistas confundir el tal “Estado burgués” con la descentralización, con la existencia de gobiernos estadales y municipales, como si la división político-territorial determinara el carácter clasista del aparato institucional dominante. Tremenda confusión que además desautorizaba a sus voceros una vez que les tocaba asumir alguna de esas instancias de poder, y dejaban de cacarear.

Todavía hoy en septiembre de 2018 no creo que se tenga clara esta categoría, que los clásicos del marxismo, particularmente Lenin, habían definido con meridiana luminosidad hace más de un siglo.

No resuelve la ecuación que el Estado sea propietario de bienes de capital fundamentales, porque es sabido que en otras épocas y latitudes se han establecido esquemas de capitalismo de Estado. Tampoco basta que ese Estado haga una distribución socialmente sensible de la renta nacional, porque podría tratarse de simple asistencialismo o incluso, amagues tropicales del llamado “Estado de Bienestar”, amoldamiento acomodaticio del capitalismo nacido como huida hacia adelante frente a los triunfos comunistas de comienzos del siglo XX en Europa.

Mientras las relaciones de producción dominantes sean de orden capitalista, y las instituciones, aunque estén en manos de un proyecto revolucionario, no sean capaces de modificar sustancialmente las relaciones de explotación del trabajo por el capital, estaremos en presencia de un Estado burgués.

Miremos, con dos preguntas sencillas, dos ejemplos: 1) ¿a qué clase pertenecen las personas que pagan condenas en las cárceles del país?, y 2) ¿a qué clase pertenecen los mayores beneficiarios del acceso a los dólares que ingresan al país por el negocio petrolero?

III

Productores. La confusión ideológica parece complicarse cuando constatamos a diario que se sigue usando la palabra “productores” para referirse a los propietarios del capital. Hablan de “sectores productivos” cuando convocan reuniones gubernamentales con empresarios, comerciantes, banqueros o terratenientes. Vaya paradoja más insólita que un proyecto autocalificado de socialista olvide que quien produce valor es la clase trabajadora que transforma con su energía materias primas e insumos en productos útiles y servicios.

Esta desviación encierra un grave error de origen en toda la fórmula del modelo, y tira al cesto un siglo de ciencia económica con Smith, Sismondi y –el colmo- Marx.

Renta. Se acuñó casi como un dogma que los ingresos petroleros venezolanos son “una renta internacional que nadie produce”. Craso disparate que asume el concepto más reaccionario de renta, como si el petróleo tuviese un valor esotérico intrínseco, enterrado en las oscuras cavernas donde duerme.

No camaradas, sin la fuerza de trabajo que desmonta bosques, navega mares, mueve máquinas, manipula complicadas herramientas, le abre pozos al suelo, penetra las entrañas de la tierra, extrae y traslada el crudo, lo procesa y transforma en combustible útil, lo expende o surte al motor que lo consume, sin toda esa plusvalía incorporada por la clase trabajadora, no existirían ingresos petroleros; ni siquiera los que como renta del suelo, se cobran en forma de regalías, royalties o impuestos de explotación, como los quieran llamar.

Los ingresos petroleros son el resultado de una compleja actividad que combina diversos factores de producción, cual el más importante e insustituible de todos, es la energía física y mental que la clase trabajadora desgasta en el proceso. Y eso, en la concepción socialista, no se llama renta, se llama plusvalía.

Basados en eso de que “nadie la produce”, burócratas irresponsables despilfarraron y corruptos robaron nuestros recursos del erario y de PDVSA. Basados en esta anómala concepción, inventaron la noción de “empresas socialistas” que podían funcionar con cero beneficios, y las condenaron a morir súbitamente.

IV

Burguesía. Llegamos a la palabrita de moda. ¿De verdad alguien cree que en la Venezuela del mundo del siglo XXI emergerá una “burguesía nacional”? Eso se llama –pregúntenle a Raúl Castro- “diversionismo ideológico”.

Quiero apuntar tres consideraciones al asunto:

–       Así como no se puede decretar la felicidad o la utopía, tampoco se puede crear, desde el Estado, una burguesía a imagen y semejanza de los deseos del mago.

–       Las economías capitalistas dependientes, y más aún las monoexportadoras de materias primas, nunca se podrán dar el lujo de contar con una burguesía nacionalista.

–       Los países de América Latina donde llegaron a desarrollarse segmentos de una burguesía nacional, con sentido de pertenencia, experimentaron procesos de acumulación originaria muy particulares, como Brasil, que fue en su momento sede del Imperio Portugués, afinque de una masiva explotación de mano de obra esclava, y poseedora de un expandido mercado interno, que pudo realizar ingentes ganancias con cierta dosis de autarquía.

–       El último momento histórico de la burguesía como clase revolucionaria, se perdió en los ya lejanos confines del feudalismo decadente como sistema mundo; porque aún en los movimientos anticoloniales donde se enroló por intereses concretos de ascenso al poder político, apenas se alcanzaba la independencia de las metrópolis, su papel inmediato era reaccionario, asumiendo la explotación y opresión de las mayorías populares en provecho de sus negocios.

V

Intelectuales. El sistema siempre está generando trampas para perpetuarse, dividiendo a la clase con la narrativa impuesta de un trabajo manual y otro intelectual. “Pensadores, intelectuales” les llaman a algunos y se lo creen, adoptando poses cada vez más alejadas del ser proletario. Como si un tornero que transforma un pedazo de metal en una pieza mecánica perfecta no tuviese que realizar un gran esfuerzo intelectual, o la faena de escribir no fuese -por excelencia- un trabajo “manual”.

Es complicado “debatir” así, unos a pie, sin megáfono, con un titulito de universidad criolla si acaso, y los otros con “asesores internacionales formados en las mejores universidades del mundo”, “intelectuales de primer orden”.

A la clase trabajadora no vale la pena consultarla para estos grandes temas que son materia de “verdaderos pensadores”, y lo de la producción, pues se discute con los “sectores productivos”.

Hoy celebramos el magnífico discurso del Presidente Nicolás Maduro en la ONU que rescató la esencia bolivariana de nuestra revolución. Eso es, volvamos a Bolívar, el último burgués venezolano en haber asumido a fondo su condición revolucionaria sin par, al punto de haberse desclasado para morir como uno de los nuestros.

 

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