¿Y los españoles qué? (Noticias del golpe de estado en Malí)

Juan Carlos Rois
Tortuga

Hace unos días la República de Mali ha sufrido un golpe militar (no es el primero en un país acostumbrado a cuartelazos y con altas dosis de militarismo heredado de su pasado colonial y su padrinazgo de Francia).

La primera noticia que tuve del mismo, a las pocas horas de ocurrir, me amoscó, porque en Mali España participa en una misión militar, EUTM-MALI, precisamente «formando» y «asesorando» al ejército maliense. De modo que quise saber más.
La primera situación que me extraño fue conocer, de fuentes periodísticas exteriores, porque en este Reino del disparate nuestro de tal cosa no se hablaba, que la guerra en la que andamos involucrados en Malí va rematadamente mal (¿y por qué aquí, amén de la hagiografía laudatoria a nuestra intervención militar, no se dice nada de esto?) y que desde hace varios meses la protesta social en Malí contra la corrupción del gobierno «títere» que apoya la Comunidad Internacional era de órdago, con protestas masivas y exigencias de dimisiones. ¿Sorprendente, ¿no? Tampoco de esto teníamos información, enfangados como estamos en las serpientes de verano autóctonas y nuestros propios miedos.

Un poco más de investigación periodística y aparecen otros argumentos, esta vez relacionados con el reciente cese de un capitoste militar, así como con casos de corrupción dentro del ejército (por ejemplo, la compra de varios helicópteros militares que no sirven ni para ponerlos en un museo, los sobrecostes del material bélico, mordidas y reventa de armas, etcétera) y con el fracaso de las operaciones militares del ejército de Malí en la guerra que asola este país, incluidos los bombardeos de las guerrillas en la capital.

La cosa se pone curiosa, porque, el ejército de Malí es entrenado, si hemos de hacer caso a nuestro Ministerio de Defensa, por los militares españoles, que tienen la misión de proporcionar «al Ejército maliense entrenamiento militar y asesoramiento en las cadenas de mando y control, logística y gestión de recursos humanos, junto con derecho internacional humanitario».

No quiero decir que el ejército español esté involucrado directamente en el golpe de estado, o que lo haya propiciado, pero es llamativo que quien lo han dado sean los militares que España y otros países de Europa han formado y organizado militarmente. La no injerencia militar en los asuntos políticos no parece que haya sido una asignatura en la que el ejército maliense haya aprovechado las enseñanzas de nuestros formadores.

Pero vayamos poco a poco.

EUTM-MALI y la injerencia militar europea desde 2013.

EUTM-MALi no es la única fuerza militar «externa» que opera en Malí y en apoyo a la guerra promovida por esta contra sus guerrillas.

Tenemos también soldados de la ONU en la MINUSMA, con más de 15.000 soldados desplegados, las fuerzas transfronterizas del grupo G-5 Sahel (unos 6.000), la Fuerza especial de Tukuba (fuerza de operaciones espaciales de diversos ejércitos europeos que opera en Malí) y las tropas francesas integradas en la Operación Barkhane (cuenta con diez bases, 3000 militares, 200 blindados, drones, aviones de combate, aviones de transporte y helicópteros.

La misión EUTM-MALI, en la que participar España, permanece desde 2013.
Para que inventarme nada, acudo a la página web del Ministerio de Defensa, donde se informa a su manera de la misión de EUTM. Ahí nos dicen
«La crisis política, humanitaria y de seguridad que estaba sufriendo Malí, consecuencia de los hechos acaecidos en el Norte del país desde principios de 2012 -rebelión tuareg, seguida por un golpe de estado militar y la entrada de terroristas yihadistas-, lo convirtieron en un centro de inestabilidad y en una grave amenaza para toda la región del Sahel y para Europa.

Ante la gravedad de la crisis, el presidente interino de Malí, Dioncounda Traoré, remitió peticiones oficiales de apoyo al secretario genera de la ONU, a la Comunidad Económica de Estados de Africa Occidental (CEDEAO) y a la UE, incluyendo en esta última una petición de ayuda para la reestructuración y entrenamiento del Ejército
Desde entonces, España participa en dicha misión, como hemos dicho, proporcionando formación al ejército de Malí

Más aún, desde 2018 (en que España cedió el mando de la misión EUTM a un general alemán) «además del asesoramiento estratégico y las actividades de adiestramiento y formación centralizadas, se está llevando a cabo también el asesoramiento, formación y adiestramiento descentralizado.» ¿Sabemos qué tipo de asesoramiento y adiestramiento? No sabemos demasiado.

Si hacemos caso de los documentos oficiales de la Misión, hay dos ciclos de adiestramiento que realiza España:

  • a) Adiestrar a las Fuerzas armadas de Malí, con la formación de batallones de 600 soldados cada uno, que combinan infantería, caballería blindada, artillería e ingenieros. Las unidades se instruyen por períodos de 10 semanas (dos meses y medio)
  • b) Asesorar y evaluando el sistema de mando y control, la cadena logística, la gestión de personal, y asegurando la formación en el respeto a las normas internacionales de protección de civiles y de los derechos humanos. También proporciona asesoramiento y apoyo al Gobierno de Malí, a su Ministerio de Defensa y a los mandos militar es para mejorar la organización y la efectividad de la cadena de mando militar, especialmente en las áreas de gestión de personal, de formación y de los sistemas de mando y logístico.

Desde el 17 de junio de 2020 permanecen en esa misión de formadores y asesores unos 300 efectivos españoles, pertenecientes a las unidades de la Brigada de La Legión y del Tercio de Armada de Infantería de Marina, en relevo de las que manteníamos desde 2019 pertenecientes a las mismas unidades. Antes hemos tenido tropas de la Brigada Canarias, de la Brigada Galicia, del Tercio de la Armada, y así un largo etcétera que nos sitúa en Malí desde 2013 a 2020, 7 años.

De este modo, nuestros ejércitos «forman» y «adiestran» a la tropa y actúan como asesores militares de la cadena de mando y del ministro del ramo. Algo parecido a lo que hacían en Latinoamérica los asesores militares de EE. UU. o los soviéticos en los países de su esfera de influencia antes de la guerra fría.

A mi particularmente me surge una preguntita ¿Pero queremos tener asesores militares para gobiernos títere para fortalecer una lógica geopolítica como la actual?

Golpes militares en Malí. No uno, sino siete

Todo el mundo sabe que Malí formaba parte del imperio colonial francés hasta 1960 y que Francia tiene tejida una abrumadora red de intereses e influencias en su antiguo imperio colonial, donde no es infrecuente su presencia militar.
Tras su independencia, Malí pasó a la órbita de influencia soviética, pero desde los inicios del siglo XX cambió de aires, se alineo más con EE. UU. y Francia recuperó gran parte de su antigua influencia y presencia, para nada desinteresada.
Desde su independencia, lo hemos insinuado antes, Malí ha sufrido varios golpes militares.

- En 1968 inició su tradición militar con un golpe protagonizado por Musa Traoré, quien instauró un régimen militar que duró hasta más allá de 1990.
- Durante el régimen de Traoré hubo otros tres intentos más de alzamiento del ejército que fracasaron.
- Traoré cayó por otro golpe militar de 1991 que echó del poder al primero y promovió una transición hacia un régimen democrático y una nueva reforma de la constitución.
- Con los avatares y crisis cíclicas de Malí, otro golpe militar en 2012 derrocó a Amadou Toumani Touré (el general en la reserva que había protagonizado el golpe de 1991 y que ahora era presidente por elección democrática) y provocó una nueva constitución y la entrega posterior del poder a los civiles.
En 2012 el nuevo poder constituido pidió la intervención militar exterior de la ONU y la UE y de Francia, facilitando la entrada de los militares que desde entonces apoyan al régimen de Malí.
- Y ahora (y ya van siete) el golpe de estado de 2020.

En cierto modo, el golpe militar actual es parecido a los antecedentes. Caos, crisis, corrupción, revueltas sociales y los militares como solución que promete democracia y estabilidad, para reiniciarse el ciclo y volver a dar un golpe militar justificado por el caos, la corrupción, la crisis social, y vuelta a empezar.
Entre tanto, la militarización y el militarismo en Malí son moneda de uso corriente, y eso tiene que tener su peso en la propia sociedad y en su viabilidad.

Elecciones de 2020.

El ahora depuesto presidente de Malí, Ibrahim Boukabar Keïta, ganó las elecciones en 2013, abrió la puerta al intervencionismo militar de las potencias occidentales y desde entonces ocupa el poder hasta que el golpe de estado de 19 de septiembre de 2020 le depone.

Es llamativa su política de sostenimiento de la guerra y de puerta abiertas al apoyo militar de la UE y de Francia.

En agosto de 2018 Keïta ganó las elecciones presidenciales que había convocado, revalidando su cargo, en unos comicios que, según todos los indicios, estuvieron protagonizadas por abrumadoras irregularidades y generó el inicio de una oposición cada vez más mayoritaria.

El presidente, para afianzar su poder, convocó acto seguido elecciones de diputados, a celebrar en marzo y con segunda vuelta en abril, las cuales se han celebrado en el contexto del COVID, con la crítica de la oposición, el aumento de la violencia y el secuestro de líderes opositores, entre otros el principal líder opositor Soumaila Cisse, lo que ha dado lugar a una muy baja participación.

Desde las elecciones hasta ahora, se han realizado protestas constantes de la oposición y una gran movilización en contra del presidente en la calle.
El M-5, coalición de oposición integrada por formaciones políticas, asociaciones de todo singo de la sociedad civil y organizaciones religiosas encabeza las protestas y pide la renuncia del presidente.

Parece que el peso de esta movilización ha sido también aprovechado para el golpe de estado.

Malestar en el ejército.

El curso de la guerra no va bien para los intereses militares de Malí, a pesar de su pléyade de asesores exteriores.

Tanto el en centro como en el norte del país el ejército maliense ha sufrido sonados y constantes reveses que han generado malestar.

Además, las acusaciones de corrupción, malversación y sobrefacturación en las compras de material militar van en aumento.

En otoño pasado se abrió una investigación judicial sobre la adquisición de equipos militares, incluidos helicópteros puma, entregados defectuosos al ejército.
En noviembre de 2019, tras el doble atentado yihadista en Mondoro y Boulkessi donde perdieron la vida 50 militares, las esposas de los soldados se manifiestan en Sévaré y en la capital, Bamako, en contra del gobierno, creando un gran impacto social. Desde entonces ya circulaban rumores de la preparación de un nuevo golpe militar.

Según informa la prensa internacional, el actual motín podría también estar vinculado a las condiciones de ascenso en las filas del ejército maliense y la destitución de un teniente coronel, jefe de seguridad presidencial.

El perfil del hombre fuerte tras el golpe militar

El hombre fuerte del nuevo golpe militar es el coronel Assimi Goïta, presidente del «Comité Nacional para la Salvación del Pueblo» (CNSC).

Assimi, apodado Asso, tiene 37 años y según la biografía que ha distribuido a la prensa el CNSC, es un hombre tenaz, riguroso, amigo de los desafíos y con capacidad de liderazgo, lo que viene siendo la autoimagen que los militares (y no sólo) tienen de sí mismos.

Es hijo de militar y se formó en la Escuela Secundaria de Defensa Nacional.
Ha pasado por la escuela militar de Koulikouro (la escuela militar donde España forma actualmente a los batallones malienses) y ha recibido formación militar en Francia y en Alemania, EE. UU. y Gabón.

Ha tenido destinos de guerra en el norte de Malí, en los escenarios de Gao, Kidal, Menaka, Tessalit y Tombuctú, y en particular luchó contra las guerrillas tuareg llegadas de Argelia y está plagado de condecoraciones militares.

En 2014 se incorporó a las fuerzas especiales y desde 2015, tras el bombardeo del hotel Radisson Blu en Banako, coordinaba las operaciones especiales del Ministerio de Defensa, hasta que en 2018 fue nombrado jefe de las Fuerzas Especiales de Malí y pasó a dirigir operaciones de guerra en el norte y dentro de Malí, así como operaciones «externas» en Darfur (Sudán).

Otros hombres fuertes

El alzamiento parece cosa de coroneles. Se conoce el nombre del coronel Ismael Wagüe, portavoz de la asonada, y de los coroneles Malick Diaw y Sadiou Camara, al parecer de perfil más duro y que tienen mayor peso en el seno de las fuerzas armadas.

Las intenciones de los golpistas

El coronel Ismael Wagüe afirmó en un discurso recogido por The New York Times que «El patrocinio político, la gestión familiar de los asuntos estatales, ha acabado matando cualquier oportunidad de desarrollo en lo poco que queda de este hermoso país» y «Estamos interesados en la estabilidad del país, que nos permitirá organizar elecciones generales para permitir que Malí se dote de instituciones sólidas dentro de un plazo razonable»

El toque de queda decretado tras el triunfo del golpe venia justificado, según la nota que lo informa, porque «Nuestro país se está hundiendo en el caos, la anarquía y la inseguridad principalmente por culpa de las personas que están a cargo de su destino»

El movimiento opositor Movimiento 5 de julio Agrupación de fuerzas patrióticas (M-5 RFP), desde el anuncio de la asonada, promovió manifestaciones de júbilo en la calle y ha anunciado su apoyo al golpe militar.

Parece que esta oposición política al partido del depuesto presidente jugará un papel esencial en el futuro.

¿Qué papel jugará la injerencia militar exterior en Malí?

Aunque en este momento la situación es imprecisa, parece que los militares alzados pretenden la plena vigencia de sus acuerdos militares con la UE, Francia y los demás actores internacionales que participan de sus intereses militares.

No parece que el golpe militar vaya dirigido a romper los intereses geopolíticos de la zona y aunque la mayoría de los países involucrados ha rechazado las formas y pide la vuelta cuanto antes de la democracia, no parece que vayan a romper sus acuerdos de cara a la guerra, con el pequeño detalle de que, de momento, la van perdiendo.
Por de pronto, el Ministerio de Defensa español ha destacado la normalidad en la base de formación militar que España mantiene y la tranquilidad de nuestros soldados.

La orientación y formación militar del hombre fuerte del régimen, que ha pasado por academias militares en Francia, Alemania y EE. UU.; no hace augurar sorpresas al estatus quo.

De este modo parece que seguiremos apoyando el militarismo de Malí, tal como lo hacíamos antes.

Pero si vamos unos meses más atrás, en enero de 2020, los Jefes de Estado de Francia y de los países G5-Sahel (Burkina-Faso, Malí Chad, Mauritania, Niger) y ante el deterioro regional, lanzaron la «Coalición para el Sahel», a la que han acudido representantes de los países de la Unión Europea (en el caso de España la ministra González Laya), altos mandatarios de la ONU y de la Unión Africana.

Según nos informa la página web del Departamento de Seguridad Nacional dependiente de la Presidencia de Gobierno español el principal objetivo de esta Coalición es optimizar la cooperación con los países del Sahel occidental y para ello «la Coalición se asienta sobre cuatro pilares complementarios que determinan sus ámbitos de acción, y las distintas reuniones de coordinación, así como la puesta en común sobre los avances en la paz, la gobernanza y el desarrollo regionales, se estructura en tres niveles: político, político-estratégico y operativo».

Estos cuatro pilares dan muestra del enfoque securitizador y militarista de la cooperación con el SAHEL: ya que dichos pilares son: 1) Lucha contra el terrorismo, 2) Capacidades de las fuerzas armadas, 3) Retorno del Estado y 4) Asistencia al desarrollo.

Podemos preguntarnos, después de todo, si el golpe militar de Malí no vendrá, después de la protesta y los remilgos por las formas para guardar las apariencias, a reforzar el interés securitizador y fortalecedor de lo militar que hasta ahora forma parte del argumentario del intervencionismo occidental en el Sahel.

¿Y España qué?

Por lo que respecta a España, tampoco parece que vayan a producirse cambios significativos. España está en Malí como socio del expansionismo militar francés y así seguirá, dando asesoramiento a los militares de Malí y formando sus batallones para mandarlos al norte y centro el país a hacer la guerra en nombre de nuestros intereses.

España mantiene una doctrina militar de «fronteras de seguridad avanzadas» que sitúa el Sahel como el escenario de interés militar de nuestra seguridad. Malí forma parte del entramado de intereses de esta doctrina.

Por lo que respecta a la comprensión de las relaciones internacionales de España hacia Malí y el Sahel, la página web del Ministerio de Asuntos Exteriores nos alumbra el camino al señalar que «España lleva años comprometida con el Sahel y ha redoblado sus esfuerzos en la región en general y en Malí en particular, donde apoya muy activamente la aplicación del Acuerdo de Paz y Reconciliación firmado en 2014 entre el gobierno y los grupos rebeldes. De esta forma, participa en todas las misiones -civiles y militares- de la Unión Europea en la región (EUTM Malí, EUCAP Sahel Malí, EUCAP Sahel Níger) y también en MINUSMA, de las Naciones Unidas.

Concretamente en Malí, España es el mayor contribuyente de efectivos con la misión de asesorar y formar al ejército maliense. Además, la Guardia Civil española lidera el proyecto GAR-SI Sahel, de la UE, para crear unidades de gendarmería en Senegal, Malí, Burkina Faso, Chad y Níger. España también participó activamente junto a Francia en la Operación Serval y actualmente sigue cooperando con la operación francesa Barkhane, que ha tomado el testigo de la anterior. La misión de Naciones Unidas en República Centroafricana, MINUSCA, también cuenta con efectivos españoles».

Ya lo ven, nuestros grandes logros consisten en formar al ejército maliense, liderar los proyectos de gendarmería con la Guardia Civil y apoyar a Francia en sus incursiones guerreras, todo un ejemplo de lo que no es cooperación internacional desde el punto de vista del desarrollo.

En la pasada cumbre del G5- Sahel en Naukchot (Mauritania) de 30 junio de 2010, el presidente Sánchez afirmó que «España está dispuesta a seguir comprometida con el Sahel, e incluso a redoblar nuestros esfuerzos en aquellos ámbitos en los que ya estamos presentes».

El «Informe País» que el Ministerio de Asuntos Exteriores tiene referido a Malí (referido por desgracia a 2017) arroja un valor poco significativo de nuestras exportaciones a Malí: 91,8 millones en 2016 y 55,9 en 2017, lo que supone un 0.03% del total de exportaciones españolas.

Aunque no muy significativo para nuestra industria militar, Malí ha proporcionado entre 2016 y 2017 (últimos datos oficiales disponibles) 33,21 millones de euros, ocupando el puesto 43 en nuestras exportaciones de armas.

El cruce de datos del ICEX por exportaciones españolas con el de la base de datos de Delás por exportaciones de armas nos deja conjeturar unas exportaciones que dicen poco del amor por el desarrollo de Malí.

Las cifras que, en todos los indicadores sociales, de desarrollo o de derechos humanos arroja Malí permiten a su vez hacer una reflexión suplementaria. El pastuzal gastado por España en militarismo en Mali desde que en 2013 “cooperamos” formando sus ejércitos, ¿en qué ha contribuido al desarrollo, a los objetivos del milenio o a la paz en dicho país?

Urge evaluar este intervencionismo enquistado que, lejos de mejorar los problemas, es parte de ellos y de su enquistamiento.

Tal vez con el mismo esfuerzo económico la sociedad española podría sentirse más decente gastándolo en objetivos más sanos y humanos que en preparar para la guerra.

 

Fuente: https://www.grupotortuga.com/Noticias-del-golpe-de-estado-en

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