…. y del capitalismo cuándo hablamos?

 

En el final de la manifestación por la amnistía del pasado sábado en Bilbao se leyó un Comunicado en euskera donde se recordaba que (…) la situación de Catalunya nos demuestra que no es cierto que por medio de vías pacíficas cualquier proyecto sea realizable, a pesar de que en Euskal Herria hayan estado repitiendo durante años esa mentira (sic). 

Desde hace unas semanas el marco legal-institucional que padecemos ha dado otro giro de tuerca, se ha vuelto a achicar. Las grandes mayorías descubren que la represión llegó para quedarse (y no es un nuevo invitado), y que viene con todos sus avíos, esto es, leyes que la legitiman, material represivo de última hornada y la complicidad y agrado de un sector conservador, y por ende patriotero y raquítico mental, que avala lo que hagan desde el ministerio del Interior, sea esto lo que sea. Tienen demasiado miedo e intereses de clase como para ver otra realidad.

No es una novedad que la extrema derecha avanza en toda Europa. Y lo hace en elecciones de todo tipo. También crece en el interior de millones de personas que aún no la votan, como es el caso de España (será porque el PP y Ciudadanos los representan sin necesidad de otra vox), pero  su mensaje represivo ha calado con firmeza en los llamados partidos clásicos y en instituciones como la monarquía de la que, por cierto, se sigue esperando que condene la violencia del 1 de octubre en los lugares de votación de Catalunya.

Ese marco extremadamente estrecho que han dejado para moverse, al parecer sigue valiendo a los abanderados del «cambio desde las instituciones». Confían que algún día puedan conseguirse mayorías parlamentarias «progresistas» (perdón por el entrecomillado)  y desde ellas reformar todo lo reformable con la aceptación democrática del Ibex, el ejército, la corona, la Justicia, la Iglesia…. y todo el que pase por allí, y que hasta cinco minutos antes golpeaba con dureza a los trabajadores. Ese concederle al enemigo de clase un adn democrático y vender que respetará, llegado el caso y sin pestañear, la nueva correlación de fuerzas, es más tramposo y maloliente que pueril y bisoño.

Tramposo porque a los reformistas de siempre les obliga a aceptar como propia una democracia que no es tal, sino un instrumento de los poderosos para que no se les cuestione mientras dan migajas para que tengan vigilado el conflicto social. Es tan así, que la palabra «capitalismo» se ha borrado de los discursos y los análisis, dicen los posmodernos que por antigua. El capitalismo con «rostro humano» es ya tan viejo como la idea que dentro del sistema es posible cambiar. Hay muchos cargos públicos que han necesitado creérselo para pagar la hipoteca, y transmiten ese mensaje a sus fieles pese a que el marco ya no permite ni respirar. Claro que siempre habrá algún hijo del pragmatismo dispuesto a vendernos un respirador artificial con tal de seguir siendo vendedor de humo.

 

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