AETJFR Ludwig van Beethoven

¡Y Beethoven, alzó el puño!

Maité Campillo

 

 

“Me podéis ayudar. Me podéis pagar una renta anual para mis trabajos musicales. Pero nunca me utilizareis porque nunca seré vuestro”

La letra con sangre entra

Fue el fascismo español quien lo dijo, es su forma de educar, claro que ni eran ni son educadores los discípulos de la dictadura, sino militares, ideología de guerra, camuflada entre libros que “milagrosamente” se salvaron de la quema… Despersonalización, abuso y osadía. Cuentan algunas de sus victimas que iban a la escuela como al aula de las torturas, llorando indefensos ante sus padres, gritando, a rastras por las calles como cosa natural de la vida ¡No me lleven a la escuela, no me lleveeeennnn…! Les llevaban hacia la escuela del horror como si una vía de liberación personal y social fuera (¡aprenderían!) “creían”, donde les esperaba la mano del dedo amenazante del drama. LA ESCUELA: carnicería de la sublevación, vara sin medida ni comedia de purito cotidiana, dedo acusador en manos atrevidas de la ignorancia demencial. Despotismo hiriente como un puñal, sable del español, carga mortífera en ley imperial. Gatillo soez del dedo imposible en manos autómatas para saludar y matar, dejaba huérfanos a los niños, que sus escuelas preparaban para curas y soldados de la patria (de los avaros). Despersonalizaban al hijo e hija del “rojo” vara en mano, y a veces algunos de los padres por temor o cobardía, pedían más “leña” al maestro ¡Caña más caña sobre barro “pa`enderezarles”!, e incluso ración doble, en la escuela y en la casa ¡toma y calla! ¡no dejes nunca más a tus padres en ridículo ante la vara del “educando” del pelotón de caballería! Algunos alemanes la enseñanza la tomaron a la tremenda. Golpeó espada, fusil y cuchillo hasta reventar cimientos por el mundo ensalzando el nazismo en Italia y Alemania, para los que sólo existió un objetivo, exterminar “al rival”. Obedientes no lo rastrearon por el morro

(junto al caudillo precursor del balneario nazi-europeo en tierra agraria) los países del eje a sus órdenes. La vara atravesó valles en desgarro y moraduras. Trampas, como si de conejos se trataran los pueblos, redes y perros amaestrados en manos de los “alzados por la patria” repartiéndose propiedades de Estado, instituciones a medida, leyes, pantanos y vías apuñalando agricultura y ganadería.

No hay triunfo sin lucha

Beethoven se enfrentó cara a cara al aliado de la muerte. Alguien dijo que cuando estaba moribundo en su lecho, pidió que abrieran las ventanas de la habitación. En ese momento una gran tormenta de truenos, relámpagos, rayos y centellas estallaron. Pretendió entrar camuflado entre los estruendos el mentado siniestro, como si a un festín fuera convidado, los ojos del compositor puestos en la ventana le observaron ¡y Beethoven alzó el puño tras una sonora carcajada! Lúcido aún Beethoven no perdió oportunidad así fuera la última en su vida. Remontó sobre el último esfuerzo, asentó su cuerpo sobre la ira y mirando el cielo desafiante tras las ventanas: lanzó el grito, atravesó fronteras, movilizando en alerta a los que luchan. A los niños que como a él, en muchos de los casos, sin saber siquiera el motivo, les zurraban para enderezar su mano derecha ante un crucifijo o imagen descabellada del generalísimo y su bandera. De uno y otro lado del planeta, la vara desafió montañas aterrizando a antojo, añoró el Valle de los Caídos, y creó templos en moneda nacional como la espada del Cid Campeador, penetrando casas, mutilando huertos, llenó de despojo humano el paraíso en tierra, en velo y ataúd: su religión. Y Beethoven declaró su obra contra los mandatarios de las guerras. Que no han cesado de tergiversar su magistral y emotiva creación artística. La vara se impuso sobre la batuta. Desafió fronteras e izó en manos a favor el dedo acusador, descomponiendo la inocencia aceleró la destrucción de seres indefensos, la armonía natural de sus vidas. Atravesó mazmorras, parques, mercados, casas, hospitales y escuelitas, donde a la agresiva violencia se unió la fanática moral contraria a la vida, la iglesia los minó. Destruían la esperanza acelerando entierros; lo oscuro se impuso sobre el continente porque matar querían.

Conciencia en rebeldía

Un súbito empuje de fuerza heroica levantó al que empuñara batuta y partituras, del que elevó la música más allá de las estrellas y de la flor nueva. Su puño duro, firme y más erecto que el rayo ruin bajo órdenes imperiales, desafió la cólera de los poderosos camuflada en llamamiento divino: “Excelente música que DIOS nos regaló” (Por eso había que dar las gracias a Dios, y no al compositor) ¡Y es que su sinfonía rompió con las manos que mecieron la cuna del nazismo…! Pero le dieron vuelta “a la tortilla”. Lucrándose su economía y contracultura, de un autor, que se negó a formar parte de los intereses del poder alemán que hoy convierte en “museo de historia el terror”, haciéndose hasta con el propio Beethoven, perdón… “con su obra divina”. La Merkel tuvo que sufrir mucho de niña para llegar a dominar dicha economía (corrompiendo “Europa” entera y más allá), que es como dominar todo, ya que para el imperio alemán lo podrido es garantía de dominio, lo contrario les traería

patas arriba y el parásito no tiene fuerza para tirar de tan larga y pesadas riendas.

El padre de Beethoven (al parecer) cargaba sus frustraciones con el pequeño Ludwig. Y aplicaba el método pedagógico como concubinos españoles e italianos; claro ¡la letra con sangre entra!, o sea… la vara, la vara! ¡Noooo, mejor la fusta, nada como el rabo de toro disecado! Como los dictadores del fascio… hostias van y hostias vienen ¡bimm bamm! ¡zumba, cranssss! ¡candela, ahhhhh! ¡Y el domingo a misa… la música como la letra, con sangre entra! Y al pobre niño lo levantaba de la cama a media noche para estudiar PER COLLONS ¡Eso! Luego el pequeño Ludwig, lógico, se dormía en la escuela. Muchos famosos llegaron a la cúspide a través de este método de exterminio del niño en sí y de la enseñanza. Algunos muy tocaos, con consecuencias tan dramáticas como traumáticas asumían responsabilidad a lo “hombre”, que es como decir a lo militar o similar: es una orden… ¡Sí, señor! Sufriendo el látigo y la mano del dedo inquisidor… Y el niño, que era niño ¡Apenitas pudo disfrutar del jardín de la infancia de las maravillas fresco en aromas e idílico en sueños! Trampolín de aventura visualizando peces sobre hierba volando hacia las nubes de algodón. Nada, nuestro personaje tuvo que despojarse, la aventura es un “piojo” peligroso, triturar bajo sus pies fogosas vivencias, como se pisan los charcos a lo gato con botas sin sentir el agua bajo sus plantas.

La paciencia de los audaces

Silenciosa la música, solidaria y compresiva con los audaces que luchan amando a la vida más allá de las estrellas (¡Cuántos chascos se llevan en la vida los que no miran más que la apariencia!) Se filtró en su interior irradiando al niño Ludwig, bañando los dedos de sus pies enjaulados. El oxígeno le transmitió una armonía andante y jugó con la escarcha, gota a gota, lloró, abrazado a ella. Recuperaron tono y pulso sus mejillas, y sus manos planearon lo que su mente las trasmitía bagando por el espacio, de una pieza cargada en oda de alegría, lado gigante de su corazón, y la música entró molto vivace formando parte de sus vísceras: Cuando empezó a componer el cuarto movimiento, la lucha comenzó como nunca antes. El objetivo era encontrar un modo correcto de introducir la oda de Schiller…y un día Beethoven gritó: «¡Lo tengo, ya lo tengo!

… Tantos fueron los manotazos sufridos: ¿de qué te quejas? ¡baja orejas! Que quedó marcado de por vida en bandera roja. Y no por ramos de flores en su cuarto ni besos amortiguando los golpes para no perderse entre sábanas húmedas. Fue tan fuerte el impacto del amor de padre por el hijo, tanto el embriago, que le fue reventando a golpes ciegos quedando sordo poco a poco entre tortura y tortura. Mató el oído del futuro artista, el del niño Ludwig ¡Y, por fin el padre, pudo recuperar los beneficios (del resultado de su propia frustración como músico) de su gran obra como padre! La que olvidó que el pequeño Ludwig, antes que hijo, era persona. Perdiendo una parte de su vida sensorial, lo que más puede llegar apreciar un músico; tal llegó a ser el grado de ignorancia de la bestia.

Su oído aprendió a escuchar su vida interior “y los perros se callaron”. Irradiado de sentimientos rítmicos en movimiento, una enorme oreja se acoplo de guardia entre piano y oído, y la fidelidad consciente le convierte en Beethoven. Al que en su foro interior, recogido, aislado por imposición en su cuarto de música, jamás dejó de soñar. Generó ritmos, puso movimiento a sus fantasías, rechazó las sombras del secreto inquisicional, abrazó rayos de estruendo estremeciéndose en su luz, sensitivo entre hormigas que se colaban a ronronear como gatos. Aulló silencios levitando en su cuarto entre compases de espera. Revoloteaban bailando las moscas, elevando vuelo sobre anclas plegadas entre la lámpara de luz, y teclas de su piano. Los pájaros asomaban a su ventana llamando a los cristales. Gotas de lluvia caprichosas se reunían tras su ventana marcando compás y vuelta a empezar. Sintió otros seres dentro de él, vivenció notas nuevas, y en esta suspensión entre tiempo y espacio, compartió entre los seres anónimos de la tierra lo que llegaría a crear.

Desarrolló impulsos, mensajes artísticos, musicales, y literarios

¡Y Beethoven hizo de la música un arma cargada de futuro! Enfrentando la galopante represión que amenazó a medio mundo; sintió la cruel aspereza en sus manos, retiró el collar de la asfixia, y encarnó en la música la vida misma como parte suya. Radiante en aromas y colores, agarró en ella su precoz madurez, forjada a fuego de torturas (como único refugio a su alcance a una edad donde la impotencia impera ante la familia), frente a una sociedad donde se planteó luchar y gozar, amar y vivir. Para seguir luchando desahogó su amor y su odio, alejando de su vida al monstruo ¡Y Beethoven triunfó sobre toda imposición hecha ley! Moneda que hace brillar al ignorante frente al artista. Salió adelante enfrentado al terror patriarcal (amor que si no mata descuartiza) ansiedad egoísta, sumisa, de la tiranía a la que agradar se plantea. Una tenaz fuerza abordó su aleteo, un amor a la vida inmenso, y un derroche de sueños. Una selva entera lo arrastró a la creación, a la ciencia histórica y dialéctica, al reconocimiento, al genero humano, a abrazar los parias de la tierra, a lanzar su cólera contra las tiranías, al internacionalismo como guía planetaria ¡La música como idioma universal! Contra imperios caciques, feudales y rastreros, hipocondríacos, creídos incultos y vasallos, mamelucos y chupatintas entre rosarios e enciclopedias de héroes de guerras imperiales ¡Caminó por la vida con la música dentro de él! Formando parte de ella y viceversa, como ave que vuela, manos despiertas y lengua de mariposa al piano. Brotando notas a la vida abandonó encerronas, desvanes y rincones “del vicio de los diablos”. Su sonido más profano huyó de la tortura “donde tiene el charlatán su renta”, tanto como su infancia y adolescencia, le permitió la huida.

… Y el niño se hizo grande, dentro de un sistema social tan injusto como cruel, imponiéndose con todas sus huellas como resolución de lucha, con y sin sordera. Los fantasmas del terror, la niñez acorralada, por los monstruos que acosaban su oído, se estremecieron huyendo delante de él precipitados. Brilló su inteligencia, y una carcajada liberadora, envió a las cloacas de los desagües al tirano, rompió la cadena transformándose en triunfo, de los que luchan y crean otro mundo posible ¡Sin

aporrear estúpidamente sobre el piano mató la desidia del avaro vividor de rentas! Elevó el esfuerzo de su obra contra parásitos. Dio coordenadas y fusionó caminos, sabiendo respetar lo que por delante de sus manos, le aleccionaban en lo artístico como en lo humano ¡Venció no solo la ignorancia, sino al ignorante que quiso ignorarlo! (Que para sobrevivir, tuvo que regenerarse más allá de las rentas de sus guerras y soldados) Mudando ciertas formas conservaron las costumbres: robando a los que mata su oscurantismo, destrona y degüella, como todo cobarde “a los muertos”, y, grito yo, en la espera del mañana que soñó… ¡Arriba el puño de Beethoven!

La fuga del infierno, sus huellas

Impuso su personalidad, la unió a su música y resaltó la fuga entre claros de luna. Subió nota en amor contra la esclavitud, llenó sus días ensanchando idas y avenidas contra la hostilidad, la aspereza de la inercia, el aborregamiento. Actitudes de conciencia contra la sumisión izaron los movimientos 5º y 6º a favor. Contra el decaimiento la comunicación, y más allá de la Oda a la alegría, su fe en los desposeídos. Enlazó puentes, acueductos, ríos de partituras, y los mares fluyeron contra el esclavista. Su amor al mundo en caudal de notas, su forma de amar. La música reflejó su perfil culto, creativo y una inmensa sensibilidad, tenacidad, empeño para seguir viviendo, y sobre ese escenario ofreció su música: revuelo, flor de flor. Personalizada, pincelada nota a nota naciendo como nueva para saludarnos en su nombre, eternizando por siempre al maestro, al educador, al músico, al genero humano, al genio artístico y ciencia contra el oscurantismo. Forjó su rebeldía revolucionaria, y su creación tomando conciencia de la sociedad en que vivía.

Y el niño se hizo grande subiendo peldaños a la luz, y aleteó alas entre acantilados. Los verdes valles sostuvieron esa parte melancólica y soñadora, pero tuvo que seguir limando orgullo y dignidad. La sociedad de refinamiento hipócrita a la que se enfrentó, era tan áspera que le reflejó mente y brazos de su padre; porque no es la esencia del arte en sí, ni la pureza (talento) del artista en la materia, lo que prima, ante la mediocridad impuesta de clase dominante, que no era otra que la aristocracia. Consciente de ello empezó a odiar todo lo que representaban y por igual motivo, rechazaba la religión por oscurantista, y formar parte de las clases dominantes de la opresión.

El pueblo estaba sumido a la más cruel ignorancia y explotación. Pero Ludwig resultó ser un ser excepcional al que había que apoyar… es decir, utilizar, para degustación de parásitos. Beethoven aunque muy joven fue consciente, y declaró: “Me podéis ayudar. Me podéis pagar una renta anual para mis trabajos musicales. Pero nunca me utilizareis porque nunca seré vuestro”. Europa en general (Alemania en particular) estaba llena de parásitos, reyes, príncipes, condesas, marqueses… Ludwig era profundamente republicano- revolucionario, no sólo en la música que estaba ya creando, también en cuanto a lucha de clases; se identificaba y apoyaba los combates más radicales contra los opresores de los pueblos. En un primer momento apoyó a la revolución francesa contra la tiranía de las monarquías europeas, que se unieron para

combatirla, de ahí que escribiera su tercera sinfonía “La Heroica” a la que dedicó al hombre que protagonizaba las luchas revolucionarias por toda Europa: Napoleón Bonaparte ¡Pero ay, ay, ay… Napoleón se creyó Cesar, emperador de imperios y más alevosías del burdel de la escoria! Y, claro, el mito “revolucionario” que nunca llegó a ser, vomitó su perfil real sobre la otra cara de la moneda, decepcionando a los verdaderos revolucionarios ¡Y, Beethoven, entre ellos, le mandó a la mierda!

Cuentan que un día, estando en un balneario intentando recuperarse de la sordera que ya amenazaba, ocurrió un hecho curioso sobre la personalidad revolucionaria del compositor. Bettina von Arnim, organizó un encuentro entre el compositor y Johann Wolfgang von Goethe… más tarde “la condesa”, publicó su correspondencia con Goethe y, en una de sus cartas al conde Hermann von Pückler-Muskau, relató cierto suceso que al parecer habría ocurrido en dicho balneario ese mismo verano: cuando Beethoven y Goethe se encontraron por primera vez; ambos paseaban por la alameda del balneario y de pronto apareció frente a ellos la emperatriz María Luisa de Austria con todo su séquito. Goethe, al verlos, se hizo a un lado y quitó el sombrero a forma de reverencia. Ludwig Beethoven se lo encajó aún más y siguió su camino, haciendo que ellos “los nobles” se hicieran a un lado. Cuando se encontró a cierta distancia, se detuvo para esperar a Goethe, y, decirle lo que pensaba de su comportamiento lacayo.

NOTA

(Oda a la alegría)

Cuando compuso la novena sinfonía, sin duda la más revolucionaria, dijeron “los ilustres”, que se encontraba más sordo que una tapia. A lo que respondo en sonoro carcágio o carcajeo, contra el desprecio de los “ilustres” ¡Ja,ja,ja… ya quisiera yo esa sensibilidad y fuerza creadora que fomentó vida revolucionando oídos, elevando su música al mundo por los siglos de los siglos! Consiguiendo en un esfuerzo común, lograr reconocimiento como uno de los mejores “genios” de la música. La sinfonía es el primer ejemplo de un compositor utilizando voces, dado luz a una sinfonía coral cantada por 4 solistas y un pequeño coro. La letra del famoso movimiento final forma parte del poema “An die Freude” o “Oda a la alegría”, escrito por Friedrich Schiller. La sinfonía contiene algunas piezas que Beethoven ya había completado con anterioridad como: Fantasía Coral Opus 80, concierto para piano, coro y voces solistas; cuando se aproxima al final, la melodía recuerda mucho a la que sería el colofón apoteósico en la novena. El tema del scherzo es una fuga primero compuesta en 1815. Introducir las voces en el movimiento final al parecer causó muchas dificultades a Beethoven, ya que la idea era encontrar la forma apropiada de introducir la Oda de Schiller, esta parte de la obra fue revisada de forma constante hasta que logró sentirse satisfecho con el resultado final. La Novena Sinfonía se estrenó en Vienna el 7 de Mayo de 1824, siendo la primera aparición en escenario del compositor después de 12 años…

El violinista Josef Böhm, declara tras el estreno:

“Beethoven dirigió la pieza él mismo; se paró frente a todos nosotros gesticulando

furiosamente. Algunas veces se encogía al suelo, muchas otras se levantaba como si quisiera tocar todos los instrumentos y cantar por todo el coro. Excentricidades de un viejo sordo”.

Giuseppe Verdi, se quejó de la parte vocal escribiendo en una carta:

“Los primeros tres movimientos son maravillosos, todo termina muy mal en el ultimo”.

Cuando la obra terminó y la audiencia aplaudía a rabiar:

Fue la iniciativa entrañable de la contralto Caroline Unger, que emotiva caminó hacia el maestro… el gran compositor, para que girara en el sentido del público y pudiera vivenciar la patente aclamación de su inmemorial obra, sentir la gran ovación que le ofreció la audiencia, profanando admiración a la gigantesca creación ¡Cinco ovaciones de pié durante el tiempo de su interpretación aplaudiendo al final de cada movimiento; además de aplausos vibraron pañuelos y sombreros! El resto era silencio acechando en las sombras.

Solo hubo dos ensayos previos, la presentación fue dirigida oficialmente por Michael Umlauf , y Beethoven compartió el escenario. Lo cierto es que Beethoven ganó poco con su obra maestra. Después del estreno se refugió en su casa bastante enfermo auxiliado por un reducido grupo de amigos, durante tres años de agonía hasta su muerte. Los que ganaron y mucho, como siempre, fue la rapiña parásita hoy convertida por arriba y por abajo en clanes de mafia del “arte y la sabiduría”, de un mundo que no les pertenece; algunos se determinan como de “izquierdas”, como representantes de la cultura que anulan, desgarran y patean, izando la globalización del espectáculo del plumaje y las arcas, de una contracultura donde no hay distancia en comportamiento como si de capitalismo puro y duro habláramos. Rata humana augurando ciencia, conciencia y conocimiento, usurpando el arte de los genios que hoy no abundan sino de copia y pega. Y que en el caso del que nos precede. No han dejado de explotarlo ideológica y económicamente, utilizándolo después de muerto: por las monarquías europeas a las que manifestó su rechazo además de su odio, por los nazis como icono de la cultura alemana, por el imperio fascista japones, por la Italia de Mussolini, por el imperio yanqui criminal, por la Europa de los mercaderes que asumieron el 4º movimiento como himno europeo (?), por los sionistas genocidas como parte del imperio de la muerte, por tocadores de instrumentos que nunca llegaron a músicos como el violinista Josef Böhm, por los centros de enseñanza incluida universitaria, por la masa borregona de la intelectualidad de pacotilla, por los intereses oscurantistas de alimañas intentando borrar y devorar a dentelladas su aleteo revolucionario: ese sentirse pueblo, al músico como tal, al luchador que odiaba a los poderosos, a los asesinos de las clases más humildes. Ensalzado a su vez e “idolatrado” además de odiado, utilizado por sus enemigos de clase criminales: nazis, parásitos y feudales, que nunca repararon las goteras de los apartamentos que evidenciaron sus obras, ni amortiguaron el frío que sufrieron sus manos colándose entre rendijas y goteras… ¡Si Ludwig van Beethoven hubiera visto lo que hicieron los nazis en Europa, seguramente además de sordo, se habría quedado bizco, o ciego por el horror impune desatado!

PD.

Florian Huber, historiador y productor de documentales, describe los macabros acontecimientos que se desarrollaron entre el 30 de abril y el 3 de mayo de 1945, los días en que 2.000 residentes de Demmin (población de unos 15.000), decidieron suicidarse de forma masiva: ¡Niño, prométeme que te dispararás! En aquella fecha se pudieron encontrar numerosos cadáveres regados por toda la localidad: sentados ante sus escritorios, acurrucados en las camas, colgados de las ramas de los árboles y en el suelo de las calles de la ciudad. El alto número de suicidios se registró particularmente en el curso de los días en los que que la derrota del Estado nazi resultaba inminente. El Ejército Rojo avanzaba hacia Berlín, nadie dudaba de que el Tercer Reich tenía sus días contados. Las tropas de Alemania huyeron apresuradas y quemaron los puentes como intento desesperado de ralentizar el avance soviético. Para Demmin (ciudad rodeada por los ríos, Peene, Tollense y Trebel), la medida resultó determinante. Fue en esta localidad, donde el Partido Nazi, obtuvo el mayor porcentaje de votos de toda Alemania, y ciudad de Demmin, se había visto involucrada en muchos de los crímenes y en la feroz persecución a comunistas… Hicieron lo mismo que había hecho Hitler: ¡Mejor la muerte que caer en manos de los rusos!

Derrame de tinta entre notas:

Rata nazi con forma humana utilizó durante la guerra fría y la división de Berlín, la Sinfonía como el “himno de la Alemania Occidental” entre 1956 y 1968. Porque… (interpretando el dicho): si causa perjuicio, en lugar de utilidad, la mayor habilidad en virtud, es vicio, en despotismo!!!

Maité Campillo (actriz y directora de teatro)

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