VENEZUELA. Resistencia y contragolpes de la diplomacia bolivariana en 2019

La autojuramentación de Juan Guaidó terminó de definir una afirmación que se venía haciendo desde las últimas incursiones violentas de la oposición venezolana: la matriz del antichavismo está en el extranjero y sus operadores locales no actúan por cuenta propia.

El levantamiento de un «gobierno de transición» como excusa para disparar el caso institucional fue maquetado en la Casa Blanca, tomando visibilidad los principales voceros de la política estadounidense: Mike Pompeo, secretario de Estado; el senador de Florida, Marco Rubio; y John Bolton, exasesor de seguridad de Estados Unidos, con el presidente Donald Trump a la cabeza.

Un modelo de insurrección ensayado antes en el Medio Oriente, Libia su referente obligatorio. Con el apoyo adecuado de la comunidad internacional, era cuestión de días, o semanas, para que el producto Guaidó materializara el cambio de régimen en Venezuela. Sin embargo, desde el gobierno venezolano se puso en marcha una contra-agenda para detener el conflicto a lo interno del país, concatenado a una estrategia diplomática que desarmó los argumentos de los gobiernos que, en las primeras horas de la aventura neocon, parecieron apoyarla sin ningún cuestionamiento.

Claves de la política exterior venezolana que sirven para entender dónde estamos hoy, y lo que queda de la fuerza internacional que validó el interinato anunciado a principios de año.

JURAMENTACIÓN DE NICOLÁS MADURO: LOS ACTORES A FAVOR Y EN CONTRA DE LA DESINTEGRACIÓN DE UN ESTADO

Nicolás Maduro asumió el cargo presidencial correspondiente al periodo 2019 – 2025, cuando en paralelo la oposición venezolana, guiada por gobiernos extranjeros, construía la narrativa del paraestado. El primer mensaje enviado al resto del mundo fue el de no ceder ante las presiones enviadas directamente de Estados Unidos; Maduro no estaba actuando fuera de la Constitución, a diferencia de la maniobra antichavista, pues el Tribunal Supremo de Justicia ratificó el desacato de la Asamblea Nacional y, por lo tanto, ese poder quedaba aislado en el intento de institucionalizar la autoproclamación de Guaidó.

Hubo una división en el escenario internacional con respecto a la crisis inducida en Venezuela, reflejo de las discrepancias entre bloques de poderes en su forma de abordar las relaciones bilaterales con otros países.

Mientras que a Estados Unidos, catorce países, entre miembros de la Unión Europea y países del Grupo de Lima, se le unían al apoyo mediático del «gobierno de Guaidó», la potencias emergentes de Rusia y China reconocieron la legitimidad del presidente Nicolás Maduro. Del lado euroasiático, Turquía enviaba también un sólido respaldo.

Por último, Bolivia, México, Uruguay, Nicaragua, Cuba y países del Caribe rompían con el consenso de la región, trabajado por la OEA, ante la situación en Venezuela. Incluso, en la maquinación del enemigo hubo titubeos de algunos gobiernos de derecha, sobre todo al momento de plantear un escenario militar en la región, lo que acentuaba el quiebre en la unidad de criterios.

DIPLOMÁTICOS CONSPIRADORES EXPULSADOS: LA CREDIBILIDAD INTERNACIONAL DE GUAIDÓ EN RIESGO

A la creación del proto-estado le siguieron órdenes guiadas hacia el extranjero, para sustituir a miembros de las embajadas venezolanas con aval de los gobiernos in situ.

El 23 de enero expulsó a la delegación estadounidense del país, dejando un canal abierto para explorar la creación de oficinas de intereses en Caracas y Washington. Finalmente, llama a retirar el personal diplomático el 12 de marzo, tras las amenazas del «uso de la fuerza militar», opción que EEUU venía perfilando con aliados en la región.

En sus redes sociales, Mike Pompeo intentó pasar como decisión propia la retirada de los funcionarios estadounidenses.

Organizaciones civiles en EEUU protegieron la sede diplomática de Venezuela en asedio (Foto: HispanTV)

 

El personal del gobierno de Iván Duque corrió con la misma suerte, tras la operación ejecutada el 23 de febrero en la frontera con la ciudad colombiana de Cúcuta. Fueron expulsados por promover el ingreso de fuerzas irregulares al país, vía camiones con «ayuda humanitaria», a lo que Carlos Holms Trujillo, entonces canciller de Colombia, trató de equilibrar respondiendo que no rompió relaciones con Venezuela porque reconoce a Juan Guaidó como el «mandatario de ese país». Sin embargo, para «resguardar la vida» de sus funcionarios, los retiró de Caracas «a la mayor brevedad».

Esta escena se repitió con la expulsión de Daniel Kriener, embajador de Alemania en Caracas, país aliado de la coalición hemisférica contra Venezuela.

Medidas contundentes tomadas por el gobierno de Nicolás Maduro a nivel diplomático que hicieron fluctuar el apoyo de la región latinoamericana y de la Unión Europea al radicalismo de la Administración Trump, viendo que en lo concreto, el «gobierno» de Guaidó no gobernaba.

RETIRO DE LA OEA: LUIS ALMAGRO Y SU MANIOBRA PARA SOSTENER LA PRESENCIAL ARTIFICIAL DE VENEZUELA

El retiro de Venezuela de la Organización de Estados Americanos (OEA) fue anunciado en 2017. Este año se cumplió con el lapso estipulado para validar la decisión y con el pago de los compromisos adquiridos.

De este modo, el país caribeño se convirtió en el primero en salir voluntariamente de la organización. La solicitud hecha por la Cancillería venezolana responde a los actos de injerencia y presión que asumió la OEA, en manos del secretario general Luis Almagro, alineado a los intereses de la Casa Blanca.

En ese marco se entiende la aprobación, en paralelo, de Gustavo Tarre Briceño como «embajador» del gobierno artificial de Guaidó ante el organismo multilateral. Una resolución que también derivó en un hecho inédito: la OEA validando a un representante diplomático sin la autorización del jefe de Estado miembro.

El embajador del gobierno mexicano, Jorge Lomónaco, fue enfático al denunciar la resolución, evidenciado las violaciones a la Carta de la OEA. ¿Se intentaba sustituir la representación formal del Estado venezolano por la del poder legislativo?

En la misma línea, México tendrá, a partir del mandato de Andrés Manuel López Obrador, un papel fundamental en los aflojamientos del Grupo de Lima.

La salida de Venezuela y el enfoque del organismo a la estrategia de asedio contra el país ocurre en medio del desmantelamiento de las instituciones multilaterales que hacían contrapeso geopolítico a la política exterior de Estados Unidos. El papel que tuvo en el golpe de Estado boliviano, y su incursión ahora en países del Caribe, confirma el agotamiento de la OEA como verdadero mecanismo para arbitrar, sin injerencias, conflictos de la región.

ESTADOS UNIDOS FRACASA EN LA ONU Y RESUCITA EL TIAR: LA ETAPA BÉLICA SE HACE CUESTA ARRIBA

Tres veces se reunió, por solicitud de la misión de Estados Unidos, el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para dirimir la confrontación en Venezuela, bajo la amenaza de una guerra mercenaria en el territorio testeada por la Casa Blanca con la operación en la frontera colombo-venezolana.

La posición de la Administración Trump en la última sesión definió el propósito de colocar el del tema venezolano en la instancia internacional, cuando, en voz del vicepresidente Mike Pence, exigió que Samuel Moncada, representante de la delegación venezolana, se retirara de la sesión, mientras que exigía la revocación de las credenciales del cuerpo diplomático de Venezuela.

 

 

¿Con qué fin desconoció a la delegación oficial? Estados Unidos estaba preparando una resolución, denunciada por Moncada, para que la ONU reconociera el falso interinato de Juan Guaidó, como ocurrió en la OEA. Sin embargo, la intención no tuvo el mismo efecto vasallo en el Consejo, pues fue obstáculo el veto de Rusia y China, dos actores consistentes en oponerse a la intimidación bélica de las élites occidentales en la región latinoamericana.

Moncada también alertó del cerco al que estaba siendo inducida la delegación venezolana en la ciudad de Nueva York. Estados Unidos toma la decisión de bloquear los pagos de nómina que el gobierno venezolano cancela a los funcionarios en el extranjero, esperando que las presiones hagan abandonar la sede de la ONU y reemplazarlos con el personal de Guaidó.

Esta situación no es ajena en otros países hostiles al chavismo, Italia y Suiza utilizan el mismo mecanismo de presión para aislar a las embajadas venezolanas.

La escalada diplomática tiene un nuevo repunte a mitad de año con la activación del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) y el supuesto ingreso de Venezuela a ese mecanismo mediante las acciones conjuntas de Luis Almagro y el representante de facto en la OEA, Tarre Briceño. Los meses anteriores, pese a las sanciones sobre el entorno económico venezolano y las conspiraciones golpistas, quedó estancado el objetivo de socavar la cohesión del país respecto a la investidura de Nicolás Maduro.

En el marco de la 74a Asamblea General de Naciones Unidas y luego de probar, sin éxito, que los emisarios de Guaidó suplantaran la representatividad del cuerpo diplomático venezolano en los foros del evento, los Estados miembros del TIAR se reunieron con Julio Borges y Carlos Vecchio. Allí emitieron una resolución que se sumaba a los pretextos para desencadenar una intervención militar a largo plazo.

El canciller Jorge Arreaza, desde una reunión ministerial de los Países No Alineados, sintetizó la estrategia estadounidense y sus satélites latinoamericanos: «Busca suplantar el papel del Consejo de Seguridad (de la ONU) en materia del mantenimiento de la paz y seguridad internacionales».

Trinidad y Tobago se abstuvo de votar la controversial medida y Uruguay se retiró, denunciando que el uso de la fuerza violaba flagrantemente el derecho internacional y marcaba un precedente del que no estaban dispuestos a ser partícipes.

Por su parte, el cuerpo diplomático venezolano pudo desempeñar su agenda en el organismo multilateral sin reveses y la vicepresidenta Delcy Rodríguez cerró la jornada con su intervención en el debate. Otra expresión de la derrota a la pretensión de inmovilizar las relaciones diplomáticas de la República Bolivariana.

 

La vicepresidenta venezolana denunció a Juan Guaidó y al gobierno de Duque en la ONU (Foto: Archivo)

 

El discurso de la venezolana se centró en develar las acciones de guerra no convencional aplicadas en el país y el trabajo quirúrgico del Estado para desarmarlas. Alcanzó el cenit cuando, alzando una fotografía, mostró los vínculos del protegido de Washington con bandas narcoparamilitares colombianas (Los Rastrojos).

MNOAL Y CONSEJO DE DERECHOS HUMANOS ONU: EL CHAVISMO Y SU CENTRO DE GRAVEDAD EN EL BLOQUE EMERGENTE

El gobierno venezolano entregó la presidencia del Movimiento de Países No Alineados (MNOAL) este 2019 a la República de Azerbaiyán.

Durante tres años, la conducción de Venezuela en el MNOAL hizo especial ahínco en la denuncia del bloqueo financiero patrocinado desde Washington hacia naciones soberanas y del peligro de la existencia de instituciones internacionales que funcionaran como extensiones de la política unilateral estadounidense.

Además, con los países miembros, formó un bloque anti-belicista que abogó por la respuesta pacífica a las principales confrontaciones en el mundo.

Del 18 al 21 de julio, 120 delegaciones se dieron cita en Caracas para clausurar la presidencia pro témpore. En la resolución final se ratificó el reconocimiento del mandato de Nicolás Maduro. Las naciones invitadas también coincidieron en crear, dentro del foro político, un equipo de trabajo conformado por aquellos países fustigados en sus economías con medidas coercitivas, Venezuela presidiéndolo.

  • Entre la lista del Departamento del Tesoro, de la Unión Europea y la propia ONU, hacen un total de 46 Estados sancionados en la actualidad.

La contraofensiva del chavismo partió de esa campaña mundial para denunciar el bloqueo y propagar la resistencia del pueblo venezolano.

En abril, el canciller Jorge Arreaza realizó una gira por África, Medio Oriente y Rusia que da cuenta de ello. La elección de esas regiones no es casual, pues dentro del esquema golpista de Estados Unidos, se consideró únicamente el apoyo de la veintena de naciones occidentales y gobiernos de derecha latinoamericanos, negando al múltiple sistema de países alejados de la órbita hegemónica.

 

Canciller Jorge Arreaza en reunión con el presidente de Siria, Bashar al Assad (Foto: Cancillería de Venezuela)

 

El resultado de las tareas de la Cancillería en el MNOAL y las giras internacionales precedieron a la victoria en el Consejo de Derechos Humanos: 105 delegaciones votaron a favor de que Venezuela ocupase uno de los 46 puestos del organismo de la ONU, desplazando inmediatamente el desgastado argumento que señala a funcionarios e instituciones venezolanas como «violadores de los derechos humanos», con base en expedientes adulterados por miembros de las Naciones Unidas.

El gobierno de Nicolás Maduro, coherente con la política exterior construida en estos años, estabilizó el frente internacional trabajando las relaciones bilaterales con el bloque multipolar de las fuerzas geopolíticas en pugna. En cuestión de meses, acompasó la opinión de 120 países hacia el rechazo al intervencionismo militar de Estados Unidos y su política de sanciones, mientras que los aliados de Guaidó fueron mermando en impulso e interés de los centros de poder occidentales.

 

(Misión Verdad)

 

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