No hace falta que encuesten, vale con salir a las calles, hacer las gestiones debidas cotidianas para escuchar el ideario que defiendde Vox en boca de gentes de todo tipo. Lo hacen sin cortarse un pelo, sin vergüenza. El fascismo anda suelto y, salvo sorpresa, llenará la Cámara de Diputados en las próximas elecciones de personajes siniestros, al igual que ocurre en el resto de los países europeos. Lo imprescindible es detectar qué políticas y acciones (e inacciones) hacen crecer de un modo alarmante a esta ideología, pese al pasado de muerte y terror que ofrece su curriculum. Hay responsables.
Pareceira que los discursos en el Parlamento, las ruedas de prensa, el trabajo para obtener dos cocnejales más y mantener el diputado por la circunscripcion (razón de ser de no pocas organizaciones de izquierda institucional), y los manifiestos firmados por famosos, tienen que dejar paso -como lo están haciendo en algunas ciudades- a organizaciones antifascistas activas. La clave no parece estar en los escaños.
(La imagen risueña de Abascal nos debería dar suficiente asco como para organizarse).
