XABIER MAKAZAGA. Un muy posible caso de terrorismo de Estado que urge resolver: Mikel Lejarza, ¿Lobo?

Quien desde hace mas de 30 años afirma ser Mikel Lejarza «Lobo», catalogado como el mayor topo que tuvo nunca ETA en su historia, ha vuelto a las andadas con el libro «Yo confieso» que ha escrito junto al periodista Fernando Rueda. Se trata del tercer libro de supuestas memorias de «Lobo», todos ellos repletos de mentiras, y en él pretende que hoy día, tras la desaparición de ETA, el riesgo de que lo maten es mayor que nunca, pero no es precisamente ese el riesgo que corre sino el de que se demuestre su impostura.

En efecto, aunque es probable que su identidad, Miguel Ruiz Martínez, sea falsa, no me cabe la más mínima duda de que no se trata de Mikel Lejarza y de que su actuación, a partir de 1988, ha respondido a un calculado plan de los servicios secretos. Un plan en el que tuvo un destacado papel Fernando San Agustín, quien, pese a dejar oficialmente dichos servicios en 1982, con el grado de comandante, ha seguido trabajando para ellos. Por ejemplo, en la operación de infiltración que sufrió Terra Lliure justo antes de las Olimpiadas de 1992.

Uno de los datos que me han conducido a concluir la impostura de quien afirma ser «Lobo» es que dicho alias y la leyenda que le adjudican tuvieron su origen en un episodio, supuestamente sucedido en Madrid meses antes de la muerte del dictador Franco, que estoy persuadido nunca sucedió. Se trata del episodio con el que se inicia la película «Lobo» y hoy día pienso disponer de datos más que suficientes para afirmar que fue una pura invención de los servicios secretos franquistas.

El 30 de julio de 1975 se produjo en Madrid un intenso tiroteo en el que estuvieron involucrados cuatro miembros de ETA que viajaban en un mini rojo. Uno de ellos, Josu Mujika, resultó muerto, otros dos, Txepe Lara y el responsable del comando, Papi, detenidos y Mikel Lejarza consiguió, supuestamente, huir.

Al día siguiente, la agencia Europa Press difundió una extensa noticia, que publicaron la mayoría de diarios, en la que se decía que «uno de los miembros del comando que sostuvo ayer tarde un enfrentamiento con la fuerza pública» entró por la fuerza en el domicilio de un alto cargo franquista, que habitaba en la zona, «efectuó varias llamadas telefónicas en las que se identificó como «Lobo» y, tras permanecer hora y media en dicho domicilio, «salió a la calle no sin antes cortar la línea telefónica de un tirón».

ETA supo en setiembre de 1975 que la emisión internacional en castellano de la BBC habló de un «Lobo» que provocó las caídas del 30 de julio, pero al parecer no se enteró de la noticia difundida por Europa Press, que fue sin duda la fuente en que se basó la BBC. En todo caso, es absolutamente falso lo que afirmaron los periodistas Miralles, Arqués y Duque en el reportaje «El Lobo que desgarró a ETA» publicado en «Diario16». Dichos periodistas pretendieron que «Los servicios de información se ocuparon de que la prensa no publicara una sola línea de este incidente, pese a que era conocido en más de una redacción». Eso hubiera sido, sin duda, lo normal, pero sucedió todo lo contrario, ya que se encargaron de que se publicara en la mayoría de los diarios y de forma destacada.

Lo primero que deduje tras descubrir la noticia divulgada por Europa Press fue que, si se divulgó en pleno franquismo, tuvo que ser porque así lo decidieron los servicios de información franquistas. Era imposible que aquella noticia hubiese escapado a su control, estando como estaban, controlando muy bien todo lo que se publicaba en relación a los tiroteos de la víspera (tardaron más de cinco días en dar el nombre del militante muerto).

También deduje que la noticia no podía ser sino falsa, ya que de ser cierta nunca hubiesen permitido su divulgación, porque iba sin duda a levantar la sospecha de la existencia de un topo que no podía ser sino Mikel Lejarza. Por eso lancé la hipótesis de que Lejarza pudo ser detenido el 30 de julio de 1975 y, tras ocultar dicha detención, fue torturado, quebrado y obligado a colaborar.

En aquella época se dieron cientos de casos similares en otras organizaciones (montoneros argentinos, MIR chileno…), y no creo que se pueda descartar que detuvieran a Lejarza y, tras ocultar dicha detención, lo torturaran y le mostraran los diarios en los que se publicó la noticia divulgada por Europa Press y la declaración del Jefe Superior de Policía de Madrid, Federico Quintero, quien insistió en que no eran cuatro los ocupantes del mini sino que «solo son tres los terroristas implicados en la persecución habida ayer: uno murió y los otros dos resultaron detenidos».

Si mi hipótesis es correcta y, aparte de torturarlo, a Mikel Lejarza le mostraron todos los diarios de aquel día y le dijeron que nadie sabía que estaba detenido y podían hacer con él cuanto quisieran, no sería nada de extrañar que hubiesen conseguido quebrarlo y obligado a colaborar. En ese caso, lo más probable es que, tras finalizar el operativo, a Lejarza lo mataran e hicieran desaparecer, porque es lo que hacían casi siempre los milicos argentinos con los montoneros que conseguían quebrar. Los obligaban a colaborar y después los hacían desaparecer.

Eso sí, todo cuanto acabo de afirmar sería bien fácil de rebatir si esa persona que afirma ser Mikel Lejarza aceptara hacerse una prueba de ADN que certifique dicha identidad, pero estoy absolutamente seguro de que se negará en redondo a hacer esa prueba o cualquier otra que pueda ponerlo en evidencia, con la peregrina excusa de que, tras la desaparición de ETA, el riesgo de que lo maten es mayor que nunca.

He ahí un muy posible caso de terrorismo de Estado que urge resolver.

 

(Xabier Makazaga)

 

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