Un gobierno donde el socialismo no aparece en su agenda

Uno de los paradigmas del capitalismo que se ha extendido en el conjunto de la sociedad es que sin las grandes empresas es imposible que salgamos adelante. Ello se traduce en un marco jurídico donde gozan de las ventajas pertinentes para sus negocios y explotaciones; y de lo contrario. Esto es, que si no se legisla para sus quehaceres, se van del país y eso es una ruina. Traducido en la cotidianidad recuerda al trabajador que vota y, sobre todo, actúa, a favor del patrón para que lo siga contratando (con sueldo) y poder así mantener a su familia. Que haya ricos y pobres es algo que no tiene solución. El desclasamiento, o mejor, el no haber tenido jamás conciencia de clase lleva a proteger al enemigo, a no considerarlo siquiera como tal. Que estén a gusto, que no paguen impuestos, o al menos un porcentaje nimio de los beneficios, que se le faciliten ERTEs, que no bajen sus valores en Bolsa, que sus accionistas principales tengan reconocimiento social, que se sientan imprescindibles, que no se le recrimine por irse con las maletas a paraísos fiscales… , que los gobiernos estén, en tres palabras, a sus órdenes. La socialdemocracia (en el caso español representada por el PSOE y Unidas Podemos) cuando está en el gobierno, intenta con los suyos el difícil arabesco de hacer creer que todos juntos podemos caminar en una economía de mercado con reformas, acuerdos y alguna que otra ley que garantice el ansiado «capitalismo con rostro humano». Un concepto con el que siempre suspiran pero que hasta en los países escandinavos hace tiempo que se ha derrumbado. Lejos de nacionalizaciones, expropiaciones y devolución a los obreros de los medios de producción, porque si alguien tuviese la sola idea de hacer algo parecido.

La sola amenaza de una gran empresa con irse del país o echar a miles de trabajadores (como está sucediendo en estos días aciagos de Corona), pone al gobierno de rodillas y genuflexo. Una prueba más que el socialismo no está en la agenda. No va con ellos, aunque muchos de sus militantes y hasta de votantes, no lo quieran ver y se agarren (¡qué paradoja!) a las fabulaciones interesadas, para excitar a sus huestes, que hace la prensa de la extrema derecha repitiendo hasta el bochorno que Pablo Iglesias es como un Lenin, y hablando de un gobierno social-comunista. Qué más quisiéramos.

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