Toda la fuerza en el 1º de Mayo para librarnos de toda clase de parásitos

En este Primero de Mayo, Red Roja quiere, como cada año, reivindicar la memoria de quienes dieron su vida y su libertad por una sociedad justa e igualitaria al servicio de la clase trabajadora. Hoy más que nunca, mientras sufrimos un gravísimo recrudecimiento –provocado por la pandemia del Coronavirus– de la crisis social y económica que se viene arrastrando desde hace años, recordamos a los mártires de Chicago y al resto de defensores de la clase obrera que murieron luchando contra la explotación y la miseria.

Ya antes del COVID-19 las condiciones de la inmensa mayoría de la población trabajadora eran de suma precariedad laboral y desamparo en cuanto a la pérdida de derechos sociales. El anterior ciclo de crisis se había saldado con casi 12 millones de personas en riesgo de pobreza. Las distintas reformas laborales de los gobiernos del PSOE y del PP (2011 y 2012) ya habían terminado de liquidar cualquier posibilidad de negociación colectiva y anulado buena parte de los derechos laborales por los que la clase obrera sacrificó tanta sangre y esfuerzo. Tanto las plantillas de los diversos centros de trabajo, los pequeños y “falsos” autónomos, como las personas hiperprecarizadas (trabajadoras domésticas, de cuidados, jornaleros, etc.) viven una verdadera dictadura laboral en la que apenas hay posibilidad de protesta o reclamación sin sufrir por ello una represión tal, que les cueste hasta el puesto de trabajo. Esta nueva recesión la van a intentar hacer pagar de nuevo a la clase trabajadora a costa de privatizaciones, de recortes en lo público y de formas todavía más flagrantes de sobreexplotación laboral, todo ello refrendado y bien blindado con los “Nuevos Pactos de la Moncloa”.

En el último mes, cerca de dos millones de trabajadores se han visto afectados por ERTES, los despidos directos superan ya la cifra de los 300.000 y la amenaza de cierre definitivo se cierne sobre miles de autónomos y pequeñas empresas, sin garantía de subsistencia en el futuro. El Gobierno ha dejado en manos de la parasitaria y corrupta gran banca 117.000 millones de euros para que los mismos responsables del caos reinante puedan disponer de ellos a su antojo sin ningún tipo de control. Todas las medidas adoptadas por el Ejecutivo presagian un nuevo rescate encubierto con avales del estado, que se añade a los más de 60 mil millones de euros de dinero público que se ha inyectado a la banca desde el 2008. Es decir, en lugar de salvar al pueblo, se persigue rescatar a la banca y a la gran empresa.

La pandemia ha mostrado con toda claridad lo que supone este sistema para los trabajadores, un sistema totalmente desigual, insolidario y criminal para las vidas de las personas. Pero también ha dejado a las claras algo que siempre recordamos en el 1º de Mayo: el gran poder que encierra la clase obrera. Si los trabajadores paran, el capital se hunde. El motor de la economía lo mueve la clase trabajadora.

El primer asalto de este combate se lo está apuntando el gran capital pero, ni mucho menos, la pelea está perdida. ¿Cómo podemos revertir esta situación? Desde hace mucho tiempo ya, las formas de lucha tradicionales, legalistas y meramente sindicales –si bien, necesarias– se han constatado como insuficientes. Las tentativas del “sindicalismo alternativo” de librar las batallas cada uno por su cuenta (en muchas ocasiones, incluso compitiendo por tener el mayor número de afiliados) han desviado la lucha por una verdadera alternativa sindical de clase.

En el Día Internacional de la Clase Obrera convocamos a todas las organizaciones combativas a construir unidad desde la base, a asumir distintas fórmulas organizativas y métodos de lucha que vayan más allá de los formalismos que la patronal, junto con los sindicatos mayoritarios, han habilitado para controlar y canalizar la protesta.

Al mismo tiempo, llamamos al activismo social a realizar un balance de resultados del pasado “ciclo de movilizaciones” iniciado en 2011 y sofocado a base de dispersión e ilusionismo electoralista. De todas esas movilizaciones contra los desahucios, la represión, las privatizaciones, etc. se puede sacar el aprendizaje de que solo un gran torrente único de lucha, sin limitaciones de reivindicaciones sectoriales o de críticas a uno u otro gobierno de turno, puede verdaderamente llegar a cuestionar el poder político real y alcanzar la toma de este. Y al frente de esta única fuerza común han de estar, por supuesto, las organizaciones obreras combativas: las que históricamente han conseguido las principales conquistas laborales y los derechos sociales fundamentales.

Por todo ello, además de impulsar la unidad sindical, apelamos a construir un FRENTE COMÚN que salve al pueblo de las garras del gran capital. Un frente unido de la clase trabajadora que imponga el NO pago de la deuda, la salida de la Unión Europea y la expropiación de la banca para la planificación racional y democrática de la economía. Solo a partir de ese espacio político común podremos desparasitarnos de nuestro enemigo principal, el gran capital financiero, que somete nuestra economía a su voluntad, por encima de cualquier gobierno. Sin extirpar ese virus no puede haber alternativa posible de un futuro próspero y justo para la inmensa mayoría.

¡Solo el pueblo salva al pueblo! ¡Viva la lucha de la clase obrera!

 

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