“Tendremos que levantarnos”, nos dice Anna Gabriel a través de una carta desde el exilio

Nos volveremos a ver

Hace meses que también las formas de comunicarnos se ven atravesadas por todo. Barrotes, distancias y prudencias. Y ya hace meses, demasiado tal vez, que quedaba pendiente eso; unas palabras, unas líneas, una forma imperfecta pero quizás más directa de deciros que os pienso, que te añoro. Que todo ello es, como mínimo, extraño. Pero que nada, ni los costes ni los sufrimientos, pueden hacernos renunciar a la defensa de los derechos civiles, políticos, sociales, económicos y culturales. En la defensa, por lo tanto, del derecho a la autodeterminación, de nuestro derecho a construir unos Països Catalans que se salgan de la lógica neoliberal, y del corsé de un régimen, el del 78, que contiene todavía demasiado de la peor tradición imperial, represiva y vengativa.

Me daría mucho gusto contaros muchísimas cosas. De cómo decidimos venir aquí, de cómo fueron los primeros tiempos, de cómo es ahora … de cómo se viven algunos debates desde distancia, de cuáles son los proyectos actuales … Pero también sabemos que para nosotros, la sinceridad y el corazón abierto , siempre topan con grandes arrecifes y que, por lo tanto, la intención con la que se hacen las cosas se malgasta. Así que sin poder decir todo lo que quisiera, ni como quisiera, intentaré, sin haceros perder demasiado tiempo, contaros cuatro cosas.

Este es un país, y esta una ciudad, en el que encuentras gente comprometida, generosa y honesta. En la que se respiran y palpitan historias de vida atravesadas de conflictos, de luchas, de dignidad y también de derrotas. Es un destino de exilios, un lugar de encuentro, de refugio. Evocaría de historias de vida preciosas, porque están llenas de lucha; y otros más tristes y de más duras … pero en todos los casos, son vidas que fundamentan ya la mia. Este es un país donde he encontrado gente que seguramente nunca me hubiera cruzado. Y que ahora forman parte de mi bandada de pilares. No tengo el movimiento político en el que he militado durante tantos años, no tengo mi casa, ni nuestras cotidianidades. Pero como decía Galeano, quejarse por la ausencia de según que, cuando nos han hecho desaparecer a tantas personas dignas y luchadoras, es como faltar el respeto al sufrimiento.

En una entrevista reciente, una diputada kurda, exiliada desde hace dos años, decía que no solía hablar de sus sentimientos, porque cuando ve como la gente sufre en su Kurdistán sometido a la represión turca, olvida sus problemas. Pues es un poco eso; abrirse al internacionalismo de par en par, aprender, compartir e implicarse en la realidad que te acoge. Participar de todo lo que aquí se construye para ese otro mundo posible. Como ejercicio cotidiano de solidaridad. También para relativizar los problemas propios. Para nosotros nada, para todas todo. Porque muchas de nosotros, en el contexto del sistema-mundo, por muchos motivos, no dejamos de ser en parte unas privilegiadas y no podemos olvidarlo.

Las muestras de solidaridad que llegan, son muchas más de las que  nunca hubiera imaginado. Supongo que porque tampoco me he entretenido a tener presentes las que no llegan, y disfruto todas y cada una de las que sí lo han hecho. Las cartas, los detalles, las visitas o los mensajes me han acompañado desde el primer día. Y también acompañan cada día a los de casa. Aquí y allí, hay personas que han desbordado de generosidad. Y sólo puedo hacer que agradecerlo. No, no me cansa nada de lo que me llega, no hay que tener miedo a molestar. Que estéis, que la gente esté, es siempre un regalo. Y es que quien ejecuta la represión debe contar, siempre, con que la solidaridad más tierna y más determinada puede desbordar también sus límites y sus imposiciones.

También se me hace difícil explicar cómo es seguir la actualidad política y ver las manifestaciones de lejos, sufriendo por la más que habitual violencia policial, o esperando la libertad de las detenidas sin poder estar en las puertas de las comisarías. Hay un día a día de debate, de movilizaciones, de toma de decisiones políticas, del que casi sólo puedes ser espectadora.

Después de muchos años trabajando y militando en la estructura nacional, y del reciente paso por el Parlament, hubiera vuelto, como tocaba y como quería, a la base. Y eso me ha llevado a  querer que sean las portavoces, las estructuras decisorias de la CUP, las que pongan voz a todo lo que queramos decir. La CUP, la izquierda independentista, se dota de campañas propias contra la represión y por la defensa del derecho a la autodeterminación, los derechos sociales y políticos de nuestro pueblo y por la construcción de prácticas internacionalistas y solidarias entre pueblos, y en estas, en las definiciones colectivas, tenemos que incorporar ahora, como nuestro movimiento y nuestro pueblo había tenido que hacer tantas veces, el exilio. Del mismo modo que incorporar la denuncia de todas y cada una de las formas de represión y de solidaridad con las personas que la padecen. Y creo que es así como debe ser. Entre todas, todo.

En tiempo de hacer fuera comunistas de las instituciones, de trajinar con las leyes contra la violencia de género y de ser asesinadas por andar solas; en tiempo de presidencias que dejarán por herencias muros y dejar solas ante la muerte las que han construido vida en medio de la guerra; en estos tiempos, creo que también es momento de saber sacar lo mejor de cada uno. Individual y colectivamente. De saber cómo reencontrar el espacio que siempre hemos intentado forjar para demostrar que las liberaciones no se jerarquicen. Que es todo un sistema el que genera sufrimiento y que conformarnos con nuestro bienestar, construido sobre el dolor de las otras, es simplemente abominable.

Por eso nos necesitamos organizadas y determinadas, pero siendo parte de una resistencia amplia. Atentas a los cambios que el país, y la gente, han vivido en los últimos tiempos, a fin de poder intervenir. Atentas a lo que ocurre en Europa, todo el Mediterráneo también, todo el mundo. Nos necesitamos sabiendo que la libertad es no tener miedo, pero siendo conscientes de que el miedo ha avanzado, y que hay que trabajar para hacerla pequeña. Nos necesitamos perspicaces sabiendo leer los movimientos del resto de actores políticos, sin altivez, pero seguras.

Tenemos un país, unos Països, que han sufrido mucho, con unas clases dominantes que tras proyectos que enfilaban grandes banderas, han robado mucho, han mentido mucho, y han utilizado sistemáticamente las instituciones y los recursos de todas para beneficiar unos pocos. Esto no ha ocurrido sólo en nuestros países, pero no podemos olvidar que esto, y otros factores, han hecho que no sólo haya crecido mucho el apoyo al ejercicio de la autodeterminación y a la construcción de una república independiente, sino que de del mismo modo, haya importantes sectores populares que rechazan esta misma idea: no es sólo que no hayamos sido capaces de explicar todavía bastante claramente que nuestro proyecto de República es un proyecto plural y coral, un proyecto de identidades compartidas, complejas y poliédricas; también han intervenido el miedo a la incertidumbre, incentivada por el Poder en mayúsculas, una incertidumbre que es política, social y económica, pero también sentimental; y al mismo tiempo, el rechazo y la protesta contra un determinado sector de la clase dirigente local, y su modelo de identidad nacional después de un ciclo de corrupciones y recortes.

Creo que es necesario que nos escuchemos mucho más, hay que prestamos mucha más atención, desde el rigor y la sensibilidad, al empobrecimiento continuado de la clase trabajadora, y de nuestro pueblo, este que desde hace tantos siglos se ha formado de gente que venía de aquí y de allí, de las dos orillas del Mediterráneo, y de tierras adentro. El independentismo, el movimiento por la autodeterminación, necesita prestar mucha más atención a las necesidades reales de la gente, escuchar mucho más. Sólo así logrará la fuerza necesaria para superar todas las barreras que nos separan de poder ejercer nuestros derechos, nuestras soberanías, y nuestra autodeterminación con plenitud.

Los juicios que comenzarán en pocos días, son una de estas barreras. Como lo son el injusto chantaje de la prisión, y la descarnada amenaza contra aquellos que también serán juzgados pero que no tienen el mismo foco que los que están en la cárcel o estamos en el exilio. Como lo son las actuaciones de la extrema derecha, como lo son las renuncias y los miedos. Ante estas barreras, y a pesar que nos cueste, tendremos que levantarnos – cada uno desde su lugar, cada una desde nuestras posibilidades- pero alzarnos para denunciar. Alzarnos para construir.

No sé, es como lo vivo y como lo veo desde aquí. Sólo quiero que sepáis que nuestros aciertos – y nuestros errores – son también míos. Y que toda acción política que emprendamos, debe partir de las necesidades colectivas, de la necesidad de reaccionar de forma colectiva y de la necesidad de construir de forma colectiva. Si todo lo que hacemos, en lugar de partir de nuestra circunstancia individual, se sitúa en lo que quisiéramos que fuera nuestro futuro, no sólo estaremos poniendo la vida en el centro, sino que empezaremos ya a vivir la vida que vale la pena ser vivida .

Muy a menudo pienso lo que los indígenas de las comunidades zapatistas nos decían y de hecho, me ayuda a seguir aquí; “Vayan ustedes a sus países y cuenten lo que han visto. Esa es la mejor manera de ayudarnos “. Los tengo presentes cotidianamente, porque me ayuda a seguir aquí. Expliquen porque estoy en este país, denuncien que España responde con represión contra la voluntad de autodeterminarnos. Es la mejor manera de ayudarnos.

Cuidaos.

Anna Gabriel

Ginebra, 22 de enero de 2019

 

 

Ens tornarem a veure

Ja fa mesos que també les formes de comunicar-nos es veuen travessades per tot plegat. Barrots, distancies i prudències. I ja fa mesos, massa potser, que quedava pendent això; uns mots, unes línies, una forma imperfecta però potser més directa de dir-vos que us penso, que us enyoro. Que tot plegat és, com a mínim, estrany. Però que res, ni els costos ni els patiments, poden fer-nos renunciar a la defensa dels drets civils, polítics, socials, econòmics i culturals. A la defensa, per tant, del dret a l’autodeterminació, del nostre dret a construir uns Països Catalans que es surtin de la lògica neoliberal, i de la cotilla d’un règim, el del 78, que conté encara massa de la pitjor tradició imperial, repressiva i venjativa.

Em vindria molt de gust explicar-vos moltíssimes coses. De com vam decidir venir aquí, de com van ser els primers temps, de com és ara… de com es viuen alguns debats des de distància, de quins són els projectes actuals … Però també sabem que per nosaltres, la sinceritat i el cor obert, sempre topen amb massa esculls i que, per tant, la intenció amb la que es fan les coses es malbarati. Així que sense poder dir tot el que voldria, ni com voldria, intentaré, sense fer-vos perdre massa temps, explicar-vos quatre coses.

Aquest és un país, i aquesta una ciutat, en el que hi trobes gent compromesa, generosa i honesta. En la que es respiren i palpiten històries de vida travessades de conflictes, de lluites, de dignitat i també de derrotes. És un destí d’exilis, un lloc de trobada, de refugi. Us parlaria d’històries de vida precioses, perquè estan plenes de lluita; i d’altres de més tristes i de més dures…però en tots els casos, són vides que fonamenten ja la meva. Aquest és un país on hi he trobat gent que segurament mai no m’hagués creuat. I que ara formen part del meu estol de pilars. No hi tinc el moviment polític en el que he militat durant tants anys, no hi tinc casa meva, ni les quotidianitats nostres. Però com deia Galeano, queixar-se per l’absència de segons què quan ens han fet desaparèixer a tantes persones dignes i lluitadores, és com faltar el respecte al patiment.

En una entrevista recent, una diputada kurda, exiliada des de fa dos anys, deia que no acostumava a parlar dels seus sentiments, perquè quan veu com la gent pateix al seu Kurdistan sotmès a la repressió turca, oblida els seus problemes. Doncs és una mica això; obrir-se a l’internacionalisme de bat a bat, aprendre, compartir i implicar-se en la realitat que t’acull. Participar de tot allò que aquí es construeix per aquell altre món possible. Com a exercici quotidià de solidaritat. També per relativitzar els problemes propis. Per nosaltres res, per a totes tot. Perquè moltes de nosaltres, en el context del sistema-món, per molts motius, no deixem de ser en part unes privilegiades i no podem oblidar-ho.

Les mostres de solidaritat que arriben, són moltes més de les que  mai m’hauria imaginat. Suposo que perquè tampoc m’he entretingut a tenir presents les que no arriben, i gaudeixo totes i cadascuna de les que sí que ho han fet. Les cartes, els detalls, les visites o els missatges m’han acompanyat des del primer dia. I també acompanyen cada dia als de casa. Aquí i allí, hi ha persones que han desbordat de generositat. I només puc fer que agrair-ho. No, no em cansa res del que m’arriba, no s’ha de tenir por a molestar. Que hi sigueu, que la gent hi sigui, és sempre un regal. I és que qui executa la repressió ha de comptar, sempre, amb que la solidaritat més tendra i més determinada pot desbordar també els seus límits i les seves imposicions.

També se’m fa difícil explicar com és seguir l’actualitat política i veure les manifestacions de lluny, patint per la massa habitual violència policial, o esperant la llibertat de les detingudes sense poder ser a les portes de les comissaries. Hi ha un dia a dia de debat, de mobilitzacions, de presa de decisions polítiques, del que quasi només en pots ser espectadora.

Després de molts anys fent feina i militant a l’estructura nacional, i del recent pas pel Parlament, hagués tornat, com tocava i com volia, a la base. I això m’ha dut a  voler que siguin les portaveus, les estructures decisòries de la CUP, les que posin veu a tot el que vulguem dir. La CUP, l’esquerra independentista, es dota de campanyes pròpies contra la repressió i per la defensa del dret a l’autodeterminació, pels drets socials i polítics del nostre poble i per la construcció de pràctiques internacionalistes i solidàries entre pobles, i en aquestes, en les definicions col·lectives, hi hem d’incorporar ara, com el nostre moviment i el nostre poble havia hagut de fer tantes vegades, l’exili. De la mateixa manera que incorporeu la denúncia de totes i cadascuna de les formes de repressió i de solidaritat amb les persones que la pateixen. I crec que és així com ha de ser. Entre totes, tot.

En temps de fer fora comunistes de les institucions, de traginar amb les lleis contra la violència de gènere i de ser assassinades per caminar soles; en temps de presidències que deixaran per herències murs i de deixar soles davant la mort les que han construït vida enmig de la guerra; en aquests temps, crec que també és moment de saber treure el millor de cadascú. Individualment i col·lectiva. De saber com retrobar l’espai que sempre hem intentat forjar per tal de demostrar que els alliberaments no es jerarquitzen. Que és tot un sistema el que genera patiment i que conformar-nos amb el nostre benestar, construït sobre el dolor de les altres, és simplement abominable.

Per això ens necessitem organitzades i determinades, però essent part d’una resistència àmplia. Atentes als canvis que el país, i la gent, han viscut en els darrers temps, per tal de poder intervenir-hi. Atentes al que passa arreu d’Europa, arreu de la Mediterrània també, arreu del món. Ens necessitem sabent que la llibertat és no tenir por, però sent conscients que la por ha avançat, i que cal treballar-la per fer-la petita. Ens necessitem perspicaces sabent llegir els moviments de la resta d’actors polítics, sense altiveses, però segures.

Tenim un país, uns Països, que han patit molt, amb unes classes dominants que rere projectes que enfilaven grans banderes, han robat molt, han mentit molt, i han utilitzat sistemàticament les institucions i els recursos de totes per beneficiar uns pocs. Això no ha passat només als nostres països, però no podem oblidar que això, i altres factors, han fet que no només hagi crescut molt el suport a l’exercici de l’autodeterminació i a la construcció d’una república independent, sinó que de la mateixa manera, hi hagi importants sectors populars que rebutgen aquesta mateixa idea: no és només que no haguem estat capaces d’explicar encara prou clarament que el nostre projecte de República és un projecte plural i coral, un projecte d’identitats compartides, complexes i polièdriques; també hi han intervingut la por a la incertesa, incentivada pel Poder en majúscules, una incertesa que és política, social i econòmica, però també sentimental; i alhora, el rebuig i la protesta contra un determinat sector de la classe dirigent local, i el seu model d’identitat nacional després d’un cicle de corrupcions i retallades.

Crec que cal que ens escoltem molt més, cal que prestem molta més atenció, des del rigor i la sensibilitat, a l’empobriment continuat de la classe treballadora, i del nostre poble, aquest que des de fa tants segles s’ha format de gent que venia d’aquí i d’allà, de les dues ribes de la Mediterrània, i de terres endins. L’independentisme, el moviment per l’autodeterminació, necessita prestar molta més atenció a les necessitats reals de la gent, escoltar molt més. Només així assolirà la força necessària per superar totes les barreres que ens separen de poder exercir els nostres drets, les nostres sobiranies, i la nostra autodeterminació amb plenitud.

Els judicis que començaran en pocs dies, són una d’aquestes barreres. Com ho són l’injust xantatge de la presó, i la descarnada amenaça contra aquells que també seran jutjats però que no tenen el mateix focus que els que estan a la presó o estem a l’exili. Com ho són les actuacions de l’extrema dreta, com ho son les renúncies i les pors. Davant d’aquestes barreres, i malgrat ens costi, haurem d’alçar-nos – cadascú des del seu lloc, cadascuna des de les nostres possibilitats- però alçar-nos per denunciar. Alçar-nos per construir.

No ho sé, és com ho visc i com ho veig des d’aquí. Només vull que sapigueu que els nostres encerts – i les nostres errades – són també meves. I que tota acció política que emprenguem, ha de partir de les necessitats col-lectives, de la necessitat de reaccionar de forma col·lectiva i de la necessitat de construir de forma col·lectiva. Si tot el que fem, enlloc de partir de la nostra circumstància individual, es situa en el que voldríem que fos el nostre futur, no només estarem posant la vida al centre, sinó que començarem ja a viure la vida que val la pena ser viscuda.

Molt sovint penso amb el que els indígenes de les comunitats zapatistes ens deien i de fet, m’ajuda a seguir aquí; “vayan ustedes a sus países y cuenten lo que han visto. Esa es la mejor manera de ayudarnos”. Els tinc presents quotidianament, perquè m’ajuda a seguir aquí. Expliquin perquè sóc en aquest país, denunciïn que l’estat espanyol respon amb repressió contra la voluntat d’autodeterminar-nos. Es la millor manera d’ajudar-nos.

Cuideu-vos.

Anna Gabriel

Ginebra, 22 de gener de 2019

 

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2 comentarios

  1. GERMAN GONZALEZ -asesinado en sanfermines de 1978

    !!!!!!!!!!! FUERZA ANNA GABRIEL!!!!!!!!!

    !!!!!!!!!!!!! REGRESO EXILIADAS !!!!!!!

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