Tareas que no pueden esperar

Las instituciones burguesas como forma estructurada política que puede tomar un estado no son neutrales. Es decir, no se convierten en instituciones derechistas si la gestiona la derecha ni se convierten en instituciones revolucionarias si la gestionan socialistas. Siguen siendo instituciones burguesas de un estado y modelo de relaciones sociales y económicas que no ha cambiado su forma ni esencia. El imaginario que le interesa a las democracias burguesas precisamente es la falsa conciencia de que eso pueda ser así como modelo de legitimización, pero toda forma burguesa de poder, toda dictadura de la burguesía, esconde desde el estado fascista hasta cualquier graduación necesaria para que el ciclo de explotación sea asegurado, así como guerras y niveles represivos extremos o suaves dependiendo de tal objetivo. Es decir, dependiendo de la situación concreta de la subjetividad del pueblo oprimido y sus acciones.

Esto supone que por ejemplo en el caso del estado español sea imposible aplicar la autodeterminación porque eso supondría romper la forma burguesa en la que fue levantado, y en la que mantiene su estabilidad tal estado. De ahí que toda independencia solo pueda ser viable desde un proceso de ruptura con la institución burguesa española y no desde su marco, por eso cuando el capital decidió reorganizar la explotación capitalista interna española para optimizar recursos, es decir la reforma franquista, también se abrió al autonomismo y al keynesianismo, tanto para hacer fluir la fuente de su nueva legitimización como para abrir espacio a las burguesías emergentes necesarias para acelerar el nuevo ciclo de explotación expansiva.

La reforma española abrazó, por tanto, dos principios interconectados: la apertura de cauces socio-políticos muy controlados por un lado y, por el otro, el desarrollo del estado del bienestar bajo los dictados de un despliegue económico keynesiano que ampliaba espectacularmente la franja de “las clases medias”. Ambas cuestiones lograban en el estado cortocircuitar las luchas en la calle y a las organizaciones de clase, ya que todas ellas, iban siendo aisladas progresivamente en los márgenes del nuevo régimen y podían ser minorizadas y golpeadas con fuerza por una represión más selectiva sin que ello supusiera el cuestionamiento “democrático” del nuevo marco de dominación capitalista.

Pero en nuestra tierra (Euskal Herria), los planes del gobierno de madrid iban a ser retrasados por la existencia de la lucha armada. Pese a todo, en los años 80, el estado español impulsa el desarrollo del estatuto de autonomía vasco y el amejoramiento navarro (con el apoyo de una rama de ETA), cuyas bases económicas serían el concierto y el convenio. Se garantizaba así la estabilidad y la integración en el proceso de reforma de la burguesía regionalista representada por PNV y UPN, que lograban para sí un doble objetivo: la gestión económica de Hego Euskal Herria y el desarrollo de su propia “clase media”, llamada a formar parte de la nueva institucionalidad. Dialécticamente considerado, el concierto y el convenio representaban la materialización efectiva de las ambiciones de la burguesía regionalista y sus bases de apoyo, dejando de existir en la práctica como fuerzas sociales y políticas interesadas o que podrían llegar a estarlo en lograr la independencia de Euskal Herria.

El proceso político-represivo desde entonces ha logrado crear cierta creencia de que con presionar al sistema desde una versión reformista-electoral con un movimiento pasivo-dependiente detrás sería suficiente y útil de cara a forzar las condiciones democráticas y cuestionar la legitimación del estado en Euskal Herria, con miras a trascenderle en sentido Evolutivo, omitiendo una Ruptura que, por la inestabilidad social que pudiera crear, sería contraproducente para un frente institucional que no encaja en un proceso de ruptura ni en la generación de condiciones para ello.

Lo que debiera haber supuesto el fracaso de Lizarra-Garazi, es decir, una nueva remodelación de la ofensiva de construcción nacional y social, y el re-enganche hacia la unidad político-social del pueblo trabajador vasco quedó reducida en ciertas esferas a culpar a ETA de las imposibilidades materiales de la burguesía vasca y mas concretamente del PNV. De esta manera el estado aprieta el acelerador represivo hacia el frente institucional con ilegalizaciones, el PNV se reposiciona en la era Ibarretxe y los que acusaron a ETA del fracaso de Lizarra-Garazi también llegaron a pensar que la “era ibarretxe” no dio frutos (como si pudiera darlos y para quién) por culpa de la izquierda abertzale que supuestamente no le apoyó. Claro que los que pensaron todo esto eran de la izquierda abertzale. Nada de lo que ocurre ahora se entiende sin esto. Y ese fue el único motivo del “cambio de estrategia” aunque no explicado en su día sino dosificado poco a poco a lo largo de los años. Pasar de una estrategia de ruptura (sea correcta, débil, fuerte o equivocada) a una evolutiva-reformista donde el PNV es instrumental. Y por supuesto para algo así sobraba ETA, la M y sus tres letras, pero no solo eso sino que también organizaciones revolucionarias como KAS o EKIN, y un movimiento popular autónomo no enfocado por la ETB, así como una una unidad popular. El caso era re-engancharse al proceso estatutista que fue rechazado en su día y a partir de ahí crear supuestas condiciones desde el arriba institucional con todo lo demás en dependencia.

A pesar de que se hable “de nueva estrategia”, de nueva no tiene nada ya, ha pasado una década y sus prolegómenos se hunden más en el tiempo, incluso puesto en práctica por Aralar desde su nacimiento. Que cada cual extraiga las conclusiones de los frutos recogidos.

Pero sobre todo lo importante ahora, y para eso han servido estos años también, es hablar de lo nuestro, del socialismo revolucionario abertzale & entorno, de nuestro propio fracaso no el de los demás. Que cada quien haga su balance, incluso con medias tintas y paños calientes, con medias verdades o hasta echando balones fuera. Fracasamos porque igual no estábamos diseñados para ganar, o porque operábamos sobre una deformación analítica, no por los otros ni por el enemigo.

La crítica para que sirva de algo debe de ser libre, sin encadenar ni limitar ni coaccionar, sin miedo, y a por todo; la única crítica verdadera, es la crítica total. Nada es sagrado, todo está sujeto a duda, todo debe de ser argumentado y sometido a verificación…. y esto cuesta mucho en términos personales o colectivos.

Llegados al 2018, y mucho antes también, se hace evidente que la clase trabajadora vasca necesita estrategia y medios nuevos para una vía de ruptura hacia la independencia y el socialismo y el movimiento popular vasco ha dado en estos años algunos ejemplos de como enfocar tal reto. El más reciente el Gaztetxe maravillas. Retomar el proceso de construcción nacional y social, ahora de forma mas sofisticada mediante el poder popular en ofensiva es una base fundamental, igual que retomar al pueblo trabajador vasco como eje y ariete de cualquier proceso como así nos están enseñando cada vez más proyectos de base y clase que nacen. Se nota, se siente que esta necesidad con el paso del tiempo ha crecido y pese a obvias dificultades su plasmación concreta se abrirá paso mas pronto que tarde desaprendiendo algunas cosas y aprendiendo alguna nueva. Quizás en algún otro enésimo desengaño con la burguesía vasca en el futuro otras voluntades puedan unirse a la tarea, tarea que no puede esperar.

 

(Borroka Garaia da!)

 

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Un comentario

  1. SALVADOR PUIG ANTICH -2.MARZO-1974

    Creo que Euskalherria está en un periodo de reflexión…….cruzando un desierto .
    Un poco ensimismada . Pero creo que pronto comenzara algo nuevo ,fruto de las cenizas
    del proceso anterior . Es un tiempo de espera .Que la juventud no deje de organizarse
    es fundamental ,junto con otros sectores sociales .

    Ahora mismo la partida la juegan la burguesía Vasca y la Española .
    Ellos mueven los hilos .
    Lo importante es ser conscientes de todo esto . Eso es empezar .-

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