Sippenhaft

A mi ama de jovencita la detuvo la guardia civil, para interrogarla sobre un supuesto militante de aquel primer Ekin. Pese a que se considera abertzale, mi ama nunca ha estado politizada de la misma manera que lo llegue a estar yo, o lo estaba amama, de ahí que nunca diera importancia a tal detención como si fuera parte de la “normalidad”. De ahí que cuando me empezaron a llegar cartas bastante antes de cumplir 18 y de las que no vienen perfumadas, empezaban las discusiones. Los argumentos y los dimes y diretes. Creo que esto es bastante común en casi todas las casas independientemente del grado de politización, pues el bienestar y la seguridad de los hijos e hijas es prioritario para toda madre o padre, y el “no te metas en líos”, “ten cuidado”, “a ver por donde andas” muy usual. Así que yo le recriminaba que a ella le detuvieron y a mi no. Hasta que me detuvieron, claro.

Ese día, incomunicado, esposado y con una escolta en hilera que parecía una línea cerrada de “la guerra de las banderas” me dirigían a casa para el registro bastantes policías, muchos de ellos encapuchados y mientras avanzaba por la acera y nos acercábamos al portal solo tenía una cosa en mente: Ama. Que era la persona que iba a estar sola en la casa. Yo me esperaba lo peor: lloros, peticiones de clemencia, que se viniera abajo totalmente, que me agarrara y no me soltara, que tuviera algún tipo de crisis, que sintiera terror ante un grupo de encapuchados armados. Todas esas cosas y muchas mas se me pasaron por la cabeza. Así que poco antes de entrar al portal no se ni cómo pero me salió del alma gritarle a los policías que no iba a subir ni dios encapuchado. Cosa que al final tampoco se cómo pero no hicieron.

Nada mas entrar, lo primero que apareció por el pasillo lentamente hizo poner el miedo en las caras de los policías. Venía a saludarme mi perra, grande y calcada a una loba. Conocida también por otro cuerpo policial que había preguntado por ella en un interrogatorio. Me reí por dentro mientras los policías reculaban preguntando por si mordía o que hiciera algo para que no atacase. En realidad pese a la apariencia era una de las perras mas cariñosas y mimosas que te pudieras encontrar y pronto lo descubrieron. Detrás de ella apareció mi ama. Nunca lo olvidaré. Seria, imperturbable, y puesta como un roble. Con esa mirada suya preciosa de azul del cantábrico llena de determinación que en su silencio lo decía todo. Una imagen de fortaleza impresionante. Yo sabía perfectamente lo que me estaba transmitiendo: Fuerza, pese a que por dentro iba toda la procesión. Mas tarde no pude verlo pero oí una voz que se dirigió a mi de otra persona que permitieron estar en el registro. La ama de un amigo mio y compañera de aquel militante de Ekin por el que décadas antes detuvieron a mi ama para interrogar. Y así va en círculos la historia de este país.

Han sido por millares los familiares que aun defendiendo o no defendiendo lo que haya o no que defender han estado ahí frente a toda la rueda represiva que lleva girando siglos y que aun no ha dejado de girar contra la disidencia vasca. Miente el que diga que ninguno ha sido consciente del dolor multilateral creado en este tiempo. Entre otras cosas porque no son pocas las personas que en este país no sabían (y aún muchas no saben) lo que podría pasarle al día siguiente a un familiar implicado tanto a un lado como al otro. Pero solo a un lado es al que se ha prohibido hasta despedir a los muertos, hasta recibir a los suyos. Solo a un lado se ha negado hasta el cariño.  Solo a un lado se han impuesto medidas de castigo contra familiares que no tienen en absoluto ninguna responsabilidad en nada. Solo a uno se ha aplicado la coacción y chantaje. Y precisamente, esos que lo han practicado y practican  son los que llevan chantajeando toda su historia para que se de la espalda a los allegados, para que se quiten sus fotos, para que se recriminen sus supuestas acciones,  y para que se acate un sistema que en su legalidad y en sus cloacas oprime al pueblo trabajador vasco.

Durante la edad media e incluso antes eran comunes los castigos a familiares de los reos, incluso en circunstancias concretas a comunidades o aldeas enteras por el supuesto delito cometido por alguno de sus miembros. Basado en ello, la legalidad nazi del fascismo alemán instituyó el Sippenhaft. Un elemento judicial que se estableció en el tercer reich según el cual un acusado de “crímenes” contra el Estado (los de carácter político) extendía automáticamente su responsabilidad penal en igual medida hacia sus parientes, de modo que tales familiares del acusado eran considerados igualmente culpables, y podían ser arrestados y en algunos casos también condenados y asesinados. Esa norma legal se instauró tras el atentado contra hitler el 20 de julio, a iniciativa del jefe máximo de las SS, invocando la tradición de los jefes de algunas tribus teutonas en la que “todo el clan del acusado era condenado a muerte” y alegando como justificación la “corrupción de la sangre“.

La dispersión carcelaria es una extensión de estas prácticas. Existen más. Lo que está claro es que intentar realizar en el contexto vasco lo que supuso la “reconciliación nacional” y “convivencia” en el estado español con la reforma franquista, supone dejar abiertas las posibilidades para que continué la rueda represiva porque legitima a la fuente de la represión que no es otra que la opresión instaurada. Por lo que no puede existir nunca paz sin justicia, que no significa otra cosa que la total asimilación en la injusticia. Lo que si pueden existir son dinámicas políticas que se meten a calzador en organismo ajenos con intereses electorales y partidistas.de direcciones políticas para la confluencia con el regionalismo de derecha (esos que son tan anti-fascistas en un universo paralelo), que tiene sus condiciones como la de quitar eso de político a preso o de que se vaya olvidando eso de los recibimientos y homenajes entre muchas otra cosas. Y sin contar con la opinión de los afectados si hace falta.

Un opresor no concede derechos. La libertad y la dignidad son derechos universales inherentes a la humanidad, y los deben disfrutar cada nación y todos los seres humanos. Euskal Herria  no será la excepción. Solo el fin de la ocupación y del ataque a la clase trabajadora vasca  puede poner las bases para una convivencia. Todo lo demás pax romana, o procesos de paz que también solo existen en ese otro universo paralelo.

 

(Borroka Garaia da!)

 

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Un comentario

  1. Artículo precioso.

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