Siete familias recuperan los restos de sus seres queridos tras la exhumación e identificación de 34 represaliados del franquismo

Dos días después de dar por terminada la Guerra Civil tras quedar «cautivo y desarmado el Ejército Rojo» empezaron los fusilamientos en el conocido como Paredón de España, un murete de la localidad de Paterna que permitía disparar sin riesgo de balas perdidas y donde fueron fusiladas 2.238 personas. Y de ahí, directos al Cementerio de Paterna, a 300 metros en línea recta, para amontonar sus cuerpos sin vida en fosas comunes que aún hoy respiran dolor y tristeza, rabia y lágrimas de quienes no olvidan. Imposible olvidar cuando una vida y las generaciones que la siguieron siguen buscando justicia y reparación. Muchos ni saben ni dónde están.

Ayer hubo más lágrimas en el Cementerio de Paterna. Ayer, siete familias pudieron llevar los restos de sus seres queridos a darles la sepultura que consideraron o la que dejaron escrita ya que muchos redactaron una carta de despedida cuando supieron su sentencia de muerte. Ayer, le tocó el turno a la fosa 22. Ochenta años después.

Era día de celebración y victoria. El día acompañó con un sol cálido. Las voces del coro de l’Eliana pusieron el hilo musical a un acto donde se respiraba emoción y dolor. Alegría y rabia. En la fosa número 22 se ubicó una saca de 39 personas, ejecutadas de manera sumaria el día 28 de julio de 1939 en el Paredón de España.

Ayer, 34 ataúdes pequeños guardaban los restos. «Individuo X» y en cada X un número. Todos ordenados en dos filas sobre unas mesas plegables decoradas con la bandera republicana. Sobre cada ataúd de madera, una rosa roja. Los familiares depositaron también algunas fotografías. En una de las esquinas se agrupaban los 7 ataúdes que sí portaban nombre propio, además de su pertinente número.

Y es que el equipo de ArqueoAntro –que sumó felicitaciones y agradecimientos– solo ha podido identificar a 7 personas. Las 27 restantes se trasladaron al columbario construido para que los restos reposen allí hasta que la ciencia y los avances en ADN permitan su identificación. Los familiares no piensan descansar hasta conseguirlo. La lucha sigue. Ese fue el primer mensaje de quien habló en nombre de todos, de quien condujo el acto con emoción contenida, de quien aglutinó y buscó a los familiares de la fosa donde también está su abuelo y de quien preside la asociación por la Memoria Histórica de Carlet: Amelia Hernández. Una mujer valiente que ayer fue la viva imagen de quien no olvida y persigue justicia.

La vida de muchos en una historia

Amelia Hernández personalizó en su historia la vida de muchos. Explicó cómo era su abuelo, cómo y porqué lo apresaron. Habló del dolor de su familia. Recordó a su padre y las canciones que entonaba en la cocina y que ayer interpretaron las voces del coro de l’Eliana. Desde «Para la libertad» de Joan Manuel Serrat hasta la «Bella ciao», himno de resistencia antifascista.

Habló de su abuela y de cómo le regaló una caja con las pertencias que llevaba su abuelo el día de su asesinato: una carta de despedida; una fotografía de su abuela; trozos de la ropa que vestía (uno d ela camisa, otro del pantalón de mecánico y otro del calzoncillo); un pañuelo con restos de sangre; y un mechón de pelo. Y una vez más, los familiares agradecieron a Leoncio Badía, el enterrador de Paterna, lo que hizo por ellos ya que ayudó a las familias a tener un último recuerdo de los fusilados y les detalló su ubicación exacta. «Gracias a su trabajo, la mayor parte de las familias hemos podido saber dónde están nuestros familiares. Mi abuelo no está identificado, pero sé que está ahí y no pararé hasta enterralo en Carlet, como era su deseo y el deseo de mi padre. Es mi deber», explicó Amelia en representación de muchos, d etodos. La hija de Leoncio, Maruja, recibió el cariño de los presentes.

El acto finalizó con la entrega de los restos identificados a su familiares. Dolor sin contención en personas muy mayores. Mujeres y hombres acompañados de los más jovenes de la familia. Lágrimas, besos a los féretros, abrazos de ánimo, caricias. Lirio y Hortensia recogieron los restos de su padre, Mariano Pinilla. Tenían 8 y 4 años cuando lo fusilaron. Paco Pinilla, nieto de Mariano, explica por qué hay que sacar los restos y dignificar su sepultura. «Cuando se abre la fosa y ves la crueldad y ese amasijo de huesos. Ahí es cuando comprendes que hay que sacarlos y dignificar su muerte», recalcó. Siete familias lo consiguieron ayer. Pero quedan miles. La lucha sigue.

 

 

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