¿Se acuerdan de Corcuera, el de la patada en la puerta?

El que fuera ministro del Interior con Felipe González en la época de los GAL, es entrevistado por elindependiente. Con sus respuestas constatamos lo que siempre se dijo la ideología del personaje. Recordemos que González llegó a la Moncloa en 1982 prometiendo «el cambio». Leyendo la entrevista de este individuo conocido como el de la patada en la puerta, la «ley Corcuera, y defensor acerrimo de los ex presos general de la Guardia Civil Enrique Rodríguez Galindo, del exministro José Barrionuevo y el ex secretario de Estado de Seguridad Rafael Vera.

Pregunta. -¿Cree que la oferta de nuevos Pactos de la Moncloa es sincera?

Respuesta. -Quiero pensar que es sincera, pero me asaltan tremendas dudas porque viene de quien no se ha distinguido jamás por alcanzar acuerdos. Viene de quien se hizo un hombre en política con aquel “no es no, ¿qué parte del no no entiende?”. Deseo fervorosamente que las fuerzas políticas puedan alcanzar un acuerdo para lo que todavía se avecina en España, que será peor de que lo que hoy tenemos, pero para que esos acuerdos fueran creíbles el presidente del Gobierno debería haber hecho un esquema del pacto que necesita España, y de eso no tenemos noticia. Sólo sabemos que tarda entre diez y doce días en llamar al jefe de la oposición. Ojalá me equivoque, pero tengo serias dudas.

P. -¿Es compatible ese pacto con un gobierno con Unidas Podemos?

R. -Viendo lo que dicen en Unidas Podemos es difícil pensar que eso pueda ocurrir. Lo último que le he oído a una insigne representante de Podemos, a Irene Montero, es que hace falta dar a la crisis una salida feminista y antifascista. ¿Con estos mimbres, cuántos cestos se hacen? El asturiano Luis Martínez Noval, compañero mío en el Gobierno y luego portavoz del Grupo Socialista, tiene una sucesora que se llama Adriana Lastra, la misma que la semana pasada nos deleitó con un intervención que pretendía propiciar los pactos, lo digo en broma. Pero comparados los dos, tenemos la ecuación resuelta. Fíjese con qué bueyes se araba entonces y con qué bueyes se ara ahora.

P. -Usted ha acusado a Pablo Iglesias de liberticida por apelar al artículo 128 de la constitución

R. El señor Iglesias llegó a al política poniendo de manifiesto su pretensión de asaltar los cielos, los Pactos de la Moncloa y, por tanto, la Constitución. El aval político que representa es ese enamoramiento incomprensible con el bolivarianismo de Maduro y Chávez, y todo el que discrepe con ellos es un fascista. Y ahora se erige en defensor de la Constitución.

P. -Ha dicho que la que se avecina es peor que lo que ya tenemos.

R. -La actitud del gobierno es siempre parapetarse tras los técnicos y entre ellos hay algunos que han tenido equivocaciones terribles, flagrantes. ¿Cómo puede estar en el gabinete de sabios quien dijo en febrero que había hechos aislados, que no había que ponerse mascarillas, que podían permitirse las concentraciones de marzo…?

P. -Habla de Fernando Simón.

R. -Por ejemplo, pero no sólo él. ¿Cómo es posible que otro que sale mucho en los medios, el señor Trilla, dijera en febrero que esto era un virus chino y se negara a contemplar la suspensión de MWC de Barcelona diciendo que no había casos en España? Incluso hizo bromas con percebes, como si fueran huéspedes del coronavirus. Sobre esos técnicos descansan las decisiones del Gobierno. Si fueran políticos los hubiéramos echado.

P. -¿Su pesimismo deriva más de las personas que asesoran al Gobierno o de las consecuencias económicas de este crisis?

R. -Mi pesimismo reside en la desconfianza, yo diría, congénita y absoluta, que tengo hacia el presidente el Gobierno. Y por mucho que se empeñen algunos, los españoles deben saber que no se pueden comparar los datos del coronavirus de España con los de Estados Unidos. Si Estados Unidos estuviera en la misma situación que está España, tendría 140.000 muertos. En sede parlamentaria dijo ademas que éramos los «números uno» según la universidad de Oxford y faltó a la verdad. ¿Cuesta algo ser un poco más humilde, menos arrogante, aceptar que en una situación como esta se pueden cometer errores, y, en cambio, salir a decir, como el ministro del Interior, que el Gobierno no tiene nada de qué arrepentirse? Oiga, si hasta Macron ha admitido que reaccionaron tarde, que se habían equivocado. ¡Qué arrogancia es esta!

P. -Ha citado al señor Grande-Marlaska. ¿Si usted hubiera sido ahora ministro del Interior, ¿qué hubiera hecho distinto?

R. -Si hubieran tratado al señor Grande-Marlaska como me trataron ustedes a mí, ya le habrían sacado a hostias los periodistas de este país.

P. -Habla de la llamada Ley Corcuera.

R. -Aquella ley sólo tuvo una palabra inconstitucional, «constancia por evidencia», mientras casi todos los medios de comunicación decían que tenía seis, ocho preceptos inconstitucionales. Lo que no puede hacer un ministro en estas circunstancias, con una altanería inconcebible, es decir que todo lo han hecho bien. Si es así, ¿cómo es posible que seamos el país del mundo con más muertos por millón de habitantes? Y en segundo luchar, si es imprescindible que todos nos pongamos al servicio de quien esté dirigiendo esta lucha, póngamelo fácil, no imposible, hable y discuta las cosas conmigo si estoy en la oposición; busque complicidades, sea humilde, no prepotente y, por cierto, hable menos. Abraham Lincoln hizo un discurso memorable con 272 palabras. Los mensajes de un líder tienen que ser convincentes y para serlo se lo tiene que creer él.

P. -¿Qué opina del paquete de medidas sociales puestas en marcha?

R. -Posponer el pago de algunos impuestos al mes que viene de los que no tienen ahora actividad y, por tanto, ingresos, es pan para hoy y hambre para mañana. No resuelve los problemas. Pero el que se establezca que nadie debe quedar a la intemperie como consecuencia de esta crisis y que se hable de un mínimo vital para poder subsistir me parece razonable. Pero eso es algo que técnicamente se tiene que hacer bien . El ministro de Seguridad Social lo tendrá que estudiar como es debido. Lo que es una indecencia es que nos enteremos de lo que cada cual defiende en un Consejo de Ministros. Cuando yo asistía, las deliberaciones eran secretas. ¿Cómo puede un miembro del gobierno a explicar su posición o la de grupo, para mandar un mensaje a los suyos? ¡Qué electoralismo es ese! En un tiempo como el que estamos viviendo, las respuestas del Consejo de Ministros deben ser unánimes, independientemente de lo que cada uno piense. Bromas de estas, ninguna. Si el presidente del Gobierno no es capaz de poner orden en este desorden, cómo lo va a ser de articular unos pactos que son imprescindibles.

P. -Porque hay una lucha por el relato y por rentabilizar las medidas

R. -Ahí está el problema. Si en el Consejo de Ministros ocurre eso es muy difícil que puedan llegar a acuerdos con distintos. Sean más empáticos con la gente que está sufriendo. Creen que el final de esto está cerca y no tienen ni idea. Si el final está muy lejos, habrá que perseverar durante mucho tiempo, tendremos que sacrificarnos durante mucho tiempo. Esto es una cosa de adultos, no de adolescentes.

P.– ¿Quiere decir que nos gobiernan adolescentes?

R.– Quiero decir que esta es una cosa de adultos. Si un adulto decide que el aislamiento vaya desacelerándose y que la gente empiece a trabajar, los partidos de la oposición y las comunidades no se pueden enterar al día siguiente. Eso no es de mayores. Lo mínimo es que un presidente del Gobierno comparta sus certezas, porque si no sólo crea confusión.

P.– El coronavirus ha acabado con las vidas de dos personalidades de la política como Enrique Múgica y Landelino Lavilla.

R. – Lo siento muchísimo por Enrique y por Landelino. Es un honor haberles conocido. He sentido muchísimo su muerte. Enrique se habrá encontrado con su hermano, asesinado por ETA, y se habrán dado un abrazo.

P.– ¿Qué hay que aprender de esta crisis?

R.– De esta crisis vamos a estar aprendiendo durante mucho tiempo. A una periodista de Fox la despidieron porque no se le ocurrió otra cosa que decir que esto del coronavirus era una gripe. Una de las cosas que debemos aprender es que excelsos comunicadores restaron toda importancia al contagio y que, desde su libertad, apoyan al Gobierno porque son progresistas, y lo que son es unos reaccionarios. Si en España se hiciera lo que la Fox ha hecho, ustedes se iban a quedar en cuadro. Esto no se arregla gesticulando, hay que ser equilibrados y no sectarios.

 

 

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