Se acaba el «Estado de Alarma» y continúa el estado alarmante

I

El gobierno ha decretado que se acabó el «estado de alarma» y que, a partir de ahora, entramos en una «nueva normalidad». Ojo y atención, no se refiere a que nos adentramos en el socialismo, ni en la república, ni en nada parecido, es una manera de titular que, tras la crisis denominada «Corona-19» (siempre hay alguna, hace unos años se llamó «lehman brothers»), lo que llega es un apriete de tuercas a los trabajadores para pagar la gigantesca deuda que se nos viene. Los Sánchez/Iglesias aparecen exigiendo que estemos encantados de haberlos conocido, porque con ellos y sus partidos en el ejecutivo, la vuelta de tuerca será -dicen sus acólitos- de tres cuartos y no de giro completo. El archiconocido menosmalismo como dique de contención social de la mano de la imprescindible «paz social» (de eso se encargarán CC.OO y UGT). Hay quien dibuja de un modo inefable y repetido a la resignación para combatir a la rebeldía, esparcen una especie de consuelo en forma de salario mínimo vital (lo que dure), con ERTEs (hasta diciembre), con ayudas a los comedores sociales (hay que estar prevenidos) y una tablet para que los alumn@s puedan seguir sus estudios, y luego acuden a las urnas a recoger los resultados del engaño y las dádivas. Nada nuevo.

II

En esa «nueva normalidad», es más que seguro que no se vaya a derogar la Ley 15/97 que el PSOE, el PP y sus palmeros de la derecha nacionalista catalana y vasca, aprobaron en su día para que hubiese «nuevas formas de gestión del Sistema Nacional de Salud» [enlace al boe]. El vaciamiento de la sanidad pública ha enseñado estos meses lo que significa en realidad, pero nadie desde el gobierno osó comentar siquiera que en la aprobación de esa Ley está la causa de tantas muertes. Hoy, día 20 de junio se les ha recordado en las calles.

III

Ese estado alarmante nos recuerda que el ciudadano Juan Carlos de Borbón no puede ser motivo ni siquiera de una investigación parlamentaria, pese a su amantes pagados del erario público, y sus cuentas en Suiza con dinero donado pero que jamás tributado a Hacienda. Faltaría más, que para eso su Majestad es intocable. Como lo es Felipe González, que ha provocado el apoyo inmediato de los prebostes del régimen -incluidos los que dicen no, luego sí y más luego no estamos seguros-, tras la desclasificación de documentos de la CIA, donde se le vincula (no es una novedad) al nacimiento y desarrollo de los GAL, esto es, terrorismo de estado.

IV

Un estado que mantiene -con total impunidad- presos políticos y un sistema represivo que cada día se agudiza más. Hay miedo a que el miedo cambie de bando, como se anunció en su día pero no se consiguió. De momento, lo padecemos en el campo popular, hay miedo a estar en el paro, a no tener cómo pagar la vivienda, a protestar con energía, a los contratos basura, ¿será por ello que nos quieren con tapabocas y distantes?

V

Lo cierto y también verdad es que nos adentramos en un escenario conocido por los trabajadores y las trabajadoras. Una crisis que debería servir para pasar por encima de tanto aguanta farolas, cuyo salario lo es por contener el descontento en las calles. Convertir el «estado alarmante» en estado de lucha es una necesidad. Va en ello la supervivencia.

 

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