EDITORIAL. «Resistiré»…. hasta que se pase a la ofensiva

Nadie imagina lo que podría ser este país bloqueado, como está Cuba desde hace décadas. La llamada por los técnicos en la materia «economía informal» (ingresos raquíticos sin contrato ni cotización a la Seguridad Social, esto es, millones de personas haciendo cosas de lo más diversas para ganar 15 euros y poder así ir al Súper o a la tienda de abajo que todavía  fía) ha quedado suspendida por el confinamiento y el hambre, y las necesidades mil enseñan su cara. Servicios sociales, organizaciones solidarias de diverso tipo (religiosas, políticas, vecinales…) coinciden en que están desbordados, en que cada semana se incorpora más gente a la lista que demanda alimentos, que la llegada de familias obreras es incesante.

Pero, ¿y esto no era el capitalismo UE del buen vivir, ejemplo e imán para el planeta todo? Han hecho falta unos pocos días para que un sector importante de la población se desmorone. Todo indica que esta realidad ha llegado para quedarse, que las colas donde se dan alimentos cada día serán mayores y que exige que grupos solidarios se organicen para dar comida caliente. Aquí, al lado, hay ya a las 7 de la mañana no menos de 250 personas con su bolsa esperando turno para que se le entregue arroz, pasta, tomate, harina, leche, 2 kg de patatas, aceite de maíz, 6 huevos y 4 yogures si tienen niños. La estrategia de la clase dominante es culpar de esta catástrofe a un virus, pero lo cierto es que se trata solo del empujón, ya estábamos en el umbral. Mientras, en televisión, los modelos sociales a imitar nos enseñan cómo están pasando el confinamiento en sus chalets con mucho verde y piscina. Eso sí, cantando el «Resistiré».

 

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