insurgente
  • Inicio
  • Estado Español
  • Insurgencias
  • Internacional
  • Artículos
  • Convocatorias
  • Editoriales
  • Publicaciones
  • Referencias y Referentes
  • Inicio
  • Estado Español
  • Insurgencias
  • Internacional
  • Artículos
  • Convocatorias
  • Editoriales
  • Publicaciones
  • Referencias y Referentes
No Result
View All Result
No Result
View All Result
Home Artículos

RAÚL TORRES. Defender la patria no es un eslogan, es la verdad más cruda y más hermosa que tenemos

Porque defender la patria no es un eslogan, mi hermano: es la única respuesta posible frente a quienes ansían ver correr la sangre de su propio pueblo. Y eso no es poesía barata. Eso es la verdad más cruda y más hermosa que tenemos.

in Artículos
RAÚL TORRES. Defender la patria no es un eslogan, es la verdad más cruda y más hermosa que tenemos

…asere, déjame explicarte… qué pena y qué vergüenza me dan esos pseudoartistas que sueñan con ver correr la sangre de su propio pueblo. Pero no cualquier sangre, no: la de los que sudan la camisa en un P8 a las seis de la mañana cuando van a sus pinchas, la de los que hacen cola bajo el sol pa’ llevarse un pedazo de pan a la casa.

La política de Estados Unidos con Cuba nunca fue ningún secreto, mi hermano: asfixiar, estrangular, forzar el derrumbe por hambre y desabastecimiento. Eso lo saben hasta los gatos del malecón. Pero lo que el trumpismo perfeccionó pa’ este 2026 es una maquinaria de exterminio lento que ya ni se esconde detrás de eufemismos. Bloqueo energético (apagones que te fríen la nevera y la paciencia), persecución a los médicos que andan salvando vidas por el mundo, amenazas de invasión que ya no son “declaraciones” sino casi una promesa. El objetivo es uno solo: que el cubano de a pie sangre, que se doblegue, que se ponga de rodillas y pida perdón por existir con dignidad.

En este escenario de sitio total, de cerco que te aprieta hasta el alma, hay tipos (sentaos en sus mansiones de Miami o en sus pisos de Madrid con su café de máquina) que no solo aplauden el cerrojo, sino que gritan como locos pa’ que venga la Marina yankee a poner botas sobre la tierra. Son los pseudoartistas del exilio dorado, los que convirtieron la nostalgia en negocio y la crítica al gobierno en una mercancía que venden al mejor postor. ¿Su postura política? Nah, eso ya no es política, mi socio. Eso es necrofilia. Ansían ver sangre, la de los suyos, como si esa fuera la única llave pa’ abrir la jaula de su propia rabia.

La tropa de la muerte artística

Hay una legión de cantantes, actores y productores musicales que se han vuelto la caja de resonancia más obscena del trumpismo más radical. No les basta con las sanciones económicas (que ya han matao, en silencio, a más cubanos que cualquier guerra, ojo, que eso no se ve en los noticieros). Ellos quieren más. Quieren botas machacando el asfalto de La Habana Vieja. Quieren el zumbido de los aviones, el humo, el pánico. Quieren invasión.

En cada mitin de “Latinos for Trump”, en cada programa de la televisión chiquitica del exilio, estos figuracones repiten como un mantra: “Hay que acabar con el régimen, como sea”. Y cuando dicen “como sea”, usted y yo sabemos lo que eso implica. Lo han dicho bajito en privado, lo han soltao en directo con una sonrisa: una intervención militar gringa, con tanques en la Calzada, con helicópteros sobrevolando Cerro y Diez de Octubre, con muertos civiles (“daños colaterales”, le llaman los manuales del Pentágono, como si la sangre tuviera apellido.

No hay una sola declaración de estos tipos condenando las amenazas de Trump de “borrar” a Irán, ni una palabra sobre los niños palestinos hechos pedazos con bombas fabricadas en Estados Unidos. La solidaridad de ellos es selectiva: solo pa’ los que piensan como ellos en su odio anticastrista. Aunque pa’ eso tengan que abrazar al mismo imperio que ha saqueado, invadido y bombardeao medio planeta. Como si el tío Sam fuera un santo de palo, coño.

Lo más repugnante no es que apoyen la política de máxima presión, que ya de por sí es criminal, eso no lo discute ni el más pintao, sino la alegría cochina con la que contemplan la posibilidad de una invasión directa. En sus redes, cuando un medio anuncia nuevos ejercicios militares de la OTAN en el Caribe, ellos responden con emojis de fuego y banderitas yanquis. Cuando algún halcón de la Casa Blanca suelta que “no se descarta ninguna opción”, ellos vitorean como si les hubieran sacado el disco nuevo.

Pa’ ellos, el pueblo cubano es un peón en su venganza personal contra la Revolución. Les importa un carajo que una invasión significaría miles de muertos, hospitales bombardeados (las salas de oncología, las maternidades), escuelas convertidas en escombros, familias rotas. Lo saben. Y aun así lo piden. Porque su odio de clase, su rencor fermentao durante décadas de exilio privilegiado, pesa más que cualquier atisbo de humanidad. Son los mismos que desde la distancia le llaman “dictadura” a un sistema que garantiza salud y educación gratis, con todas las limitaciones que tú quieras, pero gratis, mientras ellos viven en países donde una ambulancia te cuesta tres mil dólares y si no pagas te mueres en la acera. Son los mismos que se llenan la boca con “libertad de expresión” mientras aplauden a un presidente que encarcela periodistas y amenaza con “abrir fuego” contra los suyos.

No hay coherencia posible, mi hermano, en quien clama por una invasión militar de su propia tierra. Eso no es patriotismo, ni siquiera es disidencia. Eso es traición con armas del enemigo. Es sentarse en la primera fila del patíbulo y aplaudir mientras el verdugo afila el hacha. Y ellos lo saben. Porque estos pseudoartistas no sangrarán. Ellos no estarán en las trincheras. Ellos no enterrarán a sus hijos bajo los escombros. Su guerra es una guerra de butaca, de caviar, de exclusivas en la prensa de Miami. Mientras tanto, el pueblo cubano, el mismo pueblo del que ellos dicen defender la libertad, sería el que pagaría con su vida la factura de su delirio.

Lo han demostrado una y otra vez. Cuando Trump amenazó con “cerrar del todo” el comercio con Cuba, ellos aplaudieron. Cuando se prohibió el envío de remesas, la ayudita que manda la familia desde afuera pa’ comprar un pollo, ellos aplaudieron. Cuando se endureció la lista de sanciones contra la cooperación médica cubana, esa que ha salvao millones de vidas en Haití, en Venezuela, en África, donde no va nadie, ellos aplaudieron. Y ahora, cuando la retórica belicista alcanza su punto más alto y se habla abiertamente de una invasión “quirúrgica” (como si la cirugía no doliera, como si no dejara cicatrices), ellos vuelven a aplaudir. Porque la sangre del pueblo cubano, piensan, es un precio pequeño a cambio de ver derrumbarse lo que ellos no pudieron derrotar nunca en las urnas ni en la conciencia del pueblo.

La historia será implacable con estos personajes, te lo digo yo. Va a quedar escrito y no en piedra, sino en el corazón de los que resisten, que, mientras un imperio preparaba su asalto final contra una isla que solo ha defendido su derecho a existir con dignidad, hubo quienes nacieron en esa misma isla y prefirieron ponerse la camiseta del invasor. No por convicción democrática, esa que no resiste el más mínimo escrutinio, sino por odio de clase, por negocio, por el afán de sentirse importantes en la corte del verdugo.

El pueblo cubano, asere, el mismo que resistió el Período Especial cuando no había na’ de na’ y la gente comía agua con azúcar, el que plantó cara a decenas de atentados, el que sigue construyendo escuelas mientras el bloqueo impide hasta la llegada de medicinas para los niños con cáncer… ese pueblo no necesita lecciones de libertad de quienes sueñan con verlo sangrar. Necesita solidaridad, no invasión. Necesita respeto, no bombas. Necesita verdad, no el espectáculo macabro de pseudoartistas que confunden la crítica con el deseo de exterminio.

Y mientras ellos sigan aplaudiendo desde Miami con su copa de vino y su aire acondicionao, aquí en Cuba ya hay quien ha dicho lo que hará si las tropas extranjeras pisan su tierra. No con discursos bonitos, no con canciones pagadas por la derecha gringa. Con un fusil en la mano, sí, pero también con la ternura del que defiende a los suyos. Porque defender la patria no es un eslogan, mi hermano: es la única respuesta posible frente a quienes ansían ver correr la sangre de su propio pueblo. Y eso no es poesía barata. Eso es la verdad más cruda y más hermosa que tenemos.

A estos tipejos, nunca los quise, del nivel artístico como tal, hablamos otro día… Pero hablaremos!!

(Del muro de Facebook de Raulito Torres)

ShareTweetShare

Nuestro Boletín

  • Inicio
  • Estado Español
  • Insurgencias
  • Internacional
  • Artículos
  • Convocatorias
  • Editoriales
  • Publicaciones
  • Referencias y Referentes

No Result
View All Result
  • Inicio
  • Estado Español
  • Insurgencias
  • Internacional
  • Artículos
  • Convocatorias
  • Editoriales
  • Publicaciones
  • Referencias y Referentes