Que la burguesía no vaya a tener un impuesto para paliar la crisis, destroza lo poco que quedaba del «Sí se puede»

EDITORIAL.

Hay noticias que, por su contundencia, escenifican el estado de las cosas. Que en el capitalismo mandan los ricos, usando para ello también su aparato propagandístico con forma de «medios de comunicación», es tan, pero tan evidente, que es normal que haya quien no quiera verlo. El PSOE, como partido socialdemócrata y columna vertebral del régimen, ha salido con urgencia a impedir que los ricos tuvieran un impuesto destinado a combatir las secuelas económicas que deja la Covid-19. Temen que haya una huida de capitales y un bloqueo económico. Pero, ¿entonces dónde está la tan cacareada «democracia»? ¿quién de verdad manda y tiene desde el poder real a los gobiernos atados? ¿dónde está el «sí se puede» que llenó de ilusión las calles y plazas? El capitalismo y su clase dominante pone las reglas del juego, convirtiendo al resto de actores de la farsa en eso, meros charlatanes o peor, encubridores y justificadores del sistema. Descubrir que no se puede, quizás sea causa de depresión, pero mantener un sueño eterno sin saber que las cartas están marcadas por el enemigo de clase, es más que una insensatez.

La prensa creada por ellos festeja en estas horas que los ricos no tengan que soltar un solo euro, que es una manera dialéctica de decir que la nueva crisis la paguen los de siempre: los trabajadores. Es evidente que habrá recortes de toda índole para que los ricos no paguen más impuestos, y el asunto es sencillo, o pagan unos u otros, no hay misterio. La capacidad de aguante de la población parece también enorme, pero por si acaso la Guardia Civil cobra en unos días los «atrasos de productividad».

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